Inicio La Pampa El trotamundos que desliza acordes por las esquinas

El trotamundos que desliza acordes por las esquinas

«Así pasan los días (los días)/Y yo desesperado/Y tú, tú contestando/Quizás, quizás, quizás». La melodía suena suave y pegadiza, mientras el saxo va lanzando al aire tibio del mediodía del lunes los acordes que -enseguida- nos representan la letra de ese tema tan registrado del trío Los Panchos. Es como si el instrumento, sabiamente ejecutado, fuera soltando hasta nuestra mente, una a una, las frases de esa canción tan conocida.
Llama la atención, algunos miran curiosos la escena, otros apuran el paso porque el Banco de La Pampa los espera a la vuelta de la esquina, a lo mejor con un cheque por cubrir, o por alguna otra urgencia propia de estos tiempos. El muchacho sigue ahí, en la esquina de 9 de Julio y Pellegrini, tranquilo, mostrando sus habilidades con el saxofón.

El flaco del saxo.
Para quienes caminamos la ciudad cotidianamente -desde hace mucho tiempo-, hay escenas que reconocemos como propias de cualquier gran urbe; y que ya no nos resultan extrañas en esta Santa Rosa que hace tiempo no es el pueblo que alguna vez le tocó ser. Los malabaristas en las esquinas; algunos vendedores ambulantes que ofrecen desde pasteles hasta medias; y algún que otro «extraño» personaje deambulando por sus calles. Y ahora este saxofonista que nos regala su música exquisita.
El flaco dice llamarse Marcelo Juan José Arquiel (27), y que es nacido en Paraná, Entre Ríos, aunque siempre vivió en Mar del Plata. «De allí vengo ahora mismo, y mi idea es radicarme en Santa Rosa», cuenta de entrada. Joven, luce barba candado, pantalón de jean, buzo gris, zapatillas, y un sombrero de ala corta completan su atuendo, un bolso grande para llevar el instrumento, y un par de parlantes por si hiciera falta usarlos.

Complicado en el amor.
«¿Por qué vengo? Porque aquí vive mi hija Taicuma (significa ‘madre naturaleza’), con su mamá Carina», afirma sonriente. ¿Y entonces?, es la pregunta que surge enseguida. «Lo que pasa es que estoy separado hace tiempo de Carina, aunque estoy tratando de recuperar su amor. ¡Pero la tengo difícil!», admite con una sonrisa que asoma y que aún presume esperanzas. «¡Vamos a ver…», dice aunque sabe que la tiene enredada.
Conoció a Carina en Tilcara (Bolivia), y fruto de esa relación nació Taicuma. «Hacía dos meses que no veía mi hija, y la verdad no aguantaba más, por eso decidí que donde esté ella voy a estar yo, porque quiero verla todos los días», expresa. Por eso empezó a traer sus cosas, y seguirá en Santa Rosa. «Conocía la ciudad porque había venido a algunas fiestas de fin de año a pasar con la familia de Carina. Y me parece que es muy linda, la gente es muy buena, y además me va muy bien», afirma, y tiene que ver con lo que los santarroseños le dejan a modo de premio por su talento.

Trotamundo.
Marcelo se fue de su Paraná natal cuando tenía 18 años, y desde entonces recorrió pueblos de Colombia, Bolivia, Perú, Ecuador y Uruguay. «He tocado con algunos grupos en Mar del Plata, y viajando, hago distintos estilos, folklore, jazz, rock, pero también me atrae la cumbia», puntualiza sobre sus gustos musicales.
-¿Aquí te va mejor que en Mar del Plata?
-Sí, claro que sí. Mar del Plata es la ciudad con más desempleo de Argentina. Hay muchos pescadores, y cuando son muchos que van a pescar solo lo consiguen dos o tres.
También alguna vez toqué en la calle Florida, en Buenos Aires, pero lo cierto es que no me gusta tanto aglomeramiento, aquí es muy lindo y la gente muy generosa.

«Quiero quedarme».
«Sí, mi proyecto es quedarme, llegué el 1 de octubre, y algunos días me paro aquí, y otros en Yrigoyen y Gil: un par de horas entre las 10 y media y la una; y a la tarde otro rato», cuenta.
Al responder si toca otro instrumento agrega que «la guitarra, un poco en casa, mientras compongo. ¿Lo último que compuse? Una canción para la mamá de mi hija, qué le voy a hacer: ¡sí, estoy re enamorado! Claro que es una historia de amor, pero no me da bola. Ojalá se me diera, pero la tengo complicada», sonríe entre un poco triste y divertido. Marcelo Arquiel, un músico, otro personaje de la ciudad. Y bueno Marcelo… habrá que hacer buena letra. Y ya sabés lo que dice el refrán: «La esperanza es lo último que se pierde…». (M.V.).