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El «Colo» Roitman, cartonero y afiliado radical desde los 14 años, quiere ser intendente

Son incontables las personas aún jóvenes que, por mucho tiempo, han sabido moverse en el ambiente político. Son conocidas en ese contexto porque han llevado siempre un rol de colaboradores, fieles acompañantes o asistentes de otros protagonistas más influyentes en el partido en que militan. Aunque cabe decir que no en muchas oportunidades la consecuencia de su accionar ha sido suficientemente valorada.
En todo caso ha sido la dinámica partidaria la que hizo que algunos que tal vez manifestaron sus deseos de crecer dentro de la estructura, que creyeron el momento de dejar el segundo plano para aspirar a luchar por puestos o cargos más importantes, no pudieran concretar sus deseos. La movilidad social -pretensión natural del hombre- se hace paquidérmica en algunos partidos políticos. Por eso se repiten apellidos a lo largo del tiempo, aunque sea una práctica que tiene sus cuestionamientos.

Padre concejal.
Federico «Colo» Roitman ha sido hasta ahora de esa clase de afiliados -en este caso al radicalismo- que supieron trabajar por el partido poniendo a disposición su tiempo, su capacidad y sus ganas de contribuir para que a sus candidatos les vaya de la mejor manera. Se inició políticamente en el seno familiar, porque su padre Moisés -Cacho en el pueblo- fue dos veces integrante del Concejo Deliberante de Alpachiri (durante 8 años donó su dieta a diferentes instituciones), e integrante del Comité Provincia de la UCR durante 30 años. Su mamá es María Luisa Nungesser, «pianista de las mejores», alude.
«Colo» Roitman es nacido en Santa Rosa, pero se crió en Alpachiri hasta los 17. Hoy en pareja con Cecilia Moya «desde hace 11 años y a un paso del casorio», tiene cuatro hijos, tres mujeres y un varón.
Milita en la UCR desde que tenía 14 años, y ha sido delegado a la Convención Nacional del partido. En algún momento pasó por la Legislatura como secretario de Hugo Pérez cuando era diputado, también encargado de la oficina del ReNaPer (Registro Nacional de las Personas) en La Pampa y, durante dos años, Director de Turismo de la Ciudad de Santa Rosa». En lo privado se dedicó varios años a la realización de eventos.
«Es verdad, milito desde muy pibe, y ya desde chico fui parte de un grupo de jóvenes, algo más de 50, que lideraba mi hermano Mauricio. Como jóvenes radicales hicimos la diferencia y sumando a muchos hijos de familias peronistas contribuimos en gran parte a llevar a Gerardo Fuhr de intendente de Alpachiri. Fue el primer intendente radical de la historia del pueblo y de ahí en más vinieron 20 años de radicalismo», dice con satisfacción.

El debate necesario.
Roitman, con otro grupo de gente, está conformando un nuevo espacio dentro de al UCR, que «en nuestra provincia está en estado de ebullición. Nos debemos un debate profundo, sincero, horizontal, sano y revitalizante», sugiere.
«Los jóvenes, las mujeres, los desencantados, los más viejos, la actual dirigencia y los funcionarios actuales, todos, debemos poner manos a la obra para que la UCR vuelva a ser la expresión de esa parte importantísima de la sociedad que no se siente representada por el partido gobernante. Pero además hoy tampoco por el nuestro».
Agregó que es «parte de un nuevo espacio dentro de la UCR que considera que hay que hacer cambios, que hay que militar de otra forma y que sin correr a nadie hay que hacerse lugar sin pedir permiso. Sentimos enojo y desencanto, sentimos que quienes se decían la reserva moral del partido -con muchos de cuales yo particularmente comulgaba y admiraba-, se quedaron callados durante un año, tal vez el más difícil de todos para muchos de nosotros».
Reprochó que los que ocupan cargos legislativos «no cumplieron el mandato del 30 y pico por ciento de los pampeanos que los pusieron en ese lugar para ser contralor de la autoridad que gobierna».

«Tibios espectadores».
Razonó que su obligación -de los que llegaron a cargos además es «colaborar por supuesto… discutir, criticar, investigar, aportar iniciativas innovadoras, para acercar posiciones, y que sean la voz de los que no tienen voz. No lo han hecho. Tampoco lo hizo el partido, mal que les pese… no estuvieron y las poquitas veces que aparecieron lo hicieron mal. Fueron tibios espectadores de una realidad arrasadora, por eso hay desencantados les pedíamos a gritos que salgan, que hablen, que sean la voz de los que no la teníamos o estábamos casi vencidos», completó.
Roitman considera que para vencer al PJ se necesita «la alianza más amplia, dejando egoísmos de lado. Nuestro partido a nivel nacional está en penumbras aún, veremos que pasa… En nuestra provincia es un partido fuerte pero no gracias a quienes nos dirigen; y en nuestra ciudad la situación no es tan distinta».
Hizo una breve referencia a Raúl Alfonsín… «Lo vi en dos oportunidades y en una le di la mano. Fue una gran emoción pero hasta ahí llegué. Fue, es y será el símbolo de la pacificación y de la democracia en nuestro país, no sólo para quienes llevamos el radicalismo en el corazón».

Verdadera renovación.
Al mencionar la renovación de autoridades partidarias abogó porque «se plasme una verdadera renovación, un cambio de actitud. Pero tenemos que tener en cuenta que quien encabece el partido debe saber que se necesita una apertura enorme y gran generosidad. Tanto ‘Tito’ Pechín como Diego Marcantonio manifestaron sus intenciones de presidir el partido han dicho que no están del todo conformes con el frente que se constituyó en su momento. Si eso predomina podría ser un error», aventuró.
Sobre las PASO sostuvo que «son el instrumento más eficaz para legitimar candidatos»; y sobre la participación de las mujeres indicó que «son tremendamente importantes en la política, y por supuesto en nuestro partido. Hemos tenido excelentes intendentas que me llenan de orgullos dentro del radicalismo. La mujer y su mirada lo cambia todo, en el hogar, en el trabajo y en la política, y casi siempre lo cambia para bien», razonó.

El cartonero.
Federico dijo que su actividad actual «es el reciclado. Tengo un centro de reciclado urbano, recolección y compra de cartón, papel, plásticos, etc. Hacemos el trabajo de clasificación y prensado para luego enviar a las fábricas a reinsertar nuevamente ese material a la economía, facilitando así el cuidado del medio ambiente y generando una o varias salidas laborales».
Dijo que «es una actividad difícil, pero me gusta hacerla, me siento bien y útil y con esfuerzo y dedicación podré sostenerme económicamente con ella en poco tiempo».

La ciudad «del no se puede»
Personajes como «Colo» Roitman -y algunos otros parecidos- suelen tornarse molestos en los partidos políticos, casi como una piedra en el zapato para los que conducen. Porque son preparados en la política, y saben qué se puede cuestionar, y cuando lo hacen se ganan antipatías y miradas de soslayo.
«Puede ser…», resume cuando se le pregunta por el tema. Y agrega: «Hace 40 años que están los mismos en nuestro partido. Hoy y en vísperas de una nueva elección legislativa aparecen en el escenario (Juan Carlos) Marino, a quien enfrenté siempre aunque somos amigos y le reconozco su gran labor legislativa. Pero lleva tres períodos. En el caso de (Daniel) Kroneberger fue un buen intendente (de Colonia Barón) también ‘caminé’ con él, y también lo aprecio; y en cuanto a Francisco Torroba, para quien milité varios años, admito que es muy capaz… pero figurita repetida al fin».
El afiliado que ahora quiere ir por más expresó no obstante que «no es la intención proscribir a nadie, porque todos han hecho un aporte importante al partido, y han llegado por el voto popular que es lo que más reconozco e importa».
Y también manifiesta: «Sí, es verdad, quiero ser intendente de Santa Rosa. Quienes se van sumando al sueño y empiezan a caminar este proyecto sabemos que se necesita una Santa Rosa distinta, porque hay que cambiar, aparte de cambiar las cañerías también la forma de pensar, de proyectar, de vivir».
Después hizo un análisis severo: «Pienso y siento que lamentablemente a Santa Rosa la han llevado a ser la ciudad del ‘no se puede’. Estás loco si querés hacer determinada cosa, hasta poner un kiosco. No se puede por las ordenanzas, no se puede porque es un lío, no se puede porque alguien dijo que no se podía y así seguirá. El municipio y sus funcionarios históricamente se especializaron en prohibir, en negar, en trabar, lo primero y por eso lo primero y lo más fácil es el no».
En el final razonó que «a Santa Rosa la han gobernado todos: de todos los partidos políticos e ideologías; y también de varias profesiones: abogados, contadores, ingenieros, médicos… y tal vez la solución la tenga un cartonero».