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Acusados eligieron el silencio

INICIO EL JUICIO POR EL ASESINATO DE FELISA ACEVEDO

El juicio oral contra Pablo Daniel O’Lery y Melody Cecilia Martines por el crimen de Felisa Acevedo, ocurrido el 31 de octubre de 2018 en Santa Rosa, comenzó este lunes y ambos eligieron el silencio en la primera audiencia. Están acusados del delito de homicidio criminis causa, en concurso real con robo, porque, de acuerdo a la fiscalía, ocasionaron la muerte de la mujer de 86 años para facilitarse el robo de dinero y alhajas y para que la víctima, que conocía a Martines, no pudiera identificarla.
El hecho se produjo en el departamento de la damnificada, en el barrio Calfucurá. Hasta allí llegaron los imputados en una Ford F-100. Primero ingresó Martines, ya que había convenido con Acevedo efectuar tareas de limpieza. Una vez adentro, Martines permitió el acceso a O’Lery a través de una puerta lateral.
Luego ambos agredieron brutalmente a la víctima, al pegarle -al menos cuatro veces- con una barreta de hierro en la cabeza. Después revisaron la vivienda y se llevaron dinero y alhajas. Acevedo quedó tendida en el piso y fue hallada por una nieta dos días después, el viernes 2 de noviembre a la noche. La víctima fue trasladada al hospital Molas, donde falleció el 21 de ese mes a raíz de las heridas padecidas.

«El móvil, el dinero».
En el alegato de apertura, el fiscal Facundo Bon Dergham, afirmó que «el móvil fue el dinero» y que mataron a Acevedo «para conseguir impunidad». Indicó que existía «una relación efímera, pero preexistente» entre la víctima y Martines y que por ello podría reconocerla. Agregó que hubo «una división de tareas» entre los acusados y calificó la investigación como «difícil» porque, entre otros motivos, se tardó cuatro días en detener a los acusados y en ese lapso «ocultaron evidencias y presionaron a testigos».
Alberto Acosta, patrocinante de la querellante Nilda Susana Redondo -hija de la víctima- adhirió al alegato del Ministerio Público Fiscal. Calificó a Acevedo como «una mujer digna», habló de un hecho «atroz e injusto», pidió «honrar su memoria» y pidió «verdad y justicia» para la familia.
Por su parte, Gastón Gómez, defensor particular de Martines, admitió que aquel día la imputada estuvo en la casa de Acevedo, pero no en la franja horaria en que -de acuerdo a la fiscalía- se produjo la agresión. Refutó a Bon Dergham acerca de que toda la prueba siempre estuvo a disposición de las partes. También adujo que él no pudo precisar la hora del hecho y «tampoco sabemos que pasó en las 48 horas» que pasaron entre el miércoles 31 y el viernes 2.
Gómez aseguró que «se manipularon pruebas y testimonios» y que «muchas de las cosas que se dijeron no son ciertas, por lo que eventualmente podría haber nulidades que harían caer la causa». En tal sentido, cuestionó a la Policía y al Ministerio Público Fiscal (MPF) al expresar que el testigo (Franco Nicolás) Ríos declaró «mientras estaba detenido» y que otro testigo (Juan ‘Toto’ Gómez) fue «detenido e imputado» un día después que se requiriera su declaración testimonial. Además aseveró que la acusación tiene «lagunas y agujeros».
La defensora oficial Silvina Blanco Gómez manifestó que O’Lery no robó ni mató, y que «si está involucrado en la causa es porque existió hostigamiento y persecución policial hacia él, antes y después del hecho». También sostuvo que la acusación fiscal contiene «incongruencias» porque el MPF «ahora habló de alhajas y no de sumas; y antes habló de 20 mil pesos y no mencionó las alhajas».

Testimonios.
Jimena Valeria Cabello, nieta de Acevedo, fue quien llegó ese viernes al departamento de su abuela. «Eran las 21.30. Lo primero que me llamó la atención fue ver la luz prendida de un cuarto donde guardaba la ropa porque siempre estaba apagada. También que no hubiera papelitos en los ojos de la cerradura ni en el buzón de las cartas porque ella muy desconfiada, a tal punto que nadie en la familia tenía llaves de su casa. Además tenía alarma. Mirando por la mirilla del buzón de la puerta alcancé a ver la mitad de su cuerpo y observé que respiraba por el movimiento del estómago; así que llamé a mi mamá y a la policía».
La principal sorpresa de Cabello fue cuando vio que un policía abrió una puerta lateral que estaba sin llave, pues a ella -a sabiendas de lo cuidadosa que era su abuela con la seguridad- ni siquiera se le había ocurrido intentarlo.
La hija de la víctima, Nilda Redondo, contó que -antes del viernes a la noche- pasó dos veces por el departamento, tocó timbre y no encontró a su madre. Volvió al lugar cuando su hija la llamó por teléfono. «La policía me preguntó si mi mamá era una persona desordenada y le dije que no; y si tenía una barreta en la casa, y también le dije que no», indicó. Y agregó que «solo escuché que gritó cuando la subieron a la camilla, porque luego me dijeron que me quedara allí y fue mi hija quien la acompañó al hospital». Finalmente relató que tiempo después del hecho encontró una suma importante de dinero en un placard, algo que ella desconocía, y que se lo contó «hace poco» a la fiscalía.

El silencio.
Ni O´Lery ni Martines declararon cuando el juez Andrés Olié, les preguntó si querían hacerlo. Ambos se limitaron a responder solo preguntas sobre sus datos personales. El hombre dijo que no hablaría «en este momento» y la mujer se limitó a afirmar que «no golpeé ni le robé a la señora Acevedo». El tribunal lo completan los jueces Daniel Sáez Zamora y Gastón Boulenaz.

«Cajones abiertos y revueltos»
El juicio tuvo los testimonios de varios efectivos que estuvieron presentes el día en que se encontró a la víctima -Felisa Acevedo- agonizando en el suelo de su casa. El cabo Cristian Ricardo Gramajo fue quien abrió la puerta lateral que estaba sin llave, Entró al departamento y asistió a Acevedo. «Me pidió ayuda, aunque no se entendía lo que decía. Tenía el rostro hinchado y muy golpeado, y la sangre estaba coagulada, se la veía bastante seca».
¿El lugar? «Había cajones abiertos; estaba todo desordenado», indicó Gramajo, mientras que Gabriel Emilio Gallego, oficial de policía, dijo que hallaron la barreta de hierro en el pasillo que unía la cocina con el comedor y que «creo que en la cartera de la abuela se encontraron 12.000 pesos».
Cristian Sebastián Bernon es subcomisario y se desempeña en la Agencia de Investigación Científica. Encabezó el equipo pericial y supervisó el relevamiento que se hizo del lugar. Indicó que se levantaron rastros genéticos, manchas de sangre y huellas de calzado. «Hallamos cuatro patrones de manchas de sangre que estaban secas», detalló.
«El desorden mayor se vio en la habitación principal, donde había cajones abiertos y cosas revueltas», añadió e indicó que los golpes a la víctima se iniciaron en el comedor y concluyeron en la cocina. Además dijo que debajo de unas ropas ubicaron un sobre con 10.000 pesos («a simple vista no se vio») y estimaron que el ataque contra Acevedo se produjo el viernes 31 porque «el diario de ese día había sido levantado, pero no los del jueves y viernes que habían sido dejados a través del buzón».
Con respecto a la cantidad de victimarios, Bernon respondió que «pensamos que pudieron ser dos personas, pero no podemos afirmar categóricamente si fueron una o dos. Por eso tampoco descartamos que una sola persona haya realizado múltiples acciones violentas».
En ese momento, cuando se exhibieron fotos de la víctima en una pantalla, tanto O’Lery como Martines las miraron. El imputado meneó levemente la cabeza, suspiró y se pasó una mano por el rostro. La imputada observó fijamente y su cara pareció mostrar que se sintió impresionada.
A posteriori testificó Roberto Carlos García, otro oficial de policía que trabaja en la AIC. Habló de un plan de robo. Especificó que vieron «cajones y modulares abiertos», «carteras y monederos revisados y vacíos, sin documentación ni dinero, arrojados sobre la cama» y «cajas tiradas». Ratificó que dentro de otra cartera, oculta entre prendas de vestir, había una tarjeta de débito y 10.000 pesos.