Cayó el consumo de leche en La Pampa

DATOS DE LA ANONIMA, CARREFOUR Y CHANGO MAS EN EL PRIMER SEMESTRE DEL AÑO

Se consumen 42 litros por año, apenas cinco por encima del registro del año 2001. La caída del 17% en el poder adquisitivo es una de las claves que explica el fenómeno. También el aumento de la pobreza y la indigencia.
JUAN JOSE REYES
De acuerdo a las tres grandes cadenas de supermercados que operan en La Pampa, La Anónima (en cuatro localidades), Chango Mas (en dos) y Carrefour (en una) el consumo de leche se ubica debajo de 42 litros por año, evidenciando una delicada situación de familias con hijos pequeños, la más baja en 17 años. La medición más menguada se registró en 2001, cuando el consumo cayó a 37 litros/año.
En los derivados lácteos los datos de caída de demanda adquieren mayor relevancia (manteca, yogures, quesos y postres). El consumo de leche pasteurizada se redujo en cuatro litros per cápita, 11% en un semestre. Además el Ministerio de Desarrollo Social asegura que crece el pedido de ayuda para la copa de leche en comedores escolares y merenderos, agravados por el duro invierno.

Menos de lo indicado.
Hace dos décadas los pampeanos consumían en promedio dos porciones al día, y en la actualidad apenas 1,8. Las Guías Alimentarias recomiendan consumir tres porciones de lácteos al día (entre leche, yogur y quesos). Una porción equivale a: 200 cc de leche (1 vaso, 240 mg calcio), 200 gramos de yogur (1 pote, 224 mg calcio), 50 gramos de queso fresco/semiduro (274 mg calcio), 60 gramos de queso untable (57 mg calcio) o 15 gramos de queso de rallar (150 mg calcio).
En La Pampa consumimos 15 millones de litros de leche líquida, pero la disminución del consumo per cápita de leche por persona muestra a las claras el incremento de la pobreza y la indigencia, estimada en más de un tercio de la población. La importancia de los problemas socioeconómicos que se ven en las escuelas se volvieron más evidentes en 2018 tanto en comedores y merenderos, reflejo de la caída del consumo privado, según afirman las directoras de las escuelas de las dos grandes ciudades pampeanas.
Aquí se consumen en promedio un 26% menos de lácteos que hace 17 años y fue el que mostró mayor descenso en dicho período (38% menos), a partir de los resultados del estudio “La mesa argentina en las últimas dos décadas: cambios en el patrón de consumo de alimentos y nutrientes”. Además, el descenso se ve entre infancia y adolescencia. Según las conclusiones del relevamiento “Patrones de Consumo de Lácteos”, 9 de cada 10 adolescentes y adultos (87%) no alcanza la recomendación de tres porciones por día, al igual que el 45% de los niños de 2 a 4 años y el 72% de los chicos de entre 5 y 12 años.

En caída libre.
Tras el deterioro del poder adquisitivo por la inflación, el traslado de precio del dólar a los precios de primera necesidad y la falta de actualización de los salarios en paritarias, las familias pampeanas de menores ingresos siguen recortando gastos. Para que la plata alcance, miles de hogares deben resignar incluso la compra de lácteos. Las ventas en los supermercados siguen sin repuntar y a menos que los salarios aumenten la situación se volverá crítica.
La tendencia negativa en el consumo de leche se agravó durante el primer semestre del año 2018 que lo cerró con una disminución de 4 litros por persona. Ni qué hablar del consumo de otros lácteos (leche enfriada, manteca, quesos y yogures) que serían similares o peores según los registros. De acuerdo con las mediciones de julio, se evidencian mayores caídas en todos los canales de venta. Sólo las bocas de cercanía (Carrefour, La Anónima y Chango Mas, por ejemplo) muestran seis meses consecutivos de retracción con mermas de entre 8 y 11% en volumen.
El “frío” que acusan las cajas registradoras se enmarca en una caída del 17% del poder adquisitivo de la gente, algo que en este primer semestre se acentuó con el aumento de tarifas. Pero lo complejo es que los acuerdos paritarios, amén de ser muy inferiores a la inflación, muy pocos gremios los están cobrando.
La mayor parte de la caída en la demanda láctea es explicada por la situación de la leche pasteurizada consumiéndose casi 4 litros menos de este producto (-13%). Por su parte el consumo de leche esterilizada creció 15% y la de leche chocolatada disminuyó 12%. En el agregado, el consumo de leche fluida cayó 8,7% de un semestre interanual a otro. Dentro de la menor demanda interna, la leche en polvo fue la que registró la caída más fuerte, con 21% interanual; seguida por manteca, con 13,1%; el yogur, con 9,8%; y la leche líquida, con 9,3% y otros lácteos con caídas por sobre el 9%.

Golpea a los más débiles.
En términos de litros, fueron 6,88 millones consumidos en solo seis meses, la peor marca desde 2003, cuando se consumieron 5,96 millones de litros según los supermercados (no incluye leche en autoservicios y almacenes). Si bien la principal causa de la merma de consumo en el mercado interno es por la pérdida de poder adquisitivo de los consumidores producto de la inflación y la retracción de los salarios, la pobreza sigue en aumento.
El producto básico para la subsistencia de todas las familias pampeanas y del país, la leche, se ha convertido en los últimos años en un negocio repartido en muy pocas manos, donde reinan manejos espurios de los intermediarios del sector, que se llevan grandes ganancias, mientras los productores reciben migajas y los consumidores pagan cifras increíbles por un litro en las góndolas de los supermercados. Esta cadena de comercialización en la provincia es muy injusta ya que mientras el tambero recibe $6,32 por litro de leche, en las heladeras de los supermercados oscila entre los 18 y 25 pesos.
Pero no todo queda ahí con la caída del poder adquisitivo de los salarios. Según datos de los propios supermercados aquí, puede apreciarse que la franja más vulnerable de la sociedad pampeana sigue disminuyendo drásticamente el consumo de productos básicos de la canasta de alimentos que además de la leche, incluye las carnes, harinas y aceites.