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Construyeron su casa sobre una loma

MATRIMONIO SANTARROSEÑO ENCONTRO LA PAZ EN LA ZONA RURAL DE WINIFREDA

Existen muchos lugares para construirse una casa. Los terrenos urbanos, por ejemplo, son uno de ellos y casi los más habituales. Sin embargo, un matrimonio santarroseño rompió el molde y montó su vivienda prefabricada encima de una loma, en la zona rural. Un especialista les confirmó que la elevación se encuentra a 168 metros sobre el nivel del mar.
El acogedor hogar está a la vista de todos los que circulan por la ruta nacional 35 y dirigen su mirada hacia el predio rural de 16 hectáreas. Parece enorme, es porque linda con otros campos. Está ubicado a unos 5 kilómetros al sur de Winifreda. En ese sitio natural y descampado Aníbal Cenizo (63 años) y su esposa Alicia Pérez, encontraron la paz y el silencio que tanto buscaban y así le escaparon al ruido de la ciudad capital.
Cuando el cronista de LA ARENA fue a visitarlos, debió abrir una tranquera y después transitar por una huella de 300 metros hasta ascender a la loma donde se encuentra el inmueble. El matrimonio se genera su propia energía con pantallas solares y trata los desechos cloacales con biodigestores. Mientras Cenizo reseñaba su vida su señora barnizaba muebles. El hombre contó que es titular de una empresa proveedora de servicios de mantenimiento y recursos humanos.
Su vinculación con Winifreda comenzó en 2010 cuando le prestaba servicios a la planta de Camuzzi Gas Pampeana. Era la época en que camiones cargaban el fluido y lo transportaban hacia otras localidades. «Llegaba de madrugada y veía bicicletas apoyadas en los cordones. Enseguida me gustó la localidad y su gente. Ya con mi señora teníamos intenciones de irnos de Santa Rosa para vivir más tranquilos en un pueblo. Recorrimos Quehué, Anguil, Ataliva Roca hasta que finalmente elegimos Winifreda», señaló.
Adquirió un terreno de grandes dimensiones en un loteo ubicado en la calle Alsina. Allí se construyó su primera casa prefabricada y en el patio un amplio salón. Tiempo después a una vecina le intercambió la tierra urbana con la edificación -en total 130 metros cuadrados- por 16 hectáreas «peladas», ubicadas a la vera de la ruta 35.

Prefabricada.
Enseguida lo sedujo la loma con suelo de tosca. «Uno de los primeros debates que tuvimos con Alicia fue que ella quería que la casita estuviera en el bajo, al lado de un caldén, mientras mi posición era construirla en la loma», recordó y no hizo falta que agregara la postura que triunfó. Le encargó una prefabricada de 56 metros cuadrados a una empresa y después el albañil winifredense Emmanuel Guittlen hizo la platea y la revistió.
«Los técnicos se adaptaron a lo que yo quería: madera más larga y ancha para darle mayor fortaleza, doble vidriado, entre otras cosas», indicó. La estructura se compone de comedor, living, dos dormitorios y baño.
Sus afines le comentaban que la vivienda por su ubicación no iba a soportar vientos intensos. «Cuando llegó la primera tormenta con Alicia nos subimos a la combi y nos quedamos en la tranquera. Pasó el ventarrón y la casita quedó firme. Después soportó cuatro temporales más sin problemas. Tampoco tiene filtraciones», relató contento.
En el techo están colocados seis paneles solares que abastecen con energía a todos los artefactos hogareños, luminarias interiores y exteriores incluso a una bomba sumergible que extrae 2.600 litros de agua por hora. «Es buena cantidad pero la calidad es malísima, muy salada», apuntó.
Su plan es instalar un equipo desalinizador y un ablandador de agua que reduce calcio, magnesio y sales. Mientras tanto consumen agua en bidones y la suministrada por la bomba la usan para higienizarse y lavado de ropa. El silbido del viento se siente en la cocina. «Es porque están abiertos los postigos entonces entra la correntada», dijo. Cuentan con Internet inalámbrico provisto por la Cooperativa de Winifreda. Como medida de seguridad colocaron cámaras con sensores y una alarma configurada con un celular.

Biodigestores.
Cuando salimos al patio Cenizo muestra un horno de barro que diseñó el constructor Guittlen. Además plantó 50 álamos -agregará 20 más- y 18 pinos. Actuarán como cortina contra los vientos.
A metros de la casa dos tanques plásticos de 750 litros cada uno están enterrados a la misma altura que la cloaca del baño. Son los biodigestores que convierten la materia fecal en estado líquido ideal para el riego de los árboles.
Planifica sembrar alfalfa en las 16 hectáreas y es consciente que nunca podrá usar agroquímicos. «Me preocupa que fumiguen en los alrededores, pero hasta ahora no he tenido problemas con los vecinos», aseguró. La loma lo atrae porque «siempre me gustó el horizonte, el amanecer y el atardecer. Es muy agradable verlos desde esta altura».
Finalmente confió: «La primera vez que vinimos con Alicia era todo yuyo, nos hicimos reparo con la combi y tomamos unos matecitos. Ahora ya estamos viviendo cómodos, contentos y felices».

Ex empleado de Alpargatas.
Aníbal Cenizo trabajó en Alpargatas (ex Calzar), la planta fabril de Santa Rosa que el año pasado cerró definitivamente. Entre 1984 y 2000 se desempeñó como jefe de seguridad. “En ese período suspendían y despedían personal y a los que quedábamos nos pagaban cuando querían. Llegó un momento en que me debían seis meses de sueldo, aguinaldo y vacaciones. Soy martillero público y como tenía una inmobiliaria me la rebuscaba entonces me consideré despedido”, rememoró.
Nueve años después terminó cobrando los salarios atrasados negociando actualizaciones con la empresa. “Cuando entré estaban terminando de armarla, estuve a cargo de la selección de personal cuando llegó a tener una dotación de 2.200 personas. Es una lástima que haya cerrado, me sirvió mucho de experiencia para mi futura actividad laboral”, como titular de una empresa proveedora de personal.
Recordó, además, que su primer empleo lo consiguió a los 19 años en el Servicio Penitenciario Federal en Buenos Aires y luego fue trasladado a Santa Rosa. Cuando se retiró del SPF tenía 28 años. Años después ingresó a la ex Calzar.