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El centro casi sin perros

"SACÁ LA MANO Y PONE UN TACHO DE AGUA Y COMIDA"

Los perros en las calles han sido una preocupación desde hace bastante tiempo para los santarroseños, pero en estos tiempos de pandemia naturalmente la zozobra que nos inquieta a todos viene por otro lado. Y por supuesto esa intranquilidad es infinitamente superior a la presencia canina que antes nos inquietaba.
Pero esta época de aislamiento obligatorio lo cambió todo. Se modificó la postal de la ciudad, y ya no se ven sus bares abiertos, ni sus comercios con la gente comprando, ni el deambular de los vecinos para ir a sus lugares de trabajo, o a realizar los trámites que pudieran hacer falta.
La ciudad está vacía… y tampoco se observan los perros en manada correteando por el centro de Santa Rosa… persiguiendo un auto o una moto, y de vez en cuando mostrando sus dientes a algún transeúnte.
Hoy, algún que otro perro merodea remolón -sin darse cuenta que ya no hallará ni agua ni comida-, en esa soledad que gana las calles y que sólo interrumpe cada tanto el tránsito de un vehículo de alguien que va a la farmacia, o a cumplir alguna tarea para la que está autorizado.
Quizás por eso, porque casi nadie circula y no existe la posibilidad de encontrar alimentos, ya casi no quedan animales en el centro capitalino.

Otros animales.
Salvo la curiosidad -como pudo verse hace un par de días- de varios caballos al paso por pleno centro de Santa Rosa. Es que los animales -ante al abandono de las calles por parte de los humanos- van ganando territorio. Y si no que lo digan en Eduardo Castes, donde también en arterias generalmente muy frecuentadas y ahora vacías, se encontró nada menos que con un puma que caminaba sigiloso.
Cualquiera que despierte temprano por estas horas, escuchará un trinar de pájaros con una claridad que no se advertía hace algún tiempo. Quizás porque las aves parecerían andar como más libres ante el aislamiento de los humanos; o porque no se oye el sonido rumoroso de la ciudad en movimiento.
En la capital provincial es habitual la queja de los vecinos por la presencia perruna, que incomoda a más de uno. Pues bien, hoy los pocos que se dejan ver se pueden contar con los dedos de una mano, y se acercan a algún que otro vecino que hace la cola en un supermercado, o en una farmacia o un cajero, pero nada más que eso. No faltará el que indulgente la pasará la mano por el lomo a modo de caricia, pero poco más.
Por eso la pregunta cabe: ¿cómo se alimentan hoy los perros de la calle?

Agua y alimento.
Rita Soublé, referente y voluntaria de Apani (Asociación Protectora de Animales) -la presidenta es Paola Risso-, explicó: «nosotros conseguimos un permiso para ir al ‘refugio’ (el predio de la entidad donde se albergan), y pudimos darle de comer y agua a los 250 perros que hay ahí».
«Al refugio llevamos alimento balanceado y les llenamos los recipientes de agua y comida. En los barrios hemos visto que hay agua, y algunos recipientes; pero en centro, al estar los comercios cerrados nos generó una gran preocupación. Porque habitualmente la gente iba y abría el negocio y les ponía un tacho de agua y un poco de comida», agregó Soublé.
En otro momento sugirió que «con la precaución necesaria podría ser que los vecinos, con guantes y barbijos, pongan un poco de comida para perros y agua para los pocos que andan ahora. Es más, se puede hacer sin salir de sus viviendas con solo sacar la mano y poner un balde y algo de alimento. No se precisa ser ni rescatista ni proteccionista, e igual se puede cuidar al perro en situación de calle. Si todos hacemos un poquito eso tranquilamente va a estar alimentado».
La Municipalidad, en tanto, puso en marcha el programa «Perro en Casa», que busca concientizar al vecino sobre la importancia de mantener sus mascotas dentro de sus hogares.