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De General Pico a Alaska

«Estoy en Huanachaco, un pueblo de la costa peruana… en la playa mirando el atardecer en el Pacífico y tomando mates con un amigo que conocí en Cafayate y que volví a encontrar aquí». Brian Alanís ha recorrido en este raid que lo conduce a Alaska más de 6.000 kilómetros, que se suman a los 7.000 que había desandado tiempo atrás entre su ciudad natal, General Pico, y Ushuaia.
Ya se ha mostrado en estas páginas sobre la aventura de Brian, y ahora -en estos tiempos que la tecnología lo permite-, realizó una pequeña reseña de lo que viene haciendo: «En Argentina la última ciudad que toqué fue La Quiaca, de allí crucé a Villazón, en Bolivia. Después con un amigo del País Vasco pedaleamos hasta el Salar de Uyuni, que dicen es el más grande del mundo…».

Rebuscándoselas.
Si bien llevaba algunos pesos, el muchacho cuenta que además vende postales que lleva consigo, «hago también algunas artesanías, y lo cierto es que la gente se copa con nosotros y nos ayuda… he participado en ferias donde me dejaron colocar el mantel y vender lo mío… y en algún caso hasta nos dieron de comer… no me puedo quejar», señala.

En la ciudad de La Paz.
El joven siguió en su bicicleta hasta el Altiplano, conoció La Paz -poco antes de los convulsionados días de noviembre-, «luego fui al lago Titicaca y crucé a Perú, donde entré por la región de Puno, hasta Cuzco… ahí la gente es muy parecida a la boliviana, las mismas costumbres, los rasgos parecidos».

La maravilla.
En Cuzco, naturalmente una ciudad muy turística, visitó lugares incas, la montaña «Siete Colores» y se dio 2el gusto de ir a Machu Picchu, una de las siete maravillas del mundo». Ya partiendo de la antigua ciudad incaica se unió a otros argentinos -dos chicas y un muchacho-, y con un colombiano: «Hicimos la sierra peruana hasta otras ruinas famosas, el Choquequirao… ahí nos separamos y me fui para Ayacucho… agarré para el lado de la costa peruana y llegué al oasis Huacachina…». Más tarde arribaría a Lima, y con otro ciclista desde la capital peruana pedalearon hasta Trujillo y pasaron por el famoso «Cañón del Pato».

El pasaje por Bolivia.
El periplo continuó por tierras peruanas, donde Brian pudo advertir que «la gente es más cálida, más amable, y si puede te ayuda. En cambio en Bolivia es más fría… Lo único malo aquí en Perú son los carros (autos) que andan súper rápido, y son muy malos manejando… van todo el día tocando bocina y son un peligro, pero por suerte no he tenido problemas», cuenta.
Ante una pregunta señala que cuando pasó por Bolivia «la cosa no estaba tan pesada… pero al pasar por Uyuni pude ver que había manifestaciones, no abrían los negocios; casi parecía un pueblo fantasma y decían que querían sacar al intendente… En La Paz también se veían las calles cortadas por los mineros», pero nada hacía prever que días más tarde iban a voltear a Evo Morales. «Me enteré cuando ya estaba en Perú…», afirma.

El Salar de Uyuni.
Brian Alanís se mostró maravillado por el Salar de Uyuni… Un magnífico paisaje, que además significa una enorme riqueza para Bolivia. Está en medio de los Andes, en el sur de Bolivia, es el legado de un lago prehistórico que se secó y dejó un paisaje desértico de 11 mil kilómetros cuadrados de sal blanca brillante, formaciones rocosas e islas con cactus.
Se trata de la mayor reserva de litio del mundo: con 21 millones de toneladas del llamado «oro blanco», probablemente más del 50 por ciento de la reserva global. Cabe mencionar que la industrialización del litio era una de las principales apuestas del gobierno de Evo Morales antes del golpe de Estado en Bolivia. Recuérdese que Evo mostró, apenas semanas antes del golpe, el primer auto eléctrico fabricado íntegramente en su país.
Brian contó que el lugar «es impresionante… En Uyuni está además el famoso cementerio de trenes, donde nos encontramos con otros varios viajeros en bicicleta que coincidimos allí. Algo para mostrar en fotos y un gran recuerdo», expresa.

Un raid anterior.
Explicó que «todo va más o menos como lo había planificado, y espero conseguir mi objetivo de llegar a Alaska», confía mientras va traspasando fronteras y recorriendo países. Hay que decir que tiempo atrás también hizo un extensísimo itinerario pero esa vez hacia Ushuaia, obviamente siguiendo el sueño de recorrer el país montado en una bicicleta. Esa vez partió desde General Pico, pasó por Río Colorado en Río Negro; después por Las Grutas por ruta 3 hasta arribar a Río Gallegos; pasó a Chile y llegó a Tierra del Fuego. Hizo, según calculó, casi 7.000 kilómetros. Casi podría decirse la primera etapa de su «loca» ocurrencia.

Rumbo al norte.
El pibe que estudiaba Ciencias Económicas en Santa Rosa, y que por ahora postergó su carrera, partió de La Pampa el pasado 21 de junio. Brian había dejado también el trabajo que tenía en un supermercado -«ahí junté algunos pesos para esta aventura», contó-, y partió para cumplir con su hermosa aventura. Pedaleando… y pedaleando. Hasta llegar a Alaska.