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Asfalto con adoquines

Con el anuncio conjunto del gobernador de la provincia, Sergio Ziliotto y el intendente municipal, Luciano di Nápoli, del asfaltado de 140 calles céntricas, aún antes de iniciar las tareas definitivas de saneamiento que implicarán futuras roturas, la polémica sobre si se justifica o no esa inversión quedó instalada.
El día del anuncio se dijo que el deterioro del asfalto amerita que se lo solucione porque es la calidad de vida de los santarroseños (y los pampeanos que a diario recorren las calles de su capital). Esperar a que la obra de saneamiento definitiva consiga financiación y dé inicio puede demorar, como ha demorado, décadas.
El problema no es nuevo en Santa Rosa. Las obras de asfalto aún antes de que se instalaran debajo los servicios de agua potable y cloacas motivaron hace un par de décadas un debate en el Concejo Deliberante que llevó a la sanción de la ordenanza que prohibía esa práctica. No podía haber asfalto si antes no se instalaban los servicios esenciales que corren por debajo de la calle.
Fue una medida que respetaba la racionalidad del gasto público y la eficiencia de la gestión aunque olvidaba que, no pocas veces, de esta forma se le duplican los padecimientos a los vecinos que deben sufrir, además de la ausencia de los servicios, la ausencia de pavimento en las calles con las incomodidades para los conductores y, más aún, para el servicio de transporte colectivo.
El problema parece, planteado así, insoluble. Pero lo cierto es que en algunos municipios del país se ha intentado con éxito una forma de solución mixta que permite pavimentar las calles minimizando el gasto de apertura de zanjas en cuando se deba tender o reparar los conductos cloacales o de agua potable que pasan por su centro.
La solución es sencilla: se pavimenta con asfalto toda la calle menos el centro en una franja de aproximadamente un metro que se adoquina. Esa fue la solución que se adoptó en la ciudad de Malargüe que, pese a su importancia poblacional y económica, no cuenta actualmente con un servicio de cloacas por la falta de una planta de tratamiento.
Por esta razón, los munícipes, ante la inminencia de la puesta en marcha de un plan de obras que incluye esa planta y una ampliación de la red actual (que solo alcanza al 30% de la población) , han adoptado esta solución para los nuevos pavimentos.
El adoquinado central de las calles, del tipo intertrabado, permite una superficie apta para la rodadura de los vehículos pero, a diferencia del asfalto, su remoción para el tendido de caños o la reparación de roturas solo requiere retirar los adoquines, que no están pegados sino apoyados sobre un suelo de arena compactado y trabados entre sí.
En Santa Rosa, el método ha interesado a concejales del oficialismo que están estudiando esta opción para, imitando la previsión malargüina, pavimentar con asfalto las calles y dejar el centro con adoquines. El debate está abierto.