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El colegio, una gesta de los vecinos

EL INSTITUTO PRIVADO JULIO NERI RUBIO COMPLETA SU AMPLIACION EDILICIA

Con los trabajos para construir platea y contrapiso comenzará hoy la última etapa de ampliaciones del Instituto Privado Julio Neri Rubio, una de las instituciones más entrañables de Lonquimay, nacido hace casi 40 años como resultado de la convicción, entusiasmo y tenacidad de sus vecinos. «Lanzamos una campaña de socios y colecta de donaciones, actividades de recaudación que siempre funcionan, porque el colegio secundario es una obra comunitaria que cuenta con la absoluta solidaridad de los vecinos y el apoyo de las autoridades», cuenta su directora, Vanesa Carnicelli.
La tercera y última parte consistirá en una edificación de 460 metros cuadrados que completará la mitad faltante de SUM y sumará más aulas de estudio, un espacio para reuniones y sala de comunicaciones. «Para iniciar la obra resultaron muy importantes una donación del concejal Raúl Fernández para comprar materiales y el apoyo del municipio, que aportará la mano de obra». Y también renovarán el acceso principal sobre la calle Estrada.
La directora es egresada del colegio, al igual que gran parte de sus docentes. «Hay un sentido de pertenencia muy fuerte y un enorme vínculo afectivo, que estimulan un trabajo colaborativo» argumenta. Junto a Nélida Susana Rivas, representante legal del instituto, recuerdan que esa relación con el vecindario proviene de sus orígenes, en 1982, cuando algunas familias comenzaron a impulsar la creación del secundario.

Una obra vecinal.
Hasta entonces, los chicos de Lonquimay tenían que asistir al secundario de Catriló u otras localidades. Hicieron innumerables esfuerzos para materializar su sueño: «campañas de socios, rifas, loterías, almuerzos, ferias de platos, cenas con espectáculos». Y también soportaron múltiples voces de desaliento, incluyendo la ironía de algún funcionario provincial: «si quieren secundario, pueden dar clases en la plaza del pueblo» les dijo.
Lejos de amilanarse, el 4 de enero de 1983 firmaron el acta constitutiva durante un acto que reunió a 54 vecinos y el 14 de marzo iniciaron las clases «con 33 alumnos en el salón municipal de actos». Al año siguiente, un vecino «prestó el garaje para armar el segundo aula» que cada curso utilizaba una semana, para evitar desigualdades. La mayoría de los docentes venía de Santa Rosa y carecían de personal: «todo lo hacía el grupo de madres, que durante los primeros años cumplió un rol fundamental». Con ese esfuerzo sin pausa y el incondicional apoyo del pueblo lograron construir también el edificio propio, donde iniciaron el ciclo lectivo en 1993.
En 2010 se reglamentó la obligatoriedad de la educación secundaria, el colegio fue declarado oferta única y el estado provincial se hizo cargo de los salarios docentes y los gastos de funcionamiento. Desde entonces, el mayor esfuerzo de los socios fue destinado a continuar ampliando el establecimiento, que hoy cuenta con una matrícula de 190 alumnos y una planta de 45 docentes «de los cuales la mitad cursó sus estudios aquí». Como un eco de su nacimiento, desde hace 40 años cada fiesta popular, encuentro artístico y actividad cultural, la comparte con su pueblo. Debe ser por eso que el Julio Neri Rubio cala tan hondo en el alma de Lonquimay.