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La magia de jugar

Ingresar a «Dulce Violeta» es entrar a un mundo de juguetes tan creativos como de calidad. Se trata de una marca registrada que Patricia Gangemi y Hugo Arana llevan adelante desde su fábrica en Toay y su local de ventas en Santa Rosa.
Patricia extiende la manta y es difícil abarcar con la vista el despliegue de colores y juegos que desataría la felicidad inmediata de cualquier bebé o beba que tiene todo por descubrir y por jugar. Se trata de una producción «cien por ciento» pampeana y, para su creadora, una más de esa usina de ideas que tiene en su cabeza y que plasma en un emprendimiento que nació por casualidad y que hoy es una referencia a la hora de buscar juguetes de madera y otros artículos con identidad y calidad local.
«Teníamos un negocio de ‘Todo por 2 pesos’ en la calle Unanue y un día una clienta me pidió un almohadón con forma de perro. Yo nunca había hecho ni un dobladillo ni nada, pero lo hice gracias a una máquina de coser que tenía mi mamá y la clienta se fue encantada. Así se empezó a correr el rumor que hacía trabajos personalizados y de repente empezaron a llegar cada vez más pedidos. En solo unos días tenía un stand lleno de muñequitas y así nació Dulce Violeta», recuerda Patricia Gangemi (49) sobre el inicio de una minipyme en la que su marido, Hugo Arana (54), se encarga de los cortes y armados de todo lo que se hace con madera.
En «Dulce Violeta» hay mantas para bebés, acolchados, sábanas, muñecas, veladores, peluches, carpitas personalizadas, catres y moisés para bebotes. También ofrecen toda una línea muy completa de juguetes didácticos, encastres, percheros, mesas y sillas, bancos, rompecabezas, enhebrados. Una lista interminable de productos que entran por los ojos y se usan con los sentidos.
«Hace ocho años que arrancamos. Al principio íbamos a la plaza San Martín los domingos y montábamos un stand y nos volvíamos sin nada, se vendía todo. Hugo empezó a hacer las mesas y las sillas y también se vendían mucho, fuimos a una feria de emprendedores en Pico y se llevaron toda la mercadería que teníamos. Se dio de esa forma, fue un boom, así que al poco tiempo pudimos mudarnos al centro y eso fue un acierto total», apunta Patricia desde su local de la calle 25 de Mayo donde funciona «Dulce Violeta».

Marca registrada.
Los mentores de «Dulce Violeta» viven en Toay y allí tienen el taller. La falta de espacio para todo lo que generan los impulsa a construir un galpón y la proyección de crecimiento, aún con un panorama complicadísimo para la economía del país, también empuja hacia la expansión.
«Desde hace tres años somos marca registrada, todo lo que hacemos es nuestro y bajo nuestra marca, por eso quiero vender en el interior de la provincia y salir hacia otras provincias. He mandado a Misiones, Córdoba, Buenos Aires para clientes puntuales que vieron algo y me encargaron, pero la idea es vender en los locales del rubro, en las jugueterías de otros lugares».
En ese sentido, la empresa de Patricia y Hugo está entre las que podrían ser seleccionadas el martes por el gobierno provincial para participar en la feria «Puro Diseño», que se realizará en la Rural porteña del barrio de Palermo entre el 26 y el 29 de septiembre. Es uno de los eventos más importantes de Latinoamérica y allí se presentan nuevas propuestas de diseñadores argentinos dedicados a la indumentaria, joyería, mobiliario, iluminación, objetos, juguetes y accesorios.
«Estuvimos en las jornadas de capacitación que brindó la Provincia, fuimos más de 20 empresas de La Pampa y solo quedarán seleccionadas seis o siete. Nosotros presentamos la manta para bebés e incluso una representante del INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) nos dijo que ya nos conocía y que había visto por Internet muchas cosas nuestras».

Vidriera.
La repercusión de los productos de «Dulce Violeta» se manifiesta no solo a través de la vidriera del local sino también en los grandes eventos como la Expo Pymes, la muestra más importante de lo que se genera y produce, en distintos rubros, en La Pampa.
«En la edición de este año de la Expo fue increíble el éxito que tuvimos, el domingo de cierre, literalmente, no pudimos ni almorzar. No tuvimos ni un minuto porque la gente nos desbordó. La verdad que anduvimos muy bien y ese tipo de cosas te ratifican tu camino y te dan todo el impulso para seguir con lo que hacés. Es cierto que nosotros no paramos, hacemos horario corrido, sábado y domingo también, damos un plazo de entrega y lo cumplimos. Y la gente que compra, después vuelve».

¿Cómo nacen las nuevas ideas, los nuevos productos justamente en un rubro donde hay tanta competencia?
«Teniendo los materiales, los insumos necesarios, se me ocurren ideas todo el tiempo y las hago enseguida, por suerte tengo esa facilidad para resolver rápido. Yo nunca había agarrado una máquina de coser y de pronto me vi haciendo cosas todo el tiempo, por ahí se trata de descubrir algo que una no pensaba o no sabía que tenía, sobre todo por la facilidad para llevarlo a cabo más allá de la responsabilidad, seriedad y ganas que hay que ponerle».
Entre la multitud de juguetes, telas y colores que ofrece «Dulce Violeta» se destacan las cocinas y casitas de madera personalizadas, una variedad que combina calidad y originalidad y que tienen un sello bien pampeano. «Tenemos tamaños hechos a medida, con ventanas, puertas y con todo el amoblamiento combinado. Trabajamos mucho a pedido, sabemos que para los nenes y nenas es algo que los entretiene y los hace jugar muchísimo, por eso nunca resignamos la calidad, aunque suban los costos, eso no se resigna».