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El calvario de vivir amenazada

JOVEN DENUNCIA A EX PAREJA QUE TIENE RESTRICCION Y TOBILLERA ELECTRONICA

Romina cuenta cada detalle y cada situación la lleva a otro episodio donde siempre se entremezcla la violencia, el acoso, el miedo. Convive a diario con ese combo explosivo y lo que pide es «ser escuchada» y que «la justicia actúe de una vez por todas» contra un hombre que la llevó a un lugar del que quiere salir, del que quiere escapar. «Ya no me puedo callar más», dice cansada pero decidida.
Romina González tiene 33 años y estuvo durante 11 años en pareja con Eduardo Watson. Tienen una hija menor en común y toda una historia marcada por la violencia, las denuncias y las amenazas. En la actualidad el hombre tiene una restricción de mil metros para acercarse a la joven y su hija y también una tobillera electrónica, pero el acoso es día a día. En toda situación y lugar.
«Yo tenía 20 años cuando me puse en pareja con él, que en ese momento tenía 40. Estuvimos mucho tiempo en pareja y fueron 11 años de violencia. Estuvo condenado, salió, y volvimos a estar juntos, pero hace tres años volví a denunciarlo y ahí le impusieron la restricción, una medida que él violó y me siguió acosando, y luego la tobillera. Pero así y todo no para, me acosa a mí, a mi familia, a todo mi entorno. Yo ya no quiero vivir así, mis hijos necesitan tranquilidad. El es un hombre muy violento y mucha gente lo conoce», le cuenta Romina a LA ARENA.
«Lo que yo pido es que la justicia actúe, ahora cuando voy a Fiscalía o a la comisaría de la calle Güemes (en referencia a la Unidad Funcional de Género, Niñez, y Adolescencia) no me toman las denuncias. El tiene cientos de denuncias pero nunca llegamos a nada. Es un acoso constante, aun teniendo el dispositivo me saca fotos y las sube a sus redes y dice cualquier cosa: que somos drogadictos, pedófilos… No deja en paz a nadie. Yo ahora estoy en pareja y también lo acosa, lo tuvo que denunciar porque (Watson) dijo que le estaba pegando a mi hija cuando ella en ese momento estaba conmigo en la psicóloga. Una locura total».
Romina, que trabaja en una oficina pública y allí también suele padecer algunas escenas de acoso y amenazas, llegó a esta redacción en compañía de una de sus hermanas, de 17 años.
«A mí también me denuncia con cualquier cosa, no me deja en paz. Me ve con mi novio tomando tereré y dice que me estoy drogando o lo que se le ocurre. Saca fotos y hace posteos en sus redes, algo que no podría. No sé como hace pero averigua todo, sabe en dónde estamos, con quiénes; es una persecución terrible y aunque lo denuncies nunca llegás a nada», lamentó la adolescente.

Autos incendiados.
El relato de Romina abunda en detalles y multiplica situaciones. «Me prendió fuego dos autos, uno al otro día que lo había comprado. Cuando fui a hacer la denuncia me preguntaron si no tenía cámaras de seguridad. Y… no. No tengo cámaras. Un 24 de diciembre me pegaron muchísimo, yo trabajaba en una zapatería en pleno centro de Santa Rosa y vino un grupo y me pegaron ahí mismo. A veces no va él, pero manda a otra gente. Mis primeras denuncias recuerdo que desaparecieron, él tiene muchos amigos policías y lo que pasa también es que mucha gente tiene terror de declarar porque se sabe lo que viene: el acoso, las amenazas, el hostigamiento».
Romina se siente desprotegida. Sabe que las medidas no alcanzan y la amenaza está siempre ahí, agazapada. «Cuando digo que tengo cero protección, te dicen que más de esto no se puede hacer en lo penal que es poner la tobillera, pero algo se tiene que hacer porque no puedo vivir así, no puede ser que se pueda manejar con esa impunidad. Para mí no está nada bueno tener que hablar de mi vida privada y la miseria que una pasó, yo y mis hijos y mi familia, pero no queda otro camino. Yo trabajo en una oficina pública, estoy bárbaro, una trata de hacer todo bien pero llegás a tu casa y todos los días es un problema nuevo con este hombre».

«Miedo a todo».
Pese al calvario que vive desde hace tiempo y a las situaciones terribles que atravesó, Romina está decidida a dar la cara. Y por eso se expone. Para tener esa cobertura y cuidado que reclama junto a su familia.
«El tiene poder de manipularte y mucha sabe que es así, nosotros lo que buscamos es que la justicia nos de al menos la atención de escucharnos y hacer algo con este hombre que no para nunca, que alguien tome cartas en el asunto y tengamos justicia, no se puede vivir así. Los chicos no se merecen vivir así, tengo miedo de todo, si una amiguita invita a mi hija a su casa me da terror porque él puede aparecer aunque tenga la restricción, así que mi hija está todo el día conmigo. Sé que no vamos a vivir toda la vida con un dispositivo, pero hoy casi tengo que pedir permiso para ir al centro porque él vive por ahí y adónde vas te saca foto y te denuncia con cualquier cosa. A mi psicóloga que tengo desde hace nueve años también la denunció, para él todo lo que está cerca de mí es una porquería».
Romina no pierde la entereza y reclama. Pide ayuda. «Hay tantas marchas, tantas instituciones y tantas cosas por las mujeres y resulta que terminás estando sola, la justicia en realidad no actúa. No me dan el amparo frente a esto. Y así nunca se puede vivir en paz».