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«El cielo de La Pampa es distinto»

CUANDO DIEGO MARADONA ENTRENO EN SANTA ROSA

Diego Maradona, considerado el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos, falleció ayer y más que nunca se recuerda cuando estuvo entrenando una semana en el campo El Marito, enclavado a pocos kilómetros de la ciudad de Toay.
«Durante las noches, en este cielo las estrellas son grandes y más brillosas. El cielo de La Pampa es distinto, tiene un color que en Buenos Aires no lo vemos», le comentó Diego Maradona a un cronista de LA ARENA. Fue en la mañana del sábado 16 de abril, dos horas antes de brindar la conferencia de prensa en ese campo, propiedad de don Angel Rosa, en donde seis días antes se había instalado junto a su equipo de trabajo para entrenar con miras al Mundial de Estados Unidos, que se disputó dos meses después.
Maradona, que había hecho amistad con don Rosa durante unas vacaciones en la playa bonaerense Marisol, cerca de Reta, llegó el domingo 10 de abril junto a un grupo de colaboradores, entre ellos el representante de ese entonces, Marcos Franchi. En tanto que su padre», Don Diego, y el entrenador Fernando Signorini habían arribado un día antes para tener todo acomodado.
Apenas el capitán del seleccionado argentino bajó del avión, se encontró que un millar de personas lo esperaban en el aeropuerto y sus alrededores eufóricos para saludarlo. Fue el comienzo de una semana que revolucionó la capital pampeana, días en que niños, jóvenes y adultos lo seguían a todas partes para verlo, pedirle autógrafos o fotos.
La rutina de Maradona, que había sido planificada por el reconocido médico deportólogo de Buenos Aires Néstor Lentini, consistía en nadar en el club All Boys, hacer gimnasia en Tiempo Libre del profesor Omar Lastiri y practicar boxeo en el gimnasio de Miguel Angel «Zorro» Campanino. Además, Signorini incluía salir a correr por caminos y senderos del campo y jugar partidos de fútbol.
Los medios periodísticos de esta provincia y nacionales hicieron guardia religiosamente en cada lugar en donde llegaba el astro, pero fue en el gimnasio de Campanino en donde uno de los periodistas de LA ARENA tuvo el privilegio de ingresar y observar cada movimiento del jugador, inclusive este medio logró el permiso para sacarle algunas fotos durante una sesión de guanteo.
Maradona ingresaba a lo de Campanino siempre por el mismo lugar, el living de la casa. Permanecía alrededor de una hora. De buen humor y con singular entusiasmo, esperaba ansioso que el «Zorro» lo vendara y le colocara los guantes, el cabezal y la cuclilla para iniciar con el entrenamiento. Los asaltos eran intensos, y casi siempre finalizaban con un Maradona lanzando una seguidilla de golpes, como no queriendo terminar la práctica.
«Diego tiene una pegada potente. Si se hubiera dedicado al boxeo, tendríamos otro campeón del mundo, de eso no tengo dudas», solía manifestar Campanino, que hacía de sparring.

La llegada de Claudia.
El único día en que Maradona rompió con la rutina de entrenamiento fue el jueves 14 cuando llegó su esposa Claudia Villafañe y sus hijas, Dalma y Gianinna. Y ese momento también fue vivido en exclusiva por el cronista de este diario.
Maradona recibió a su familia en el living de Campanino e inmediatamente dio la orden de que todos sus colaboradores se fueran al campo, que él se iba a encargar de manejar el Mercedes Benz para llevar a su esposa e hijas. El único que permaneció en ese momento observando todo lo que sucedía fue Franchi, que se ocupó de despejar la salida del famoso matrimonio.
En medio de la emoción y los abrazos, el futbolista le explicó a su esposa cómo habían sido sus días hasta ese momento, y si bien admitió que había sido abrumado por la gente, terminó elogiando a los pampeanos. «Papá ahora los lleva a un lindo campo», le dijo Maradona a sus hijas, al tiempo que le recordó al periodista de este medio que el sábado, sobre el mediodía, se realizaba la conferencia de prensa en El Marito. «Marcos (Franchi), el muchacho de LA ARENA puede ir el sábado a la mañana. Que vaya más temprano», dijo el «Diez».

Conferencia.
El sábado se llevó a cabo la tan esperada rueda de prensa. Fue una jornada soleada, de agradable temperatura y sin viento. Cuando llegó el cronista al campo, alrededor de las 10, Maradona estaba corriendo junto a «El Mudo», un amigo de la familia, mientras que su padre, Claudia, las nenas y sus asistentes lo esperaban a la sombra.
La estrella del fútbol mundial arribó sonriendo, feliz. Inmediatamente después se puso a pegarle a la pelota, con la participación de Dalma y Gianinna, que le decían en donde tenía que ir dirigido cada tiro. Luego se fue a bañar y se afeitó en el patio, con el espejo colgado de un árbol. A los pocos minutos, Maradona se sentó y se puso a conversar con el enviado de este medio, y surgió la invitación para el partido del domingo.
«Durante las noches, en este cielo las estrellas son grandes y más brillosas. El cielo de La Pampa es distinto, tiene un color que en Buenos Aires no lo vemos», reflexionó Diego, para luego recibir a los periodistas frente a una mesa debajo de un pino para responder a cada una de las preguntas.

El partido.
El domingo fue un día totalmente distinto al sábado. La temperatura subió y sopló mucho viento. Después del mediodía, Maradona fue a visitar una escuela rural y a su regreso se armó el picadito con la presencia de LA ARENA.
En un potrero ubicado al lado de la casa del establecimiento, se armó la cancha colocando dos arcos pequeños, tal como había sucedido durante la semana. Fue en ese lugar en donde el capitán del seleccionado nacional disputó su último partido (cuatro contra cuatro), con varios pampeanos, como Ricardo Lastiri, Miguel Díaz, el puestero y los periodistas de LA ARENA Claudio Dezeo y Elio Mira.
Maradona mostró su talento en cada maniobra con la pelota pegada al pie y asistió a sus compañeros de forma brillante, como la que derivó en el gol de Elio. Al finalizar, el genio del fútbol tuvo su último gesto: le pidió a los periodistas que se quedaran a comer los sanguches, pero fue imposible por el horario.