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Crónica de un hombre sencillo

EX EMPLEADO SE JUBILO E INSTALO UN PUESTO CALLEJERO

Sentado en una silla plástica, el hombre espera tranquilo la llegada de los clientes. Casi podría decirse la «pasada» de potenciales compradores de su mercadería, porque ha instalado su puesto callejero en la esquina de 1º de Mayo y Salta, justo en la vereda del conocido chalé «La Nena», apenas del otro lado de la vía en Villa Tomás Mason.
Llega entre las 9 y media y las 10 de la mañana, y permanece poco más de dos horas en el lugar. Allí, en un atril-exhibidor expone la mercadería: salames de distintas especies, y deliciosas bondiolas que vende en buena cantidad. Algunos chacinados colgados en el exhibidor, otra mercadería que conserva en dos heladeritas de plástico, y algunas docenas de huevos para ofrecer, constituye la mercadería que expone a la venta.
«¿Cómo se me ocurrió? Paso habitualmente por allí con el auto, y pensé que al muchacho que vende pan casero en esa esquina no le iba a molestar, así fue que le pregunté y me dijo que no tenía problemas, y al otro día empecé. Si se piensa un poquito es un buen complemento, porque el que compra mis salames y bondiolas también por allí le viene bien y se lleva un rico pan casero», explica Néstor.

Chofer, ahora jubilado.
Néstor Eduardo Gallego, «El Negro» para todos los que lo frecuentan es un santarroseño ampliamente conocido porque fue chofer de la Provincia durante casi 40 años, hasta su jubilación el año anterior. Acostumbrado a andar por el interior -fue chofer de Obras Públicas y últimamente de la Secretaría de Recursos Hídricos- hizo infinidad de viajes, especialmente a parajes alejados del oeste pampeano, llevando en comisión a funcionarios y empleados de distintas reparticiones.
El «Negro» se encontró con que un día su vida cambiaría radicalmente: fue cuando cayó en la cuenta que ya no tendría que presentarse cada mañana en la oficina, y que los viajes se terminaban. Llegaba el momento de decir adiós a su rutina de tantas décadas.

Las cosas cambian.
Cabe señalar que, cuando alguien se retira -como lo tocó a él-, deja de percibir cualquier otro emolumento que no tenga que ver estrictamente con el haber mensual de un jubilado. «Yo tenía además del sueldo un ingreso interesante en concepto de viáticos, porque siempre viajé mucho, y eso se terminó…», expuso.
Así las cosas, esta cuestión, sumada a la cantidad de horas de que dispone en estos momentos, lo llevó a pensar alternativas. «Hace más o menos dos años empecé a traer fiambres de Córdoba, y vendo en distintos lugares. Y ahora se me ocurrió que ponerme en esa esquina algunas horas puede ser redituable», sonríe al brindar la explicación.

De frigorífico.
Todavía algunos se sorprenden de verlo instalado allí, pero de a poco se va convirtiendo en parte del paisaje cotidiano en ese sector de la ciudad. Y está bien: si hay crisis que no se note. O en todo caso hacer cosas para que se note lo menos posible.
«Ah! Eso sí, agregá que la mercadería que vendo es toda con etiqueta, directamente de frigorífico, no es cuestión de exponerse a problemas», cerró mientras atendía a alguien que llegaba ávido por llevarse unos buenos salamines.