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Andrea Langhoff conoció otros hermanos

MUJER CONTINUA CON LA RECONSTRUCCION DE SU ARBOL GENEALOGICO

Andrea Langhoff conoció durante el último tiempo a una nueva hermana y a un hermano, en General Pico y Bahía Blanca. También entabló diálogo telefónico con su padre, y así continuó a un ritmo vertiginoso con la reconstrucción de su historia de vida y de árbol genealógico, luego que el 23 enero de este año un estudio genético realizado en Estados Unidos cerrara su búsqueda de 25 años y confirmara la identidad de su madre biológica y la de sus hermanos.
Esta búsqueda desentramó una red ventas de bebés que funcionó en General Pico, durante los años 60, 70 y 80, y que involucró a médicos y funcionarios del Registro Civil encargados de redactar partidas de nacimientos apócrifas.
Andrea nació el 14 de septiembre de 1976 en la Clínica Argentina de esta ciudad. Sin embargo, a su madre los médicos le dijeron que había nacido muerta. Un año antes, la mujer tuvo una hija con el padre de Andrea. En agosto de 1976, al hombre lo echaron de la casa por el constante maltrato físico y psicológico, al que sometía a la madre de Andrea, y se fue a Rosario y se llevó a la pequeña criatura, sin saber que su pareja estaba embarazada.
La protagonista de esta historia vivió en Glew, Buenos Aires, y durante su adolescencia confirmó que había sido adoptada. Allí comenzó una larga búsqueda, a través de la cual creó la página de Facebook, «Busco Madre Biológica La Pampa», la cual permitió reconstruir varias historias y resolver muchos casos.

Más hermanos.
Hace pocos meses, Andrea se encontró con Stella Maris, su hermana de Rosario, con quien comparte padre y madre biológica. También conoció a Evelyn, su hermana más chica por la rama paterna, quien vive en Córdoba. En este tiempo, y a través de las redes sociales, pudo dar con su hermano mayor (54), también por parte de padre, que vive en Bahía Blanca.
«Conocí a mi hermana Stella, que somos las únicas dos del mismo padre y la misma madre. También a Evelyn y a mi hermano mayor de parte paterna que vive en Bahía Blanca. Además tuve contacto telefónico con mi padre biológico durante un mes y medio, y nos contactamos más frecuentemente de lo que me habría gustado», señaló en diálogo con este diario.
«Además me contacté con Marisol, mi única hermana que vive en General Pico. Fue raro pedirle una solicitud de amistad y decirle gracias por aceptarme, y que cuando te preguntara si la conocías, pedirle de llamarla por teléfono y explicarle que tenía una hermana», indicó.
«Se emocionó muchísimo, porque recuerda que cuando yo encontré mi identidad que le reenvió la noticia a una hermana que vive en Santa Rosa. Ella siguió mi historia y sin saber que era mi hermana. Todavía con ella me falta el abrazo que me pude dar con mi otra hermana. Hay proyectos de poder encontrarnos en Pico y de poder hablar con mis hermanos que viven ahí», agregó.
«Sé que algunos están al tanto que soy su hermana, pero sé que todos tenemos nuestro tiempo y algunas cosas por teléfono, son muy difíciles de hablar. Esperemos que se pueda dar a la brevedad. Logré ser feliz y tener una paz absoluta por el respeto con el que se manejó todo. Ya en Facebook puse el apellido de mi madre biológica, a la que hace un año que conocí. Soy Langhoff, por una legitimación, y también soy Urquiza porque esa es mi sangre».

Búsquedas.
Langhoff además se refirió a como continuaron las búsquedas en los diferentes casos en este contexto de cuarentena, dado que los buscadores y administradores de la página Busco Madre Biológica La Pampa, viven en diferentes localidades y provincias.
«Esto nos complica porque todos vivimos en diferentes localidades. Esta situación es un condicionante muy grande que estamos sufriendo, porque tenemos cerrados registros civiles y también tenemos cerrados un montón de accesos, pero igual seguimos trabajando. Yo estoy manejando casos de mi ciudad, de Glew, y desde Pico estamos trabajando con la ayuda de la gente y tenemos un caso en particular está pronto a resolverse», señaló.
«Es un caso muy particular, que me tocó llevarlo desde hace casi tres años donde en un momento se acercó un familiar de una mamá, diciendo que sabía de la existencia de una criatura que en 1977 había sido entregada en General Pico pero no se sabía nada. Siempre hay que ir armándolo, porque los datos no coincidían, pero lo pudimos identificar», sostuvo.
Agregó que es un caso que tiene ciertas particularidades, «pero pudimos hablar con su madre de crianza, que sabía que existía una madre biológica y de las circunstancias en las que había tenido que entregar a su hijo. Fui yo quien vio a la mamá biológica, traté de contarle la situación de la mejor manera. Hace un año que la mamá sabe y hace unos días me contactó diciendo que había tomado la decisión de querer conocer a su hijo después de 43 años».

Nuevos casos.
Sobre la marcha de las investigaciones, dijo que siguen «llegando nuevos casos» a la página de la que es una de las administradoras.
«Tengo un caso de La Pampa. Igual esta pandemia complicó mucho más las cosas. Eso va frenando el ir a poder conseguir al menos una palabra de la Justicia, que sea más explícita sobre un montón de situaciones. Estamos en stand by, y lamentablemente se van yendo las personas, por la edad que tienen. Trabajar se sigue trabajando, más meticulosamente y los casos siguen existiendo. Ya con solo saber que existen es mucho trabajo el que va quedando», añadió.
El caso de Andrea Langhoff atrapó el interés de Soledad Gesteira, una antropóloga del Conicet que trabajó durante una década con Abuelas de Plaza de Mayo. La profesional trabajó en una tesis sobre los buscadores de identidad biológica, y se entrevistó con Andrea para hacer nuevo trabajo sobre su caso particular, ligado al modo en que el buscador puede sobrellevar el encuentro y como se da la revinculación.