Crisis no llegaría a locales pampeanos

CIERRE DE SUCURSALES EN LA CADENA MUSIMUNDO

Detrás de Musimundo hay una compleja ingeniería societaria que administra la franquicia, compuesta por dos firmas que no se relacionan de manera directa entre sí. En los últimos días cerraron 18 sucursales.
JUAN PABLO VIETA
En principio, el difícil momento por el cual atraviesa la cadena de ventas de artículos para el hogar Musimundo, que derivó en el cierre de dieciocho sucursales en los últimos días, no alcanzaría a comprometer las operaciones de los locales radicados tanto en Santa Rosa como así también en General Pico.
Sucede que detrás de Musimundo se erige una compleja ingeniería societaria que se encarga de administrar la franquicia, y que está compuesta por dos firmas que no se relacionan de manera directa entre sí.
Musimundo arrastra un historial tormentoso a nivel comercial. Concursada en el año 2001, fue adquirida por el Grupo Pegasus en el año 2003, el mismo que integra el vicejefe de Gabinete, Mario Quintana, y que comanda los destinos de las marcas Farmacity y Freddo, y posteriormente vendida a parte del Grupo Megatone en el año 2011.
Este conglomerado está integrado por las firmas Bazar Avenida SA, Electrónica Megatone SA y Carsa SA. Estas últimas dos son las que le compran a Pegasus la marca Musimundo por 15 millones de dólares.
Originariamente, Musimundo contaba con 254 sucursales, de las cuales 124 son propiedad de Carsa SA y 130 corresponden a Electrónica Megatone SA. Las dos sucursales pampeanas pertenecen a Electrónica Megatone SA, cuyo balance afortunadamente goza de buena salud.
En este sentido, si bien el último balance de Carsa SA también es aceptable, cabe destacar que declaró ventas totales a agosto de 2017 por 6.612 millones de pesos y una ganancia neta después de impuestos de 22,8 millones de pesos; la deuda que arrastra la compañía es ingobernable.
A febrero de 2018, el 90% del total de la deuda eran Obligaciones Negociables (títulos de deuda) por un monto de 3.215 millones de pesos.

Cesación de pagos.
El pasado lunes 4 de junio Carsa SA incumplió con el pago de 116 millones de pesos correspondientes a una de las Obligaciones Negociables que vencía ese día, algo lógico teniendo en cuenta que el viernes 1 de junio presentó el pedido de apertura de la convocatoria de acreedores.
Como consecuencia de ello, la calificadora de riesgo Fitch Ratings le bajó la nota a Carsa SA a “D”, siguiendo el mismo camino que ya había adoptado el jueves 31 de mayo al bajarla desde “A2” a “A3”.
Desde la compañía señalan extraoficialmente que el duro momento por el cual atraviesan se debe a los efectos de un cóctel fatal compuesto por tres ingredientes nefastos: la caída de las ventas, el aumento de los costos de logística, y también de los costos fijos, alquileres, luz, y gas fundamentalmente.
La crisis de la firma trascendió públicamente el 21 de mayo, cuando esta comunicó a la Bolsa de Comercio de Buenos Aires que había decidido “discontinuar algunos puntos de comercialización, cuyas ventas no aportaban los niveles de rentabilidad que la situación demanda, liberando así requerimientos de capital de trabajo”.
En otro párrafo de la misiva que Carsa SA envió al mercado bursátil, agrega en referencia al cierre de sucursales que “la medida contribuye a aliviar la situación financiera de la sociedad en un contexto de alto costo de endeudamiento”.