El registro de los sueños

LUCAS MAIZON GIGLI ES TRIATLETA Y QUIERE LLEGAR A LOS JUEGOS OLIMPICOS

“Mi primera carrera de triatlón en Italia fue este sábado… La carrera era a 2 horas de donde vivo y necesitaba estar ahí a las 15, así que había mucho tiempo. A las 12 comí arroz blanco y me terminé de preparar para salir hacia el lugar de la carrera, al cual mi tío me llevó en auto. Después de 2 horas de viaje llegamos; era un lugar chiquito con un lago y vistas muy lindas. Después de retirar el kit quedaban 2 horas para la carrera, pero al rato empezó una tormenta eléctrica bastante fuerte que por suerte paró a la hora…”.
Lucas Maizon Gigli registra cada uno de sus pasos en un blog personal. Empezó a escribir para contarle a sus familiares el día a día de sus competencias, en la previa de un viaje a Europa este año, y encontró una manera única de expresar sus sentimientos: los nervios previos, el disfrute y los padecimientos durante la carrera, y la satisfacción luego de cruzar la meta.
Corrió su primer triatlón en Chile cuando tenía 9 años y hoy, a los 17, decidió comenzar a volcar en la web sus sueños de deportista. Y quiere despertarse alguna vez en un Juego Olímpico.

El destino.
Lucas nació en Ithaca, Nueva York, mientras sus padres se especializaban en Medicina Veterinaria en la Universidad Cornell. Dio sus primeros pasos en la ciudad estadounidense, a orillas del lago Cayuga, que cuenta con un popular puerto deportivo cuyo movimiento parece haber influido en el destino del futuro atleta.
Cuando tenía 4 años, sus padres (Daniel e Isabel) se trasladaron por cuestiones laborales a Sicilia, en el sur de Italia, un país con un gran potencial en el deporte que lo atraparía un tiempo después.
El tercer paso inicial lo dio a los 7 años, cuando su papá vino a Santa Rosa para comenzar a trabajar en el INTA, y juntos empezaron a tirarse a la pileta del Club Médanos Verdes.
No paró más. A los 8 se sumó a la Escuela de Triatlón Miguel Fernández, se enamoró de la actividad y un año después, aprovechando un viaje familiar por vacaciones, corrió su primer “tría” en Pucón, Chile.
Hoy, con 17 años, Lucas está cursando sus últimos días de secundaria en el Colegio de la Universidad Nacional de La Pampa, habla tres idiomas (castellano, inglés e italiano) y comienza a planear su carrera universitaria: Economía. Sólo falta la elección del destino para continuar con sus estudios, aunque la decisión estará atada a la posibilidad de encontrar un lugar para seguir con su carrera deportiva. Mientras tanto, entrena alrededor de cinco horas por día.

Europa en la mira.
“Mi sueño sería poder irme a Europa, para estudiar y seguir con mi deporte, porque allá y en Oceanía están los mejores del mundo”, revela Lucas a pocos días de regresar de su primera gran experiencia deportiva en el Viejo Continente.
Entre julio y agosto, el joven santarroseño estuvo entrenando en el equipo profesional Project Ultraman, de Italia, considerado como uno de los más destacados del planeta, al que llegó por un contacto de su entrenador, el entrerriano Bruno Baldini.
“El trabajo que hacen es espectacular, tienen mucha tecnología para los entrenamientos y están en todos los detalles para mejorar a los atletas. La verdad es que la experiencia fue espectacular”, comenta el pampeano, que durante su estadía europea compitió en dos triatlones.
En Tábor, República Checa, participó del Campeonato Europeo Junior (Sub 19), terminando en el puesto 46 entre 74 atletas. “No anduve muy bien, pero el nivel era altísimo y me sirvió mucho porque me medí con los mejores”, reconoce.
Su segunda competencia fue en el Lago di Piediluco, en Terni (Italia), donde los entrenamientos como profesional dieron sus primeros resultados: primero en su categoría (16/19 años) y duodécimo en la general absoluta, entre 240 atletas. “Fue una carrera de mucho nivel y me sentí muy bien”, recuerda.
Otra vez en La Pampa, y esperando el comienzo de la temporada argentina de la especialidad, Lucas sigue los consejos de sus entrenadores (Baldini le envía las rutinas generales y el Chino Weigandt lo pule en la pileta) y trabaja unas cinco horas diarias, combinando el pedestrismo, el ciclismo y la natación, además del fortalecimiento en el gimnasio.
“Mi fuerte es el ciclismo, porque es lo que más natural me sale, pero tengo que seguir mejorando en todo”, asegura el joven, que tiene sus objetivos bien claros. “Este año apunto a clasificar al Sudamericano y al Mundial Junior, y mi máximo sueño son los Juegos Olímpicos; pero para eso falta mucho”, reflexiona.
Sabe que el pico de madurez de un triatleta se da entre los 20 y los 30 años, y que, a los 17, tiempo es lo que le sobra. Mientras tanto, entre brazadas, pedaleadas y trancos largos, ya se anotó París 2024 y Los Angeles 2028 en su agenda de sueños.