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El adiós a un deportista completo

El fallecimiento de Edgar Angel Monlezun causó consternación entre las múltiples amistades que supo cosechar en tantos años vinculados sobre todo al deporte -donde brilló en diversas disciplinas-, pero también en quienes lo conocieron en la actividad comercial; y obviamente en su vida social.

Quique, como lo conocía todo el mundo, dejó de existir a los 82 años de edad, y su deceso enlutó a la familia que integraba con su esposa Teresa Atocchi, y a sus hijos Edgar Fabián, Edgar Pablo y Carolina Irene, con quienes vivió durante muchos años en su domicilio de calle Perú, entre José Ingenieros y Juan XXIII.

De profesión carpintero fue de los mejores en lo suyo, y marcó en ese aspecto una época en los años ’60, ’70 y ’80. Con el tiempo su experiencia y sapiencia lo llevaron a montar su fábrica de muebles en el Parque Industrial de Santa Rosa.

Aunque se lo vincula con el fútbol de Atlético Santa Rosa -donde no sólo jugó sino que además fue director técnico campeón-; tuvo un pasado brillante con la camiseta del Club Estudiantes, con quien en 1957 se iba a consagrar ganador de la Liga Cultural, en un equipo donde brillaban Bruno Rovito, Eugenio Cosci, Jorge Salas y Héctor Urquiza, entre otros grandes de aquellos tiempos.

Marcador de punta por la izquierda, Quique se dio el gran gusto de salir campeón también con Deportivo Uriburu en 1966, con algunos compañeros como Misiro Cabral, los hermanos Aníbal y Carlos Rechimont, Ricardo Galera y Omar Lupardo.

Pero además fue destacado basquetbolista -en este deporte se puso la de All Boys-, y fue integrante de diversos quintetos de selecciones pampeanas que jugaron torneos nacionales. Y no sólo eso, sino que en sus épocas más juveniles el sótftbol lo tuvo como uno de sus destacados cultores. Fue un deportista de alma, y de los buenos.

De la institución alba fue allegado, socio y dirigente en los dorados años entre los ’80 y ’90, y era habitué de los partidos de Atlético en el Mateo Calderón, y en la platea oficial «Nikito Susvielles» se lo podía ver con su característica gorra y su ponchito marrón en las tardes inclementes del invierno.

Se fue Quique Monlezun, una gloria de nuestro deporte lugareño y un muy apreciado vecino.