viernes, 20 septiembre 2019
Inicio La Pampa "Con lo que gané lleno la heladera"

«Con lo que gané lleno la heladera»

VENDE EMPANADAS Y PASTAFROLAS, Y ESTUDIA LETRAS. GANÓ EL CONCURSO POR TEVE QUE CONDUCE SANTIAGO DEL MORO

Las cosas no le fueron sencillas en la vida, pero Lis la enfrenta con entereza. Aún cuando reunir el peso para subsistir sea una tarea ímproba, dificultosa.
«Lo que quiero hacer es llenar la heladera y arreglar el lavarropas…». Simplemente esa frase devolvió Lis para sorprender y emocionar a Santiago Del Moro, el conductor del programa televisivo «Quien quiere ser millonario», que se emite por Telefé.
Es habitual que en ese tipo de espacios de entretenimiento cuando alguien gana un premio más o menos importante el conductor crea que el participante le responderá que hará un viaje, o que cambiará el auto, o que se dará determinado gusto.
No fue el caso de Graciela Lis Caldas (38), joven madre que vive en General Pico, y que se mantiene -junto a sus hijos- vendiendo empanadas y pasfrolas que elabora y vende en Quemú Quemú.
Nacida en General Pico, Lis es hijo de Graciela que fue portera de la escuela de la Capilla Nuestra Señora de Luján en Avenida y 27 durante 26 años, y de Carlos -ya fallecido- quien supo trabajar en frigoríficos. Integró una familia numerosa en la que eran seis hermanos, y a ella -«todos tenemos algún apodo», señala- le decían «la inteligente» del grupo. Lis fue a esa escuela, y el secundario lo hizo en el Colegio Industrial, en la EPET n° 2, donde se recibió de Maestra Mayor de Obras, aunque nunca ejerció: «con algunos de mis tíos hablamos alguna vez de armar una pequeña empresita, porque ellos trabajaban en el rubro, pero al final no nos animamos», confiesa.
Alguna vez fue cajera en Falabella en Mendoza, y pensaba que al volver iba a conseguir trabajo pero le ha costado. «Presenté currículum en distintos lugares, pero no tuve suerte», señala.

Ganó 300 mil pesos.
Lis, que así le llaman, tomó parte en estos días del programa «Quien quiere ser millonario», y se plantó decidiendo dejar la competencia cuando había llegado a ganar 300 mil pesos, y tenía la opción de avanzar hasta el medio millón. «Pero no quise seguir. Prefería asegurarme ese dinero porque ya estaba muy cansada y tenía miedo de perder lo que había conseguido», le contó a LA ARENA. Es que previo a llegar a ese escenario de luz y color que es un set televisivo, pasó por un largo y tedioso viaje desde su General Pico natal, acompañada del mayor de sus hijos.
El programa en el que tomó parte Lis se grabó hace algunos días, pero recién esta semana salió al aire y puso sobre el tapete la vida esforzada y dura de la piquense que se había anotado para participar, aunque sus familiares más directos no le creían… hasta que tuvo que viajar a Capital Federal.

«Hasta 30 mil llego…».
Cuenta que «veía el programa y como que me entrenaba e iba respondiendo lo que le preguntaban a los participantes… Y siempre pasaba los 30 mil pesos, así que estaba convencida que hasta esa suma podía llegar si me tocaba participar. Y siempre pensaba que si iba y llegaba a esa suma iba a arreglar el lavarropas y llenar la heladera… porque me daba bronca tenerla siempre casi vacía, y sin que mis hijos pudieran tener lo que quieran para comer», afirma y es duro escucharla.
Por eso un día ingresé a la página de Telefé y me anoté, pero en mi familia me parece que no me creían. Veía el programa y pasaba los 30 mil, pero veía que había profesionales y gente preparada que tomaban parte… Me llamaron y pasé dos casting de preguntas que me hacían productores, el segundo fue un poco más difícil… pero no creía que me iban a convocar. Me entrené resolviendo preguntas de arte, música… pero de nada de eso me preguntaron», se ríe ahora.

Todas complicaciones.
La llamaron tres días antes y le dijeron que tenía que grabar… «Tuve que pedir dinero prestado para viajar… y pensaba si gano arreglo el lavarropas y lleno la heladera», repite.
Pero las complicaciones para Lis se sumaron al momento de viajar junto al mayor de sus hijos… «Viajamos en micro y llegamos muy temprano, y recién estábamos citados para las 13 en el canal, así que tuvimos que hacer tiempo por allí, cargando con los bolsos», rememora. Se bajaron en Palermo y después como pudieron llegaron hasta Martínez, donde había sido citada.

Con Santiago del Moro.
«La verdad es que estaba muy cansada de viajar toda la noche, de la espera hasta el momento de grabar… en el canal nos trataron muy bien, incluso hubo con un catering que ni toqué, hasta que nos llamaron a participar… recién ahí lo vimos a Santiago del Moro, y empezaron las preguntas: cuando fui avanzando en el concurso la verdad es que no lo podía creer».
Respondió bien las primeras, incluida una en la que la ayudaron sus conocimientos sobre construcción -estudió en la EPET de General Pico- sobre distintos estilos de columnas; y la última la sacó con la ayuda del comodín que no era otro que su propio hijo Alan. «La verdad es que fue complicado, porque lloré mucho entre pregunta y pregunta… estaba muy cansada y cuando tenía que responder por medio millón dije que dejaba ahí, que me iba con 300 mil pesos», dice todavía atónita por lo que había conseguido… «porque yo iba por 30 mil pesos», agrega con evidente alegría. «No podía creer lo que estaba pasando», completa.

«A llenar la heladera.
«Del Moro me dijo que estaba bien. Creo que tampoco él quería que perdiera, y me preguntó que iba a hacer con el dinero.. y la verdad es que sería de tonta pensar en viajar como responden otros cuando no tengo para comer. Le dije que quería arreglar el lavarropas y llenar mi heladera… siempre está vacía, y estoy cansada que esté así. Porque quiero que mis hijos tengan lo que les gusta… lo pensé siempre… Si gano un concurso yo me lleno la heladera… que haya frutas, verduras, carne…», ratifica.

La odisea del regreso.
Todo eso terminó alrededor de las 7 de la tarde, y había que volverse. Pero si alguien piensa que se tomó un taxi para llegar hasta Retiro -quería regresar esa misma noche- se equivoca: «Pedí que me dijeran que micro tomar hasta Belgrano, y de ahí en subte para tomar el micro a General Pico, aunque tuvimos la mala suerte de no conseguir boleto porque era Semana Santa», cuenta.
¿Y entonces? «Quisimos quedarnos en la terminal de Retiro hasta el otro día, pero no pudimos y tuvimos que ir a un hotel que salía 1.100 la noche, y teníamos nada más que 1.500. Pero no fue lo peor, porque al otro día pedimos un Uber que se perdió y no llegamos a tomar el micro… tuve que llamar a un amigo que me sacó el pasaje para Santa Rosa y allí me fue a buscar mi mamá… Estábamos re fatigados con Alan…», evoca.

«Mi realidad».
Expresa que «ahora todos me dicen: te podés comprar un autito, o cosas por el estilo. Pero yo en lo único que pensaba era en la realidad… que tenía que llenar mi heladera. Esa es mi realidad. ¿Se entiende?», interroga.
Se ríe y dice que todavía no le depositaron el dinero que ganó, y que «estoy más pobre que antes, porque ahora debo plata… Me dicen cosas banales, comprarme esto o lo otro, o poner un negocito, pero tengo otras necesidades. Por eso voy a hacer lo que tenía pensado y el resto lo voy a guardar, porque la plata me tiene que durar», cierra.

Con toda la garra.
Vive un momento especial de su vida tan difícil, luchada, dura muchas veces… Hace poquito se vio envuelta en las luces de un set televisivo, le fue muy bien, pero ahora vuelve a su transcurrir de todos los días… ese que la llevará otra vez a vender empanadas y pastafrolas para sostener a sus hijos, para subsistir, y para llevar adelante su carrera de Letras donde -dicen sus profesores- es muy buena alumna. Aunque también se le está haciendo difícil, porque le queda poco tiempo para el estudio…
Pero Lis seguramente seguirá adelante, porque tiene el espíritu y la inteligencia para hacerlo… porque cuenta con la fuerza suficiente para superar las pruebas que la vida le pone enfrente a cada rato.

Vender empanadas para vivir.
Durante el programa televisivo se la vio a Lis llorar… “lloré mucho… sí, no podía evitarlo. Por eso después del programa vi que en las redes sociales salieron a decir que estaba armado, y que yo era una impostora. Y me dolió”, expresa.
Explica que en realidad a Santiago Del Moro “lo vimos nada más que en el momento en que nos llevaron a participar… pero sólo allí, y nada estaba preparado. Al contrario, si al final tuve un viaje de ida y vuelta que me costó mucho en todo sentido”.
Es mamá de tres chicos, Alan Ricardo (18), Máximo (12) y el bebé que se llama Ciano Vittorio (2 y medio). Maxi no vive con ella, y por eso en el programa no dejó de mencionarlo y manifestarle todo su amor: “A los tres los amo por igual, y sueño con un día poder tenerlos a los tres juntos, sentados a la misma mesa”, dijo al aire en tanto Del Moro se mostraba conmovido.
Le tocó vivir en la provincia de Mendoza, luego estuvo casi un año en Santa Rosa, y más tarde volvió a General Pico, donde trabajó limpiando los salones de la escuela donde trabajaba su mamá.
Ya cuando estaba en Santa Rosa comenzó con la venta de empanadas y pastafrolas, pero en Quemú. “Sí, estando embarazada del menor me iba de Santa Rosa los viernes a la noche a la casa de mi mamá que ya vivía en Quemú. Así que siempre le vendí a gente de ese pueblo… tengo un circuito y casi puedo decir la misma clientela. Cocinaba, preparaba todo a la noche, y hacía las empanadas fritadas o al horno, lo que me pidieran, y el domingo me volvía a Santa Rosa. La verdad es que odio cocinar, pero lo hago por una necesidad”, confiesa.