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El desafío de asistir en el extremo oeste

EN LA HUMADA, TODO EL PUEBLO ESTUVO AISLADO POR CORONAVIRUS

Hace algunos meses un brote de coronavirus sorprendió a La Humada y casi todo el pueblo terminó aislado. Sin personal, la comuna tuvo que ingeniárselas para asistir las demandas del vecindario, desde proveer agua a cada hogar hasta hacer los mandados y resolver urgencias. «No se registraron muchos casos, pero terminó toda la población aislada y no quedaban empleados en el municipio». Rocío Bazán, responsable del área social local, cuenta que intendente y viceintendente «pusieron sus camionetas para trabajar y éramos cinco personas para asistir a todos los aislados».
Aquí los pobladores retiran agua de la planta potabilizadora. «Había familias enteras confinadas así que identificamos los bidones para poder distribuirlos». También implementaron un sistema «para hacer los mandados de cada familia», tarea que además de demandar esfuerzo y paciencia, deparó «innumerables anécdotas», desde ridículas denuncias de discriminación, hasta pedidos urgentes de preservativos o viviendas que quedaban «sin agua un sábado a la tarde».
«Días de locos».
Rocío tiene 24 años, es de Santa Rosa y se graduó como trabajadora social en el Isess. A principios de 2020 recibió un ofrecimiento desde La Humada y aceptó. Su tarea debía comenzar «con un relevamiento de la situación en las familias para definir prioridades principales y proyectar» un plan de asistencia. Pero el destino tenía otros planes: «hubo que priorizar la situación sanitaria y no pudimos hacer trabajo de campo».
Los vecinos «se cuidaron mucho y hasta septiembre no había contagios. Pero en octubre estalló el brote y repentinamente teníamos más de 300 personas aisladas». Lograron contener el foco «pero vivimos treinta días de locos», recuerda.
Actualmente «hay 26 casos activos y muchos aislados». A La Humada tampoco llega el gas natural y «la problemática mayor es conseguir leña para calefacción: aquí es muy cara y difícil de encontrar». En su oficina también instalaron «un roperito comunitario adonde todos días acude alguien. La gente colaboró muchísimo y estamos funcionando muy bien».
Y no trabaja sola: «armamos un equipo con Antonella Ochoa, Micaela Amaya y Carina Barrera, disponibles a cualquier hora, todos los días, porque una familia puede quedarse sin agua un fin de semana, cuando la planta está cerrada», comenta.
Este invierno la situación se complicó por «varios aislados en Chos Malal», territorio que registra unos 30 puestos rurales. «Llegar ahí es mucho más complejo y resulta difícil comunicarse».
Otra prioridad sería «una renovación de viviendas, porque muchas son antiguas y con instalaciones precarias que no soportan un caloventor». Según Rocío, en La Humada «tan importante como el déficit habitacional es el estado de precariedad» de las casas.
Mientras tanto, la pandemia no fue obstáculo para desarrollar numerosas actividades. El Día del Niño se vistieron de payaso «y fuimos casa por casa repartiendo regalos» y en Navidad distribuyeron 130 bolsitas navideñas entre las familias. Ahora estamos cerca de otro Día del Niño, aunque no fue posible obtener precisiones: «si te contara, dejaría de ser sorpresa».