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Amor incondicional y para siempre

Han pasado los 90 años y hace 68 que están juntos. Quizás una experiencia como otras, pero que en tiempos de tanta liviandad tal vez valga la pena reflejar: Juan Carlos y María, una historia de amor.

El último viernes 14 de febrero se celebró San Valentín, una fecha que en buena parte del mundo (la Argentina entre otros) se ha adoptado para festejar el Día de los Enamorados.

Un momento en el que muchos agasajan a sus parejas de una manera especial, y que otros transitan sin demasiados cambios. Como un día más. Están los que propician una cena íntima, los que regalan algo; y los que directamente lo ignoran.

Pero, eso sí, en los medios de comunicación ese día suele ser motivo de notas y comentarios. Los programas televisivos, los radiales, y el periodismo en general -tal vez con una cierta carga de frivolidad- se refieren al tema.

Día de los enamorados

El Día de San Valentín, el Día de los Enamorados, se celebra todos los 14 de febrero. Dicen los que dicen saber que se remonta a la época del Imperio Romano, aunque se reconoce como el momento de su comercialización -tal como lo conocemos- la llegada del Siglo XX.

Están los que creen que es una fiesta cristianizada del paganismo, ya que en la antigua Roma se realizaba la adoración al dios del amor, cuyo nombre griego era Eros y a quien los romanos llamaban Cupido. En esta celebración se pedían favores al dios y se brindaban regalos u ofrendas para conseguir así encontrar al enamorado ideal.

Por qué San Valentín

Otra versión da cuenta que en la Roma del Siglo III -cuando se perseguía al cristianismo- se prohibía el matrimonio de los soldados, porque se creía que los hombres solteros rendían más en el campo de batalla, al no estar emocionalmente comprometidos. En esas circunstancias es que aparece San Valentín -por entonces sacerdote-, quien considerando la medida injusta celebraba matrimonios en secreto.

Después, ya se sabe… todo es propicio para ser comercializado. Obviamente cuando se señala esto se hace referencia a la fecha, y no a los sentimientos. Claro está.

Una tierna escena

El reciente viernes 14 de febrero, uno de los fotógrafos de este diario advirtió una escena que lo conmovió. Era la tardecita, cuando el sol empieza a caer, y en una vereda de Avenida Uruguay -donde se corta la calle González- los vio; regresó y habló con el hombre que tomaba amorosamente de la mano a la mujer: «¿Puedo hacerles una foto?», pidió respetuosamente. El señor, longevo, serio, algo sorprendido preguntó por qué… «Por nada en especial… me dio mucha ternura verlos. Así…», confesó Rodrigo Pérez, fotógrafo de este diario.

Vega, el viejo ciclista

Juan Carlos Vega (91) fue un reconocido ciclista santarroseño, campeón pampeano en los años ’60 y ’70… No deben ser pocos los que todavía lo recuerdan cuando hasta no hace tanto -cuando pisaba los 80- salía todos los días con su bicicleta, religiosamente, para dar cuatro o cinco vueltas a la laguna Don Tomás.

«Aún hoy se sube a la bicicleta fija y pedalea un buen rato», cuenta uno de sus nietos.
El cuerpo enjuto, el rostro serio, el bigote tenue, el cabello entrecano peinado hacia atrás, y el gesto manso y reservado que siempre lo caracterizó. Juan Carlos Vega ha sido esencialmente un hombre bueno, y así se lo reconocieron cuando hace un par de años hubo quienes organizaron una prueba ciclística que llevó su nombre.

¡68 años de casados!

En sus años mozos imprentero, después dueño del «Kiosco Vega», en el frente de lo que ha sido su casa, Juan Carlos está casado hace 68 años -¡nada menos!- con María Catalina Riesco (90), su compañera de toda la vida. Son los padres de otro Juan Carlos Vega, quien era muy conocido periodista deportivo que falleció imprevistamente en 2007; los abuelos de un tercer Juan Carlos Vega, que no es otro que uno de los conductores de Noticiero 3 en el canal oficial, y del programa «Tribuna» que sale al aire por la misma emisora. Y obviamente también abuelos de Annabella Soledad, Juan Cruz, Emanuel y Luciano; y además bisabuelos de Nachito.

Amor de todos los días

El mayor de los Juan Carlos -«Cacho» para sus familiares, el ciclista que muchos recuerdan-, todos los días -cada tarde- sale con María a la vereda a «tomar un poco de aire fresco…». Y la escena no puede menos que perturbar, porque el trato que él le dispensa es sencillamente amoroso, porque exhibe sin pudor el más profundo afecto que siente por ella. Aunque María sólo pueda presentirlo…

Cuando llega ese momento de la tarde, Cacho asistido por alguna de las tres chicas que cuidan a María -Viviana, Alejandra y Paola-, la llevará fuera de la casa. Algún vecino saludará a la pasada, y Juan Carlos responderá cortés y serio…

Después verán pasar la gente, los autos, la vida… El mirará a María con ese mismo amor incondicional que le juró alguna vez, la tomará tiernamente de la mano y sabrá que ella lo siente… Como siempre.
Hasta que llegue el momento de regresar a la casa. Así todos los días. No importará si es o no San Valentín. Todos los días. (M.V.)