domingo, 19 septiembre 2021
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Alexi es de Senegal y se siente pampeano

¿Es la santarroseña una sociedad que discrimina? Algunas realidades estarían dando cuenta que si alguna vez lo fue, algo ha cambiado. Los senegaleses son aceptados como vecinos habituales de la ciudad.

MARIO VEGA

Aparecieron alguna vez como una «rara avis» en la postal cotidiana de la ciudad. Hace varios años su presencia no pasa inadvertida, aunque ya son asumidos como vecinos habituales de Santa Rosa. Algunos andan por aquí desde décadas, y tienen amigos y gente que pasa cotidianamente por sus puestos callejeros y los saluda con afecto, y son muchos también los que compran sus productos. Anteojos, relojes, gorros y bijouterie en general.
Es verdad que no todos los miran con buenos ojos, porque los comerciantes de la zona -sobre todo los que se dedican a vender los mismos o parecidos productos- reclaman por lo que consideran es una competencia desleal. Por eso los muchachos morenos procedentes de Senegal han enfrentado más de un problema, y hasta se recuerda algún operativo llevado adelante por una de las últimas administraciones municipales -¿la de Leandro Altolaguirre?- que llegó acompañada incluso de la presencia policial. Esa vez hasta hubo vecinos que se pusieron del lado de los muchachos llegados desde África. Finalmente no pasó mucho… eso sí se avanzó con que tenían que cumplir algunas disposiciones, como estar ubicados en determinados lugares, y se los instó a que -como hacen otros comerciantes- alquilen su propio local para ofrecer su mercancía.

El comerciante.

Fue lo que hizo precisamente Alexi Diop (35), el joven africano que tiene un comercio en pleno centro de la ciudad. Fue uno de los que -ante la disposición del municipio que atacó la presencia en las calles de vendedores ambulantes-, decidió rentar el local que está ubicado al lado de La Recova, sobre calle Yrigoyen a metros de Avellaneda.
El muchacho hace un horario de comercio y departe todo el tiempo, tanto con los trabajadores de otros negocios cercanos, como con el vendedor ambulante que está ubicado frente mismo a su local. Y con todas las personas que en cantidad lo saludan mientras pasan por el lugar.

El pequeño Amadú.

Días atrás, sentado a la mesa de una céntrica confitería, Alexi estaba charlando con algunos otros de sus compatriotas -que también atienden sus puestos callejeros por allí-, pero tenía junto a él, además, un atractivo especial que se robaba la atención de los presentes. Amadú tiene solamente 6 meses de vida, y es hijo de su relación con Erica. El niño es inquieto, se mueve todo el tiempo y demanda la atención de los tres morenos grandulones a los que entretiene con sus gracias…

Hasta cuatro mujeres.

En un momento dado se entabla una conversación y Alexi cuenta cómo es la vida en su país. Bien distinta en costumbres a lo que estamos acostumbrados.
¿Es verdad que allá tienen autorizado más de una mujer?, le preguntamos. Y él contesta que es lo que permite la ley, que no es otra que la del Islam. «Sí, el hombre puede tener hasta cuatro mujeres», expresa, mientras agrega -ante mi interrogante- que no tiene inconvenientes de acceder a una nota para hablar sobre de qué forma se fue adaptando a lo nuestro. «Es que soy argentino», indica. Y agrega enseguida: «Sí, tengo la ciudadanía argentina, pero soy bien pampeano», dice con esa sonrisa de marfil que le ilumina el rostro.

«Destino de Dios».

Alexi es simpático, le gusta hablar y dice no tener nada que ocultar… porque cabe decir que no todos los muchachos de Senegal que andan por aquí se prestan para una foto o una nota periodística. «Yo no tengo problemas…», aclara por si hiciera falta. Y cuenta que salió de su país cuando apenas era un adolescente… «Tenía 14 ó 15 años cuando empecé a viajar, porque a nosotros eso nos gusta mucho. Conozco casi toda Europa, España, Portugal y otros países; y aquí en Sudamérica, Brasil, Chile y Argentina»… Antes de vivir en Santa Rosa estuvo un tiempo en Buenos Aires, al principio en Sarmiento y Pasteur (zona de Congreso), y posteriormente se fue a Fuerte Apache: «La verdad es que se habla mucho, pero ahí nunca tuve un problema, y tenía muchos amigos. Después vine a La Pampa», agrega. «¿Por qué? Es destino de Dios», afirma y lo deja ahí. Como señalando que nada hay que discutir o decir sobre ese tema.

La vida en Senegal.

Si nos preguntaran rápidamente algo sobre Senegal diríamos que es un país cuya capital es Dakar, sobre todo porque tenemos bien presente el rally que la unía con París. Más difícil de identificar sería si mencionáramos a Mékhé, una ciudad mucho más pequeña situada a unos 100 kilómetros de la capital del país. Allí nació y vivió -y vuelve recurrentemente- Alexi. «Es un lugar muy lindo, y mi familia tiene una casa frente al mar. Salís y te encontrás con la playa», reseña sobre lo que pinta como un escenario paradisíaco.
No faltará el que se pregunte por qué alguien que nació en un lugar así podría irse un día para radicarse en un lejano territorio como sería Santa Rosa, provincia de La Pampa… en la Argentina. Será un espíritu andariego, tal vez las ganas de vivir una aventura, o conocer nuevos lugares y costumbres… O simplemente será «destino de Dios», como afirma nuestro protagonista.

Una casa frente al mar.

«No es verdad que nos vinimos para este lado porque en mi país hay miseria… hay pobres como en todos lados, pero nosotros vivíamos bien. Mi padre y mi madre se dedican al comercio, y vivimos en una casa muy grande frente al mar», explica.
Al ingresar a conocer datos de Senegal se advierte que el índice de Desarrollo Humano arroja que -pese a haber mejorado en los últimos años- ocupa el lugar 164 de 189; y que al menos cuatro de diez habitantes viven bajo el umbral de la pobreza. Lamentablemente eso ya no resulta tan asombroso para nosotros -pese a que estamos bastante más adelante, lugar 47, en la misma medición-, porque aquí la pobreza incluye a más del 40% de nuestra población.
Así las cosas nuestro amigo insiste en que «las cosas van mejorando» en su país, mientras razona que «pobres hay en todo el mundo». Eso sí, se puede decir que Senegal -tiene un gobierno de carácter semipresidencialista- muestra estabilidad política: nunca se produjo un golpe de Estado, aunque sí se ha visto afectado por un conflicto armado de corte independentista al sur de la región, si bien ahora hay un alto el fuego y las hostilidades desaparecieron.

«Mi padre tiene dos esposas».

Y Alexi acepta contar sobre su familia: «Mi padre, como dije es comerciante, y mi madre también, y somos cinco hermanos… algunos quedaron allá, y hay uno en Estados Unidos y otro en Canadá… Sí, mi padre tiene dos mujeres», revela sobre lo que verdaderamente resulta sorprendente para nuestra cultura. ¿Y la otra mujer también vive en la misma casa?, me gana la curiosidad y le pregunto: «Claro… es una casa grande y vivimos todos allí. Nosotros somos cinco hermanos, y tengo otros cinco de parte de mi padre. Son nuestras costumbres y es legal de acuerdo al Islam, que dice que se pueden tener hasta cuatro mujeres», justifica.
Aún en estos tiempos en que se aceptan nuevos tipo de relaciones a nosotros -creo, y no sé si todos piensan parecido a mí, en realidad- nos resulta por lo menos extraño. Ni siquiera tendría que ver con los que hoy en día hablan de poliamor.

La mujer no.
Porque si bien el hombre en Senegal puede tener hasta cuatro esposas, no existe posibilidad alguna que la mujer pueda disponer de una posibilidad semejante, lo que marca una desigualdad que por estas tierras resulta absolutamente inaceptable.
Le pregunto por eso a Alexi y se ataja… «No… yo no tengo cuatro mujeres. Sé que aquí las costumbres son otras, y uno debe respetarlas», completa. Eso sí, confiesa que, además del pequeño Amadú, tiene otros dos hijos de 4 y 13 años, uno que vive en Mékhé y el otro en Italia. «Sí, claro que los veo siempre, porque viajo mucho. Estoy yendo y viniendo todo el tiempo», completa.

La vestimenta.

Comúnmente viste con ropas que podríamos llamar occidentales, pero los viernes se produce de una manera especial. La vestimenta en Senegal es de gran importancia, especialmente para las mujeres. Los trajes típicos senegaleses son los «bubús», que usan tanto hombres como mujeres, y se extiende al resto de África. Nuestro amigo, como casi todos ellos, no deja de lucir gruesos anillos y pulseras «de plata pura… Nos gusta mucho eso», reafirma.
En su comercio Alexi toma mate, habla con los «vecinos», e irradia una enorme simpatía… «Nosotros somos gente educada, amable y hospitalaria. Si tú viajas a Senegal, y vas a mi pueblo nosotros te atendemos y no tenés que pagar absolutamente nada… así somos», señala sin poder disimular cierto orgullo.

El tiempo libre.

Alexi cuenta que le gustan las artes marciales, «el kick boxing sobre todo, pero también el fútbol. Juego con mis amigos y nos divertimos… y ¡soy de River¡ ¡Lo más grande que hay, papá!», manifiesta con un tono casi aporteñado en la expresión.
Explica que adoptó la costumbre de tomar mate como cualquier criollo… «Sí, todo amargo y todo el día estoy con el mate. Además, esto no lo saben, soy muy bueno haciendo asados», alardea.
En su país no es precisamente una comida habitual, porque las tradiciones sugieren arroz y mucho pescado… «Me gusta el pescado, y como. Pero el asado es lo más… aunque hay que saber hacerlo: es importante el fuego, poner la carne para que el hueso se caliente y recién después darlo vuelta», explica como un experto.

Un pampeano más.

Se lo ve siempre sonriente y feliz… y no lo disimula. «Sí, es que estoy muy bien aquí. En algún momento, cuando se pueda viajar voy a ir algunos días a mi país, a visitar a mi familia. Porque me gusta andar, conocer… a veces cuando alguna gente habla lo hace sin conocer. Yo vine aquí porque es mi forma de vivir, y aquí me aceptaron de la mejor manera. Te contaba que tengo la carta de ciudadanía argentina, pero además me siento pampeano. Es lo que siento…», completa.
Nos preguntábamos al principio si la nuestra es una sociedad discriminadora, y es probable que lo sea en algunos aspectos. Pero Alexi puede dar fe que nunca la sintió viviendo entre nosotros… Y eso justifica, tal vez, eso de «soy un pampeano más…».

«A nosotros no nos trajo ninguna organización».

Siempre se ha comentado -en general sin precisiones- que los morenos africanos procedentes de Senegal, que se ven en casi todas las provincias, cuentan con alguna protección diplomática, o que existe alguna organización que los trajo a la Argentina y hasta que los manejaría en eso de la venta de determinada mercancía.
Por primera vez Alexi se pone serio para negarlo rotundamente: «Eso no es así… ninguna organización ni nada. Y tampoco me vine porque en Senegal haya mucha pobreza como creen algunos. Yo vivía muy bien en mi ciudad, pero siempre me gustó esto de andar, de conocer nuevos países y costumbres… Nada me obligó a dejar el mío», asegura.
Senegal es una nación que cuenta con unos 17 millones de habitantes, y es verdad que buena parte de la población -más de 600 mil, sostienen- están radicados en distintas partes del mundo, y muchos diseminados en Europa.

El Islam.

Aunque son «educados y respetuosos», tienen el Islam como la religión que practica más del 90% de los senegaleses, y que criticamos acerbamente en los países occidentales. Porque por más que se asevere que algo está cambiando, continúa siendo un país firmemente anclado en sus tradiciones y la mujer debe seguir obedeciendo al hombre.
Algunas leyes van pretendiendo una paridad que aún aparece lejana en el horizonte, porque si bien proponen modificaciones existe todavía gran preponderancia de lo masculino. Se sabe también que la práctica de la homosexualidad está penada con la cárcel, y es una rémora que para nuestras creencias es totalmente inaceptable.
Alexi señala que él se ha adecuado a nuestras costumbres… «Son otras, y quien viene de afuera las tiene que respetar», afirma.