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De Río Negro a Perú en bici

JOVEN CANTA "A LA GORRA" EN EL CENTRO SANTARROSEÑO

De vez en cuando se ven personas que concitan la atención de quienes se asumen como formales, quizás sensatos. Son artistas callejeros que van de aquí para allá con la sola pretensión de ser felices.

El hombre barbado rasga su guitarra y modula una canción de su propio repertorio. Entrecierra sus ojos y se entrega a la cadencia de la música, mientras la gente lo mira con curiosidad. «Me llamo Pablo Ramón (29), y llegué hace unos días a Santa Rosa… vengo desde Cipolletti en bicicleta», señala hacia el antiguo rodado que tiene apoyado contra una columna.

Al lado de los cajeros del Banco de La Pampa, sobre calle 9 de Julio, Pablo desgrana algunas canciones, y conversa animadamente con algunos transeúntes, y hasta le presta su instrumento de cuerdas a uno de los que circulan por allí y también se anima con una canción.

El cabello largo oculto en parte debajo de un sombrero, la barba larga y renegrida, la camisa abierta por encima de una remera, y la guitarra apretada contra su pecho… el joven habla con voz baja, tranquilo, sin apuro. «Vengo en bicicleta desde mi provincia, y mi mujer y los dos chiquitos mellizos vienen a dedo. La idea que tenemos es recorrer de aquí hacia el norte: vamos a tocar algunos pueblos, como Winifreda, General Pico, pasaremos por San Luis, y de ahí a La Rioja, Catamarca y siempre hacia el norte para llegar hasta el Perú. Esa es la meta…», dice y se queda mirando al interlocutor.

«¿Todos un poco locos?».
Cuenta que él es de Cinco Saltos (Río Negro), y su compañera Ayelén Audisio (42) de Cipolletti. Más tarde, después de Pablo actuar «a la gorra» en el centro de la ciudad por la mañana, la familia confluye en el Centro Recreativo Don Tomás, donde armó su carpa, para seguir «un día de estos hacia el norte». Allí ambos conversan con un cronista de este diario y cuentan cómo son y cuál es su idea de la vida… «A veces algunos nos miran como si fuéramos locos. ¿Y no será que todos estamos un poco locos?… cada uno debe tener el estilo de vida que prefiera. Nuestra idea es simple, elemental casi -coinciden-, porque sólo queremos ser felices. Sólo eso, ser felices… hacer lo que queremos sin molestar a nadie… No es tan difícil de entender. ¿O sí?», se miran y sonríen cómplices Pablo y Ayelén.

Ella cuenta que tiene otros dos hijos mayores, y ahora andan con los mellizos de cuatro años a cuestas. Casi es el tiempo en que se encontraron para andar la vida juntos… «Siempre andando, conociendo lugares, gente, historias, rescatando música y relatos. Precisamente para hacer música y escribir poesía. Está muy bueno para eso», reafirma él.
Tratan de acomodarse para que uno de los dos se quede con los chicos: «En la mañana sale Pablo a tocar la guitarra y cantar, y a la tarde es mi turno: me paro en algún semáforo y bailo, hago danzas con elementos y acrobacia aérea. Y la verdad es que no nos podemos quejar», agrega Ayelén.

«Yo antes tenía un empleo formal: trabajaba en una empresa de seguridad», cuenta Pablo, y se ríe porque advierte la sorpresa del cronista: «Sí, nada que ver con mi estilo de vida, ¿no?», amplía el muchacho.

«Viento nómade».
«La cosa es que un día nos encontramos y armamos algo de acuerdo a nuestras aspiraciones, una idea a la que le pusimos de nombre ‘Viento nómade’, un proyecto experimental-musical que pretende vincularse además al baile y la literatura… un día nos decidimos y arrancamos: yo desde Cinco Saltos en bicicleta, tranquilo por la ruta, cuidándome, bajando del camino y poniéndome a resguardo cuando aparecen los camiones; y Ayelén a dedo con los mellizos. Nos ponemos de acuerdo en un destino y ahí nos encontramos», cuenta el hombre.

Desde el origen del «viaje» hasta Santa Rosa son unos 450 kilómetros, que obviamente les demandó varios días… «Hasta que llegamos a la Ruta 20 (Ruta del Desierto) y a La Reforma. En realidad evitamos las poblaciones pequeñas, pero esta vez entramos y nos trataron muy bien… actuamos en la plaza y se acercaban mucho los chicos a vernos, y hasta el intendente (Hugo Colado) se acercó a conversar con nosotros», señalan.
Después llegaron a General Acha, «donde incluso» tocaron en un bar. «Hago un poco de todo… canciones propias, pero me gusta el rock nacional, pero también interpreto música internacional, y algo de jazz y folklore», puntualiza Pablo.

«La vida es una locura»
Viven a su manera, tratando de no incomodar a nadie. Cualquier persona más o menos formal dirá que son «dos locos», y ellos sólo sonreirán ante una expresión de ese tipo… «Y cuál es el problema: si en realidad la vida es una locura, y cada uno la transcurre como mejor le viene en ganas y como puede», manifiesta Pablo. «Y además, al final, sólo se trata de ser feliz… eso por lo menos creemos nosotros. Estamos muy contentos de esto que elegimos, y en la medida que podamos vamos a seguir recorriendo ciudades, provincias y países», afirman convencidos.

Decía Antonio Machado, no sin razón, «caminante no hay camino, se hace camino al andar…».