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Con pisada emprendedora

«Noy» y «Adriano» son sinónimos de zapaterías en Santa Rosa. Los locales céntricos llevan medio siglo con el mejor servicio respecto a calidad y buena atención. La familia Gatti mantiene un emprendimiento que pisa firme.

La apertura de los comercios trajo un nuevo panorama al centro santarroseño. Después de las repetidas imágenes de soledad y calles desiertas la postal cambió desde el lunes pasado. Los locales abrieron sus puertas y la clientela volvió a apoyar la nariz en las vidrieras y a entrar a los negocios, venciendo rápidamente los temores a una pandemia que parece controlada pero también agazapada.

Y mirar y comprar calzado no parece estar entre las prioridades en épocas de encierro obligado, pero sí se trata de una tradición que abarca a mujeres, hombres y niños y que tiene en «Noy» y «Adriano» dos estandartes indiscutidos del rubro, nombres que funcionan cada uno por su lado pero que se unen en una sola familia.

«Mi papá hizo el servicio militar en Buenos Aires y durante un buen tiempo de ese periodo fue chofer, así que ahí hizo muchos contactos con los fabricantes y demás porque andaba por todos lados, fue empapándose de todo el tema. Cuando volvió a Santa Rosa entró a trabajar a Tonsa, una zapatería muy conocida de esa época y cuya titular era María Fernández. El negocio empezó a ir mal y ahí papá se hizo cargo y con el tiempo surgió lo que hoy sigue siendo Calzados Noy», resume Claudia Gatti (48) sobre el origen de un local que es un símbolo del centro comercial de la ciudad, siempre en la esquina de Coronel Gil e Yrigoyen, frente a la plaza San Martín.

Jorge Benito Gatti fue el emprendedor inicial de una zapatería que ya superó los 50 años de vida y que poco tiempo después derivó en «Adriano», otro clásico que se instaló en lo que era Kaskote, un boliche que fue emblema de la noche lugareña.

«Mi mamá, María Adelina Vicente, también se sumó al trabajo y en un principio ‘Adriano’ estaba en la galería de la calle 9 de Julio. Se abrió en el año ’74. Luego surgió el traslado hacia donde estamos hoy, pero además mi papá fue formando a distintos miembros de la familia como mi tío Eduardo Gatti que abrió Huitrú Zapatos. Siempre fue un trabajo en conjunto, donde todos colaboramos y cada uno fue haciendo su aporte. Hoy se mantiene esa idea inicial», resalta Claudia que, al finalizar el secundario, se instaló en Buenos Aires para estudiar publicidad, marketing y diseño de modas.

«Cuando volví entré como empleada en la zapatería, arranqué de cero, porque era así el manejo que hacía mi papá. Después de un tiempo me alejé y ahí decidí hacer algo por mi cuenta y por eso abrí ‘Tendencias’, que fue el primer show room de La Pampa, hace ya 15 años. Lo armé directamente en mi casa, traía la ropa de Buenos Aires y vendía en el living», señala Claudia sobre el inicio de un emprendimiento que hoy funciona dentro de la misma zapatería «Adriano», otra de las posibilidades que ofrece la pyme familiar a la hora de pensar en indumentaria y calzado.

Fidelidad

La firma atravesó cada uno de los avatares económicos del país y mantiene empleados de hasta 30 años de antigüedad. Supo ir renovando y reinventando su manera de comercializar pero siempre con la misma esencia, la de poner al cliente en el lugar más destacado. Y en el manejo interno de no gastar más de lo que genera y apoyar los pies sobre seguro, sobre todo en las siempre movedizas arenas de las finanzas y las cuentas.

«Desde el inicio hemos funcionado, ante la necesidad, con créditos del Banco de La Pampa, siempre tuvimos una excelente relación y un gran respaldo. Mi hermano Pablo es el que se encarga de las cuestiones vinculadas con préstamos y demás, creo que eso ha sido siempre el secreto, trabajar con tenacidad. Nosotros estamos todo el día pendientes de este trabajo y creo que eso también se transmite a la clientela».

Tanto en «Noy» como en «Adriano» se consiguen una gran variedad de zapatos, botas, sandalias y todo lo necesario para el buen caminar. Esa combinación de calidad, buen precio y excelente atención distingue a un negocio que, sobre todo, mantiene la fidelidad de la clientela.

«A lo largo del tiempo vos podés identificar tus puntos fuertes, por supuesto, y nosotros eso lo sabemos fundamentalmente por la devolución que nos hacen nuestros clientes. Si la gente es bien atendida, si siente la calidez, siempre va a volver. Y si a eso le agregás una gran variedad de productos, que tengan calidad y con un precio moderado creo que podés ir superando los obstáculos y consolidarte», valora Claudia respecto al camino recorrido.

¿Y cómo fue la reapertura dispuesta de 14 a 18 en el marco de la cuarentena focalizada que ahora tiene la provincia?
«La verdad que fue con bastante euforia, había esa necesidad de abrir, tenemos una gran relación con los comerciantes de alrededor y se notaban esas ganas después de tanto tiempo. Y la gente también, aunque obviamente no es que se volcó en masa a la zapatería. Lo de la venta online se fue instaurando de a poco y funciona, pero sin dudas que reabrir las puertas nos dio un poco de aire fresco a todos, que además era algo tan necesario».

Cambios

Claudia se mueve entre los distintos locales y no desatiende ‘Tendencias», su lugar, en el que ofrece una gran variedad de indumentaria femenina para las distintas actividades y horarios.

«Hoy con las redes sociales podés subir videos, hacer producciones, mostrar todo lo que tenés, es una gran ventaja y la clientela aprecia eso. Por supuesto que lo presencial no se pierde y te das cuenta con esto de la cuarentena de que la gente tiene la necesidad de salir y ver y probarse. Son todos cambios que se dieron de repente y cosas que no esperábamos pero lo importante es adaptarse y seguir siempre con la misma atención».

Mientras se prepara para la apertura del local en el nuevo horario «de la siesta», Claudia no deja de contar anécdotas y sonreír. Su lugar en el mundo es entre cajas, tacos, diseños y productos de indumentaria, una tradición que se mantiene vigente y parece mirar mucho más allá. Caminando con paso firme y cómodo.