Inicio La Pampa Cheche Torres, el intendente que donaba su sueldo

Cheche Torres, el intendente que donaba su sueldo

HISTORIAS DE ACA NOMAS

A veces algunas pequeñas historias dan paso a que -quizás por asociación- se rememoren otras, que por allí podría resultar interesante que se conozcan. Tal vez en estos tiempos de agobio, de tanto dato duro -informando de esta realidad que nos mantiene tan angustiados-, podrían resultar de mínimo bálsamo… o al menos para evadirnos aunque sea un ratito de un contexto tan complicado y doloroso.
Días atrás -en estas páginas-, le hacíamos una nota a Rodrigo Genoni. El gremialista habló de una historia de resiliencia y superación que conmovió a más de uno. Al punto que recibió -luego de la publicación- múltiples muestras de afecto y consideración por lo que había contado. Porque hizo mención a un pasado de pobreza, y narró lo determinante de la guapeza de su mamá que con mucho esfuerzo y trabajo pudo salir adelante junto a sus hijos. Hoy Rodrigo y su hermano son contadores, y no olvidan un tiempo en que las cosas no eran para nada fáciles y tuvieron que soportar necesidades y penurias.

Un saludo especial.
Entre tantos saludos que recibió Genoni con posterioridad a la publicación en LA ARENA, hubo uno muy especial y que tenía un agregado. A Rodrigo le pareció también -y de alguna manera- una historia para contar. Analía Torres (contadora y profesora del gremialista en la UNLPam, y además hoy concejala de la ciudad de Santa Rosa) lo congratuló por su presente y reconoció el valor de su lucha, y particularmente el tesón de la madre de Rodrigo para que sus hijos salieran adelante y se convirtieran en profesionales.
Entre otras consideraciones Analía -en el mensaje que le envió- valoró su energía y su sentido solidario.

Cheche Torres, un hombre singular.
Y a la pasada la contadora mencionó a su propio padre, don José Vicente Torres, a quien todos conocían por Cheche, y que ayer hubiese cumplido 94 años.
¿Qué le decía? Que él también había sido un hombre singular. «Vivíamos en una casita alquilada atrás de la vía donde no sobraba nada… donde la mermelada y la Crush eran un lujo. Así y todo mi padre (Cheche), cuando mis hermanos y yo éramos chicos, fue un tiempo intendente de Luán Toro… y recordamos que donaba su sueldo a la cooperadora de la escuela para que más niños pudieran estudiar».
Cabe admitir que, seguramente, hubo otros funcionarios solidarios -y los debe haber hoy-, que empatizan con los que menos tienen… Pero no es la regla. Claro que no.

Una familia humilde.
En esto de andar buscando pequeñas historias para contar, la de Cheche Torres parecía una buena oportunidad para el cronista. El mismo Rodrigo Genoni se ofreció a ser nexo con la familia, y particularmente con Analía, quien accedió a contar lo que recuerda.
«Sí, ciertamente mi familia viene de muy abajo… Papá trabajaba en el campo de don Molinero, quien pasado los años le ofreció vendérselo, y así lo compraron con su hermano Martín. El trato era pagarlo con leña que vendía en la zona, y les costó mucho hacerlo porque le tocó una de las tantas debacles de nuestro país… mi padre contaba que una vez fue con la leña en un tren de carga para venderlo en otro lugar donde se la pagaban más y pudo terminar con la deuda. Luego con su hermano progresaron, pudieron comprar también en la zona de General Pico… pero habían empezado de la nada», explica ahora la hija de Cheche.

Cheche, de Luán Toro.
«Así se presentaba papá, como Cheche Torres, de Luán Toro, aunque había nacido en Vértiz y vivió su infancia en General Pico. A los 18 años ya estaba en Luán Toro, y aunque sólo tenía 4° grado había aprendido algo de contabilidad y decía ser ‘tenedor de libros’. Y bueno, trabajaba para los hermanos Molinero, otra familia del oeste muy conocida».
Analía tiene presente la imagen «muy clara, con 4 ó 5 años de levantarme en medio de la noche y escuchar la máquina de sumar y mi padre trabajando… También que cuando me tocó elegir carrera universitaria él me dijo: ‘Por qué no hacés teneduría de libros como yo’. Tiempo después entendí que sabía más de mí que yo misma a esa edad…hoy amo mi profesión de contadora pública y todo lo que ella me permite hacer por mucha gente», resume Analía.

La madre y la familia.
Sobre su mamá, dice que se llama Norma Martín (hija de Antonio y Leonor dueños del famoso Bar «La Perla», en Raúl B. Díaz y Mendoza); es hermana de Mimí Bodratto (del restaurante Pampa); de Laura (tiene conocida boutique en el centro de Santa Rosa); y de Arnaldo y Rubén, crack de los grandes equipos de fútbol de All Boys.
El matrimonio de Cheche y Norma -casados en 1956- tuvo cuatro hijos: Teddy, que a los 18 años se fue a vivir al campo (falleció en 2020); Danny, vive un poco en Luan Toro y otro poco en el campo; Henry, propietario de un importante comercio (semiejes) en la calle Garay Vivas; y Analía que como quedó dicho hoy es edil en Santa Rosa (pedirá licencia en el cargo cuando asuma en Empatel).

El ejemplo de la solidaridad.
Analía evoca a su madre cuando vivían en Luán Toro, «levantada desde el amanecer, baldeando el patio de tierra, tejiendo para nosotros y para afuera para ayudar con los gastos… y haciendo que nuestra infancia fuera muy feliz».
Agrega que tanto Cheche como Norma «siempre tuvieron un sentido de solidaridad que todos recordamos con orgullo: hoy mismo mi madre, con sus 83 años, baja del edificio Pampa (frente a la plaza) y le da la comida al joven senegalés que está en esa esquina… el muchacho le llama ‘mami’, y dice que yo soy su hermana. Son valores para la vida que ellos nos inculcaron», sostiene.

Para dar no se necesita una ley.
La mujer, contadora, concejal, manifiesta que «a veces me enoja mucho cuando aparece algún funcionario de la oposición pretendiendo hacer una ley, o una ordenanza, que dicen es para bajarse los sueldos…¿Dónde está escrito que uno necesita una ley para dar lo que a otro le hace falta?, ¿Quién dijo que tienen que ser todos o nadie los que hagan un aporte? Cada uno sabe con su conciencia lo que es justo y lo que debe hacer y así obrar en consecuencia», indica.
Y sigue: «Mi madre se levantaba a medianoche a llevarle leche a la vecina que tenía muchos niños y lloraban de hambre… y casi juraría que ella se quedaba sin su parte para que a nosotros no nos faltara».
«No es que nosotros somos un dechado de virtudes… obvio tenemos nuestros defectos, pero verdaderamente sí podemos decir que a partir de nuestros padres tenemos un alto concepto de la solidaridad», concluye.
La vida de Cheche Torres y su familia… una historia mínima para reflexionar… aunque sea un poquito. (M.V.)

Una vida de resiliencia y superación.
Cheche Torres, como quedó dicho, sólo hizo hasta cuarto grado, pero su inteligencia natural, y su perseverancia, lo llevaron a ser «tenedor de libros» en varios establecimientos rurales de la zona de Luán Toro, y más tarde un hombre de referencia en la producción agropecuaria.
Cuando andaba por encima de los 40 años hubo una circunstancia que apuntalaría su desarrollo. Y Analía, su hija, relata como fue aquello: «Yo andaba por los 8 años y mi padre tenía 42 cuando llegó a nuestra vida una persona a la que le debemos mucho. Era don Juan Goldstein, el dueño de la fábrica de ollas Marmicoc, al que papá le administró más de 40 años la parte agropecuaria de sus empresas (en 9 de Julio y en la zona de Luán Toro). A Goldstein alguna vez se le ocurrió comprar campos en Estados Unidos, y papá viajó con él para asesorarlo. De allá trajeron el primer feedlot (engorde a corral), que no sé si fue la primera en el país, pero sí seguro en La Pampa. Llevaron la experiencia a un campo de 9 de Julio, en la provincia de Buenos Aires, y también a Luán Toro».

Cheche, piloto de avión.
Analía rememora que «también llegaron a sembrar la paja en el monte por vía aérea, para lo que papá hizo un curso de piloto… llegó a tener un Piper y después un Cessna, que le servían además para ir de un campo al otro y atender el propio. Hizo 23 viajes a Estados Unidos, y el último lo acompañamos mi mamá, mis hijas y yo… así que pude conocer esas explotaciones agropecuarias… Eso fue en 2009, y en 2010 papá falleció en un accidente en la Avenida Luro, aquí en Santa Rosa», narra.
La vinculación con Goldstein le había dado una perspectiva distinta a Cheche, porque le abrió las puertas al mundo de las tecnologías agropecuarias, y se transformó en una fuente de consulta permanente de varios productores de la zona», explica su hija sobre una historia que no muchos conocen.
Una muestra de voluntad e inteligencia natural de un hombre que vino desde muy abajo y alcanzó a ser referente para mucha gente.