Inicio La Pampa "Chelo" Urtiaga, el periodista de la "República de Castex"

«Chelo» Urtiaga, el periodista de la «República de Castex»

Hay trabajos que pueden volverse una adicción para quienes los realizan. Uno es el periodismo, que algunos ejercen con una pasión inexplicable. Marcelo Urtiaga es uno de esos locos de esta profesión.

MARIO VEGA

«Soy un trabajador que se acuesta y se levanta pensando que ese es el día en que va a aparecer, para que yo la escriba, la nota de la vida…». Si esa frase no es casi una declaración de principios de quien ejerce la profesión de periodista, pega en el palo… Marcelo Ricardo Urtiaga (46) es nacido y criado en la «República de Castex», y ha transitado desde pibe sus calles de tal manera que es un enamorado de su pueblo, de su gente y de sus costumbres. Dedicado al periodismo hace un par de décadas, Chelo -para quienes lo conocemos un poco más- es un cronista informado que con su trabajo comprometido consiguió, a su manera, modificar algunas cosas del quehacer castense.
A partir de su impronta, de su indudable olfato periodístico -valor más que suficiente para cubrir alguna carencia que naturalmente todos tenemos-, con sus notas en este diario tuvo indudable influencia en la vida social y política de Castex. «Fue después de pasar una época muy dura… porque un día iban los peronistas a pedir a la Redacción que me corran, y al otro día aparecían los radicales para decirles a los Santesteban que me saquen…», se ríe con ganas al recordar aquellos inicios en LA ARENA.

Fin del «caudillismo».

Era febrero de 1999, se venían las elecciones y Eduardo Castex era un hervidero. «Me parece que los dueños del diario se agarraban la cabeza pensando en quién habían llevado… Pero con el tiempo mi forma de actuar considero que contribuyó a un quiebre institucional para el pueblo… se terminó el caudillismo y la prepotencia de los inmorales que cobraban peaje a las mujeres por un Plan Trabajar…», rememora. Y es absolutamente cierto: «A partir de ahí empezó a mejorar la institucionalidad en el pueblo, se fomentó la alternancia de los partidos políticos al frente al municipio… Después cada gestión puso su impronta, con funcionarios más o menos capaces o idóneos, y la gente tuvo la posibilidad de expresarse en las urnas. Hoy, más allá de diferencias ideológicas o de visión sobre hechos puntuales, con todos los ex intendentes, pasado el tiempo, nos podemos mirar a los ojos, saludarnos y charlar», reflexiona.

Si algo pasó, hay uno de Castex.

Hoy, pasado varios años, Chelo es valorado, y yo considero que tiene la pasta de los buenos periodistas. Ve la noticia donde pocos la advierten, y siempre le da una vuelta más de tuerca para que resulte atractiva…
A veces bromeamos en la Redacción diciendo que si alguien fue abducido por un Ovni; o resultó ganador del «Bailando» de Tinelli, o tuvo vinculación con alguna noticia grossa, seguro que Chelo hallará la forma para vincularlo con Castex… es probable que en alguna crónica informe que el protagonista de un suceso importante pasó alguna vez por allí, o se quedó un par de días; o quizás dirá que tiene un familiar cercano en el pueblo; o será amigo de algún vecino (y si no lo es hoy, tal vez alguna vez lo sea…).

Historia familiar.

Es hijo de Marcelo Aníbal, reconocido futbolista de varios clubes pampeanos; y la mamá es Nancy Campasso -de una familia tradicional en la localidad-, que por décadas fue conserje en el hotel que está al ingreso a Eduardo Castex.
Se crió con su madre y sus abuelos, Rosa Albarracín y Horacio Coclete Campasso (le decían «Cuis»), con quienes siempre tuvo una relación muy especial. La partida de los abuelos fue obviamente dolorosa. «Rosa incluso me llegó a acompañar a hacer notas a los pueblos vecinos, y el abuelo era un renegado pero una masa. Estaba en asados, riñas de gallos cuando se podían realizar, bagna cauda, carneadas. Le gustaban todas y en casi todas me prendía desde muy chico», rememora.

Siempre Castex.

Y sigue contando: «La primaria en la Escuela 44 y el secundario en el viejo colegio Manuel Belgrano. «No es malo, pero es muy charlatán», le llevaban la queja a Nancy. «Cuando terminé el secundario una pasada por General Pico, pero luego ya me quedé en Castex porque me enamoré del periodismo».
Pero también hay que decir que Chelo es un trastornado de lo que llama «la República de Eduardo Castex. Les digo a amigos y conocidos de otras localidades que amo a mi pueblo… Tuve oportunidades de trabajar e instalarme en otros lados, y siempre terminé acá. Nadie sabe lo que le depara el futuro, porque mis hijas se hacen grandes, mis abuelos ya no están… Por suerte mamá está bien de salud y Cristina es incondicional… no sé qué pasará. Por ahora la llevo muy bien aquí, porque la virtualidad permite que las ‘mellis’ estudien on line, están en casa y el comienzo universitario no nos cambió demasiado la vida familiar», puntualiza.

Chelo y el fútbol.

Confiesa haber tenido «una niñez muy linda, pero siempre vinculado con personas más grandes para mi edad… Y como muchos éramos felices con poco: un fútbol, un barrilete, y una juntada en algunos de los muchos potreros que había en Castex. Teníamos un grupo de amigos muy lindo… algunos siguen en Castex, otros por razones laborales y/o familiares ya no están acá pero seguimos en contacto permanente por las redes».
El fútbol estuvo siempre presente en su vida: «Por las tardes después del colegio nos íbamos a la cancha de Racing, pero yo iba de antes porque Julio Pérez, y después Estergidio, me llevaban de mascota: primero en un equipo de un torneo comercial que se hacía en esa época, y también lo fui del Racing-Tavella en 1982». Un gran equipo que venía casi íntegramente de Buenos Aires, en el que también jugaban Roberto Telch, Miguel Tojo, Tito Mansilla y Daniel Petrucci, entre otros. Los eliminó en el Regional Atlético Santa Rosa, el año que el albo llegó al Torneo Nacional.
Chelo jugó en inferiores de Racing, cuando el entrenador era nada menos que «Colores» Facio, y también jugó al paddle y a la pelota a paleta.

El pibe que limpiaba terrenos.

Con la adolescencia vendrían las primeras salidas. «Primero los ‘asaltos’ en las casas, y después bailes en las escuelas rurales, hasta que Estudiantil abrió la Confitería The Mouse, donde iba todo el mundo. Pero también nos escapábamos a los pueblos… una vez casi morimos de frío cuando en una Zanellita 50cc en pleno invierno nos fuimos a un cumple de 15 en Arata… Una locura…», resume.
Empezó a trabajar «desde chico. En el verano le hacía mandados a un comercio; y cuando Rubén Buñez grababa casettes, hacía sonidos, pintaba letras, hacía distintos trabajos en pintura, y yo le cobraba cuentas y hacía mandados. De adolescente limpiaba terrenos sacando yuyos con mi tío Marcos Sosa, al que todos conocían como ‘El Negro’ Tello. Con mi tía Elvesia me querían como a un hijo…».

El periodista.

«¿Cómo llego al periodismo? Fue por un ofrecimiento que me hizo ‘El Loco’ Collino, que me vinculó a El Diario, donde estuve un tiempo hasta que llegué a LA ARENA. Cuando me dijo Collino no sabía muy bien lo que tenía que hacer, pero estaba convencido que me gustaba y me esforzaría por hacerlo de la mejor manera. Pero el vínculo con la información me viene de muy chico. Mi padre tenía estrecha relación con Julio Pérez, el mejor delantero que vi en La Pampa porque a mi viejo no alcancé a verlo en una cancha. Los suegros de Julio vivían a media cuadra de mis abuelos, y Don Domingo Gallo ya era grande (había sido diputado provincial y provincializó la Fiesta del Trigo) y yo tenía que leerles LA ARENA a él y su esposa Pocha. Tenía nada más que 9 ó 10 años y me gustaba mucho hacerlo», rememora.

«El periodismo se debe sentir».

Ya iniciado en la profesión se anotó en un curso de locución que daba Rossini en el Centro Cultural de Santa Rosa: «Ibamos tres o cuatros de Castex, y también Cristina con unas amigas que estudiaban Periodismo en la UNLPam. Bueno… en los break, siempre había algo para charlar y mirá… Acá estamos con las ‘mellis’ Rosario y Lourdes (las hijas), integrados en una familia, donde somos todos para uno, y uno para todos», narra con satisfacción.
Se pone en modesto Chelo y expresa: «Lo mío fue siempre mucha dedicación y pasión. No soy un talentoso del teclado, y lamento no haber compartido una redacción con algunos tipos que realmente marcaron el periodismo pampeano. Pero igual soy muy esponja y lo que me transmitieron los que sabían siempre lo tomé. Pero lo mío es la constancia y dedicación», se pone serio. Y sigue: «El periodismo se debe sentir, sino es imposible llevarlo adelante, porque cuando trabajás en los pueblos no tenés feriados ni horarios ni fines de semana. Hay que estar siempre listo», completa.

Hombre de radio.

Dueño de la que es quizás la emisora más importante de Castex, explica cómo llegó a Radio Don: «Mucho tiempo compré espacios para hacer un programa informativo, y sentíamos con Cristina la necesidad de tener algo propio, de ofrecer una radio distinta, dejando de lado ese concepto noventoso menemista de que las FM solamente pasaban música y dedicatorias», expresa.
Y así lo hicieron. «Pensamos que la radio tiene un compromiso social y la responsabilidad de informar y que esa alternativa no estaba acá. Así surge Radio Don, que es la primera legal de Castex, la que inició las transmisiones online y marcó el camino para que después aparezcan otros diarios digitales en la localidad».

No al periodismo complaciente.

Bromeo y le digo que es «un empresario de los medios», y contesta con seriedad. «Estoy bien lejos de eso… Es más, a veces analizo que debería dejar de pensar como periodista, porque en los pueblos no es fácil… La nota que sale en el diario dice corresponsal de Eduardo Castex, y saben quien la escribió. En Santa Rosa sale de Redacción y no se sabe quien la redactó. Y en la radio igual: le ponemos la voz a todos los temas, y por cierto nunca aprendí a hacer periodismo complaciente o periodismo social».
Y no sin razón señala que «cuando te involucrás en los temas sociales, en las problemáticas de la sociedad, es imposible que alguien no se moleste. Hay gente que hace periodismo comercial, pero a mí eso no me lo enseñaron los Santesteban y los compañeros de la Redacción de LA ARENA», afirma.

La mejor y lo no tan bueno.

Marcelo admite que el periodismo le dio «muchas satisfacciones, más de las que me hubiera imaginado. Pero también me provocó problemas, aunque en el balance ganan las primeras, porque me permitió cosas increíbles: entablar relaciones con colegas, acceder a hechos, momentos o lugares que quizás al resto de las personas se les dificulta».
«¿Cómo contrapartida? Le dedico muchas horas de mi vida: arranco a las 6.30, a las 7 estoy en la radio, salgo a las 11; y luego paso horas frente a la pantalla, ya sea por las notas para LA ARENA, porque tengo que hacer programación para la radio o para el diario digital de la radio».

Profesión muy exigente.

Obviamente la dedicación constante le hizo perder momentos con sus hijas: «Todavía me pasan factura. Afortunadamente mi esposa Cristina entiende este trabajo… No sólo es la administradora familiar y se hizo cargo mayormente de la crianza de las ‘mellis’, sino también se cargó en sus espaldas las etapas finales de mis abuelos… Y encima trabaja conmigo en la radio, hace las cobranzas y rendiciones de LA ARENA… ¡Y me aguanta a mí!», larga la carcajada.
En un aspecto cree haber fracasado, y no lo comparto. «Mis hijas no eligieron el periodismo porque dicen que no quieren trabajar todo el día como los padres. No les supe transmitir el amor y la pasión que siento por lo que hago y eligieron las Ciencias Exactas…», dice. Y no lo comparto: sus chicas (como las mías que no lo son tanto) se inclinan por otra cosa, y está muy bien.
«Espero que puedan ser buenas profesionales, aunque ya me reconforta que sean buenas personas, buenas hijas, responsables y respetuosas. Y ese es principalmente un logro de La Gringa», le reconoce a su esposa.

De lo que viene.

Chelo, como todos, piensa en el bienestar de los suyos: «Sueño con ver realizadas a mis hijas, feliz a mi esposa y tener salud para que la vida y este trabajo me sigan sorprendiendo. Y también quisiera una sociedad más justa, más igual y que dé posibilidades a todos… Duele tener un país con el 42% de pobreza y que los dueños de las grandes fortunas recurran a un juzgado para declarar la inconstitucionalidad de un tributo que pagarán una vez por una pandemia histórica; o que instalen sus empresas en paraísos fiscales para evitar pagar los impuestos… Te digo que esa falta de empatía no la entiendo», sostiene.

De los mejores.

Y deja otra frase que lo pinta: «No tengo una honestidad declamativa… soy honesto con mis principios y mis convicciones. Y como dice alguien, no necesito ir por la vida dando explicaciones de nada… porque mis enemigos no las entenderían, y a mis amigos no les hace falta porque me conocen».
Marcelo Ricardo Urtiaga, periodista de la «República de Castex». Otro adicto, un agudo observador de la realidad, dueño de una impronta especial -aunque no se la crea-, y para mí uno de los muy buenos periodistas de por aquí… Siempre lo afirmo… Chelo es de los que todas las mañanas se levantan pensando que tal vez «ese» sea el día de «la gran nota». Este querido Chelo Urtiaga es de los que sienten que no hay oficio mejor que el periodismo…
Y de verdad… ¿es que hay otro más lindo?

«Somos varios los Urtiaga»

Chelo habla de Cristina su esposa, y recuerda cómo fue que se reencontró con ella «en Santa Rosa, hace poco más de 20 años. En la etapa del secundario la conocí en el boliche de Castex cuando un amigo mío la sacaba a bailar. Yo le había echado el ojo, pero en ese tiempo tenía una noviecita. Por 10 años no la vi más, y la crucé más tarde en algunas materias de Periodismo, aunque tuve que abandonar porque se me hacía imposible viajar, estudiar y trabajar. Después compartimos un curso de locución y aquí estamos», dice sonriente y feliz.

Los hermanos Urtiaga.

Chelo habla luego de Marcelo Aníbal, el ex jugador de fútbol: «Es mi padre, y es como Mirtha Legrand, no quiere decir la edad…». Enseguida señala que su familia «es un poco compleja y ramificada. Me tocaron momentos que sino fueran porque la realidad te choca en las narices serían cuasi risueños. En principio tengo una hermana por parte de madre, Kimey, con quien nos llevamos 18 años. Yo terminaba el colegio y nacía Kimey».
«¡Y por parte de padre! Somos varios. Papá Urtiaga, bastante desprolijo… Si bien mi madre me había contado que él tenía otros hijos yo no los conocía… pero en el transitar de la vida los fui encontrando».
Y sigue: «Un día estaba haciendo una nota en el gimnasio de Estudiantil. Eran épocas electorales y estaba medio pesada la mano porque había hecho algunas denuncias sobre los manejos de campaña del oficialismo. Me daba cuenta que un pibe no me sacaba la vista de encima y pensé: problemas. Cuando terminé la entrevista se acercó y me preguntó si era Marcelo Urtiaga. Le digo que sí y él contestó: ‘Soy Cristian Urtiaga, tu hermano’, me largó».
Y agrega enseguida Chelo: «Otro día me llama un amigo diciendo que estaba en la Terminal de Castex. Le digo que venga a mi casa y me manifiesta que está con la novia. ‘Bueno… veníte igual’, le contesté. Y me responde él: ‘Pero mi novia es tu hermana’. ‘Y bueno, veníte igual. Ahí conocí a otra de las hermanas por parte de padre», agrega.

Más hermanos/as.

«Con el tiempo fui conociendo a otros y otras hermanos y hermanas: Alejandra, Fabiana y hay dos más que aún no tuve la ocasión…», completa.
De a poco, en los últimos años, se fueron ensamblando: «En esto tuvo mucho que ver Cristina. Nos reuníamos para fin de año en Intendente Alvear, con mi papá Marcelo; la tía Leticia, y su esposo Lucio: y con el tío Ricardo, que es más conocido como ‘La Ganza’. El último año no pudo ser por la pandemia, pero estamos en contacto», finaliza el «informe» familiar.

Exigencias para un corresponsal.

A quienes abrazan el periodismo les suele pasar. A Chelo Urtiaga su «dedicación extrema» lo llevó a terminar un suplemento de aniversario de Castex mientras era el velatorio de su abuelo. «Esa misma noche yo había traído a una confitería de Castex la función de Alejandro Apo con el Turco Sanjurjo y por supuesto no pude ir», rememora.
Y pasa, claro que pasa: «El día que nacieron mis hijas en una clínica de Santa Rosa, a la tarde tuve que venirme a Castex para hacer unas notas para el diario. En otra ocasión, de vacaciones en Mar del Plata, terminé acreditado en el Sheraton y haciendo uno nota al entonces jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. En la conferencia salí preguntando por la problemática del río Atuel… me miraban como un bicho raro. Mis hijas y Cristina andaban recorriendo de paseo… y yo haciendo una nota que después salió en la tapa de LA ARENA», evoca.