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El golpe del ’76, en primera persona

LOS RECUERDOS DE NELSON NICOLETTI DE UN TIEMPO ACIAGO DE NUESTRA HISTORIA

Es uno de los que puede prestar un testimonio directo de lo que debieron soportar tantos pampeanos que cayeron presos después del 24 de marzo de 1976 -e incluso antes-. Recuerdos a 44 años de aquello.
«Esta conmemoración del día de la Memoria, a 44 años del golpe del 76, es sin duda muy particular. No sólo porque no salimos a la calle a manifestar, sino porque estamos conmocionados por la expansión de una peste que nos acecha y ante la cual lo único que podemos hacer es quedarnos en casa. Tal vez este encierro sanitario nos ayude a reflexionar mejor sobre nuestro destino como sociedad. Porque en definitiva, y por distintos caminos, antes y ahora lo que pretendemos es una sociedad más solidaria, más justa, más igualitaria», expresó Nelson Nicoletti.
El hoy diputado del Mercosur, entonces a cargo de la redacción del desaparecido diario La Capital, fue uno de los pampeanos que cayeron presos el mismo día del Golpe.

-¿Cómo era tu vida hasta allí?
-Tenía 25 años, tres de casado con mi compañera de toda la vida, Marta Piatti, por entonces también militante de la JUC (Juventud Universitaria Católica), y con dos hijas: María Marta de dos años y Carolina de diez meses.
-Estabas en La Capital.
-Sí, la habíamos convertido en cooperativa de trabajo hacía un tiempo, formada por los 40 trabajadores periodísticos, administrativos y canillitas. Compramos el diario a la familia Gazzia, pagándolo con las indemnizaciones de los compañeros, asumiendo las deudas previsionales y de proveedores de papel y firmando una serie de pagarés que pagamos puntualmente cada mes. Yo ejercía la Dirección y la línea editorial la consensuábamos cada día con los compañeros, especialmente con los gráficos que desde el taller asumían una clara posición peronista.
-Pero además estabas en el sindicato de Prensa.
-Sí, seguía siendo secretario general del Sindicato de Prensa de La Pampa; e incluso estaba ligado al rectorado de la UNLPam, acercado por quien fuera el Rector, Alfredo Domínguez acompañado por Chumbita, Néstor Bossio, Bragulat, etcétera, con la idea que les aportara en la comunicación y la imprenta…
-Se laburaba mucho…
-Era el signo de los tiempos… lo mismo hacían los demás compañeros periodistas que militaban en distintos partidos políticos y sindicatos, como Pinky Pumilla, Ruso Di Nápoli, Raulito D’ Atri, Miguel Maldonado, el Negro Braile, Taragüí Rodríguez, Marta Alcala, Susana Verdasco, o de la JP, Luisito Giles, la Negra Alvarado, Mario Folmer… Y otros combatientes históricos como Conrado Emigdio Fragassi, Eduardo Ferma, Saúl Santesteban, Guille Gazia y por supuesto los militantes barriales peronistas, como Oscar Gatica, Pepe Rodríguez. La militancia social era la regla y allí convergíamos todos.
-¿Y la noche del Golpe, cómo fue?
-Para nosotros fue el 23 de marzo a las cero hora, presentíamos la inminencia del hecho… comíamos un asado en la casa de Samuel Pérez, en la calle Salta, cuando empezaron a sonar las marchas militares en la radio. Ahí salí a buscar algunos compañeros para rehacer algo del diario. De hecho yo estaba haciendo una editorial acerca de los derechos de los ciudadanos frente a la sedición militar… en eso estábamos con Gigena, el Toro Jaime, Domínguez, el Pato Muñoz, Eduardo Pérez, Laurnagaray y el muy jovencito Rubén Andrada. Este tuvo la mala suerte de ser el primer anfitrión de los milicos en el zaguán del diario: le pusieron una 45 en la cabeza preguntándole si era Nicoletti… ¡pobre Rubén, todavía no me lo perdona! Soldados y policías al mando entre otros de Fiorucci, me detuvieron, y se llevaron a los golpes al fondo de taller a algunos compañeros. Por fin me dejaron en la Penal, en el pabellón cuatro, confinado en una celda.
-Había muchos otros conocidos presos.
-Sí, claro… Saúl (Santesteban), Accatoli, Gil, Covella, Navarro, Bossio, Regazzoli, Mendizabal, Maldonado. Hubo muchos que apenas estuvieron horas o días…otros presos de Jacinto Aráuz: el rector del Instituto Carlos Zampron, el veterinario Pozo Grado, el Ñato Bertón…
-¿Te la veías venir?
-De alguna manera estaba esperando que me detuvieran…ya en el noviembre del ’75 habían detenido a médicos, universitarios, a mi amiga Cristina Ercoli, al Bocha Sombra, a Pinky, a Raulito. Le habían dictado orden de captura a Ana Gisper, a quien conseguimos alejar de Santa Rosa; a Delfor Sombra, que el propio don Raul D’Atri ayudó para poder salir. Abruman las situaciones y los recuerdos: como las bombas en la casa de Ana Gisper, en la sede de ATE o en el diario LA ARENA… El golpe venía con un plan que ni siquiera era argentino… éramos parte del Plan Cóndor, diseñado por los EEUU para América Latina .
-Fue un golpe distinto, cruel hasta lo inimaginable.
-Había habido golpes militares y también presos anteriores. Me acuerdo que en el pabellón don José Regazzoli nos decía: ‘tranquilos muchachos, unos días y nos vamos para casa’. Pero la crueldad comenzó a barrer con las esperanzas.
-¿Y La Capital cómo quedó?
-Estando incomunicado tengo la «visita» de compañeros para que firme mi renuncia a la presidencia de la cooperativa… ya estaba operando el agente civil del Ejército que estaba infiltrado en el diario (y en la UNLPam) el Vasco Losada, quien puso al diario al servicio del Proceso; y en pago a sus servicios integró la comitiva oficial del genocida Jorge Rafael Videla a bordo del Tango 01 en misión a Rusia. Desde allí escribía laudatorias notas que publicaba en La Capital. Y consta en los archivos.
-Te llevaron a Rawson.
-Fue en septiembre del 76… Un vuelo nefasto, terrible, en parte compartido con la familia del Veco Rodríguez que a poco de estar en el aire y advirtiendo que eran llevados al sur por error nos regresaron a Santa Rosa. Con la mala suerte que la paranoia militar interpretó por un momento que el avión había sido «tomado» por los presos y aplicó mayor rigor sobre nosotros. Otra vez en el aire, estábamos atados al piso, sobrevolando el Atlántico, a la altura de Trelew o por ahí, escuchamos los gritos de un compañero arrojado al mar…
-Estuviste en una cárcel de máxima seguridad.
-Sí, precisamente donde antes (1972) habían asesinado a 22 detenidos: allí fuimos los seis pampeanos: Mendizabal, Accatoli, Maldonado, Covella, Gil y yo. Y hacía tiempo estaba Raulito D’Atri, aunque en otro pabellón. No me detendré en detalles de golpes, torturas, atropellos de todo tipo, saña inusitada e injustificada contra nosotros…Pudimos salir los seis con vida, lo que no consiguieron otros compañeros. Me acuerdo y no puedo superar la bronca de cuando le negaron a Raulito D’Atri su presencia en la muerte de un hijo…
-Recibían visitas muy espaciadas.
-Una vez llegaron a Rawson a visitarme mi hermano cura, Orlando; con Tili Forastieri (cuñado de Miguel Maldonado) en un Peugeot a nombre del Vaticano, y Tili con un brazo enyesado. Fueron todos presos por sospechosos, hasta que mi hermano pudo justificar primero que era cura y los papeles del auto y el Tili su yeso.
-No fue fácil salir de la dictadura.
-No, porque las Fuerzas Armadas habían intentado una ley de auto anmistía y no tenían ninguna gana de volverse a los cuarteles, abandonar el poder, las empresas del Estado, las mil y una prebendas… Hubo varios intentos de golpes que Raúl Alfonsín paró como pudo, muy ayudado por nuestro apreciado Pacheco Berongharay, y en su momento por los dirigentes peronistas con Cafiero a la cabeza.
-¿Y de vuelta en Santa Rosa?
-No era cómoda la convivencia… éramos concientes que por lo menos media sociedad, en nuestra provincia, miraba con simpatía el gobierno militar y hacía la vista gorda a sus crímenes y atropellos… Entre aquel «por algo será» y alguna duda o miedo comprensible, debimos transitar un tiempo extraño. Por suerte pasó, y no volverá a ocurrir.