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En dos semanas se conocerá el fallo

FINALIZO EL JUICIO POR EL CRIMEN DE FELISA ACEVEDO

El jueves 30 de julio el tribunal anunciará si los imputados por la muerte de Felisa Acevedo son culpables o inocentes. Si los declaran culpables, se fijará una nueva audiencia oral y pública para la determinación de la pena, momento en que las partes expondrán pruebas y fundamentos sobre la cantidad de años de prisión que deberían cumplir. Esto corresponde a la incorporación del juicio por cesura, que divide al proceso penal en dos instancias: una para determinar la existencia del delito y sus autores, y otra (si hay fallo de culpabilidad) para establecer monto, forma y lugar de cumplimiento de la condena.
Felisa Acevedo (86 años) fue atacada brutalmente el miércoles 31 de octubre de 2018, en su vivienda del barrio Calfucurá, y falleció tres semanas después producto de las heridas recibidas. La fiscalía que investigó el caso, a cargo de Facundo Bon Dergham, señaló como autores del crimen a Pablo Daniel O´Lery (42) y Melody Cecilia Martines (29) y los imputó por «homicidio criminis causa, en ocasión de robo», de acuerdo al Artículo 80, inciso 7 del Código penal, con pena de reclusión perpetua.
La fiscalía cree que Melody, quien realizaba trabajo doméstico en la casa, habría franqueado la entrada a O´Lery y que mataron a Felisa para evitar que reconociera a Martines.

Un audio sugestivo.
Durante 8 horas se desarrolló la séptima jornada del proceso oral ante los jueces Andrés Olié, Daniel Sáez Zamora y Gastón Boulenaz. Previo a los alegatos, declararon dos testigos aportados por la defensa de O´Lery: el informático Luciano Marcos Ortiz y Oscar Armando Ferreyra. El primero participó de una pericia de geolocalización sobre tres celulares para determinar dónde estaban durante el crimen: dijo que no pudo cumplirse porque no lograron desbloquear los dispositivos. El segundo testificó que O’Lery le compró un Fiat Línea a su pareja, ratificando la versión del imputado. Este último tuvo ofreció su testimonio a distancia, vía Whatsapp, porque vive a pocos metros de la verdulería donde se detectó un caso de coronavirus y el tribunal consideró riesgoso que asistiera a la audiencia.
Después, Bon Dergham expuso el audio de una conversación entre Martines y su padre, dejando en evidencia que O’Lery mató a Acevedo pero no quería hacerse cargo. Asustada, Melody le contaba a su padre que tenía miedo de ser inculpada mientras «él se quiere despegar» del caso, y confesaba que O`Lery se quedó en el departamento mientras ella volvió caminando.

Los alegatos.
El fiscal sostuvo que los acusados «mataron a Acevedo para facilitarse el robo de sus ahorros y alhajas, y lograr la impunidad de ambos». Señaló que el ataque se produjo entre las 20.14 y las 20.37, que «el mayor despliegue de violencia fue ejercido por Martines», quien la golpeó en la cabeza con una barreta, y que O’Lery la atacó con golpes de puño. «Primero la golpearon y luego le robaron», explicó.
Según Bon Dergham, O’Lery pasó a buscar a Martines en su camioneta Ford F-100 y regresaron «con las luces apagadas», a las 20.37 desde España y Civit. El fiscal otorga absoluta veracidad al testimonio del joven Nicolás Ríos (si no declaraba en la Brigada de Investigaciones, el crimen hubiese quedado impune»), quien contó que los imputados volvieron a casa de Martines a las 20.56 y ella bajó ensangrentada, y de la vecina Elena Selva, quien reconoció a O’Lery como el hombre que «estaba parado frente al departamento, esperando que le abrieran». Recordó que encontraron «huellas del calzado de O´Lery a centímetros de la barreta y a un metro de la escena más violenta», un collar de Martines «en medio de un charco de sangre», y ADN de Acevedo en la camioneta.
Bon Dergham afirmó que O’Lery volvió al sitio del crimen para recoger el dinero que «Melody había dejado acovachado en una bolsa» y que pocas horas después «publicó, en General Pico, que vendía la camioneta a un precio muy bajo: eso fue parte de su coartada». Añadió que en los cuatro días que tardaron en detenerlos, los imputados hicieron desaparecer pruebas. «Martines le hizo quemar a Toto (el testigo Juan Gómez) ropa ensangrentada».
En el alegato de la querella, Acosta destacó la tarea del fiscal y la Policía Científica, adhirió a todos los dichos de Bon Dergham y pidió hablar de la víctima «porque este juicio se trata de ella, de Felisa Acevedo». A partir de una relación personal que tenía con ella, advirtió que sus precauciones de seguridad eran exageradas. «Nunca le hubiera abierto la puerta a O´Lery», afirmó.
«Nos enteremos de lo que pasó por un chico de 18 años», agregó, en referencia a Ríos y consideró muy extraño que Martines dejara a sus hijos con alguien que apenas conocía («Toto» Gómez). Y más extraño aún «que no se encontraran huellas de la imputada en el departamento, si ella reconoció haber estado ese día allí».

«Me acordé de Fariña».
A su turno, Gastón Gómez se enfocó en probar la inocencia de Martines, mostrando que el relato ofrecido ayer por la imputada «es la verdad», y destacando contradicciones entre los testimonios de Ríos y «Toto» Gómez. Calificó a Ríos como «un iluminado» cuyo relato resulta «totalmente mendaz» y trató de rebatir sus afirmaciones: «habló de handies, de una tostadora, de que Martines llevó la barreta en la manga. Mucha fantasía. Me hizo acordar a (Leonardo) Fariña cuando dijo ‘quieren ficción, le vamos a dar ficción'». Cuestionó que diera versiones distintas ante la policía y en el juicio oral y advirtió que «a Toto Gómez nunca lo mencionó hasta que esta defensa preguntó por él. Recién ahí afirmó que ambos habían visto llegar a Martines ensangrentada. Hasta entonces no le había interesado decir que Toto estaba en la vivienda».
También negó que hubiera subido a la camioneta de O´Lery. «Afirmó que fue caminando, y así fue. Si no, díganme qué prueba, qué filmación, qué video o qué fotografía muestra a Melody en la Ford F-100». Acto seguido, exhibió un video de la cámara de seguridad de un comercio ubicado sobre avenida España, a una cuadra del lugar del crimen. «Se ve a Melody, a las 20.03, caminando sola, luego de salir del departamento. La fiscalía asegura que el hecho se produjo entre las 20.14 y las 20.37. A esa hora, ella no estaba en el departamento», argumentó. Si bien en la proyección se observa a una mujer caminando, no es posible reconocer su rostro. Melody «tuvo participación, no se llevó nada, no le encontraron nada, no sabe que pasó, y hasta perdió un dije», concluyó.

Cuestionan pruebas.
Finalmente alegó la defensora de O´Lery, quien cuestionó la recolección de pruebas durante la investigación porque «no se mantuvo la cadena de custodia». También denunció una persecución policial contra el imputado y consideró mendaz el testimonio de Ríos. Blanco Gómez atacó una prueba fundamental: la huella de la zapatilla de O´Lery. «Esa huella no lo hace autor porque la escena no estuvo bien preservada, y no sabemos si fue estampada por alguna de las tantas personas que circularon esa noche por la vivienda para auxiliar a la víctima», argumentó. Para la defensora oficial, esa prueba «saciaba perfectamente los intereses de la teoría del fiscal y la policía». Finalmente, pidió que si O´Lery es declarado culpable, sea condenado por homicidio en ocasión de robo.

Melody también dio su versión
Finalmente, Melody Martines pidió hablar durante la última jornada del juicio. No respondió preguntas y, al terminar, rompió en llanto. Este fue su monólogo:
«O´Lery sabía que necesitaba trabajo y que Felisa estaba buscando a una persona. Me dijo que lo sabía porque la mujer de un amigo había trabajado allí. Él me llevó un sábado, estacionó casi en la puerta y me indicó que el departamento era la primera puerta a la derecha. La mujer me tomó y me pidió que volviera el martes a la tarde. Cuando salí, Pablo me estaba esperando. Subí a la camioneta y me preguntó si había entrado. Le respondí que sí. Me llevó a mi casa y compró comida. Me preguntó cómo había visto la casa por dentro. Nunca sospeché nada».
«Luego empezó a visitar más seguido a mi casa. A la tarde, a la noche. El martes a las 17 volvió y se ofreció para llevarme al trabajo. Le dije que no, porque no tenía con quien dejar los chicos ya que Toto (Juan Edgardo Gómez) no había aparecido. El miércoles no lo vi y fui caminando hasta lo de Felisa. Tenía que estar a las 19. Ella me recibió enojada porque le había fallado el día anterior. Limpié y me pagó 250 pesos».
«Ese miércoles me fui a las 20. Mientras limpiaba vi dinero entre almohadones. Le dejé el número de mi teléfono a la señora, y le pedí que volviera a llamarme el viernes porque era el cumpleaños de mi hijo y necesitaba dinero para organizar algo, pero no me llamo. Volví caminando a mi casa. Llegué muy cansada. Toto estaba en la computadora. Me acosté y me levanté para cenar. Estando en el dormitorio, sentí que Nico (por Nicolás Ríos) estaba con Toto. No sé a qué hora se fue».
«A la mañana siguiente Toto se fue y yo fui a la casa del padre de mis hijos para armar el cumpleaños. A Toto le dejé las llaves porque era el único que se quedaba con mis hijos. El sábado al mediodía, en la casa del padre de los nenes, leí la noticia (la muerte de Acevedo). Me preocupé mucho. Sabía que me irían a buscar porque había estado en el departamento. El domingo me detuvieron».
«A Nico lo conocí en una reunión de amigos. Él había robado bijouterie y me regaló una cadenita. También robó 30.000 pesos con los que se compró una moto. Su mamá lo había corrido de la casa porque no aportaba nada. No sé porqué contó tantas cosas. Habló de una tostadora. ¿Estuvo en el lugar?».
«Yo nunca había pisado una comisaría. Hace un año y medio que no veo a mis hijos. No le toqué un peso a esa mujer. Necesito que se aclare todo esto. No tengo más nada que decir. Lo que dije no es mi verdad: es la verdad».
Martines también reconoció que el dije hallado en el departamento (se veía sobre su cuello en fotos mostradas por la fiscalía) era suyo. Y que lo había dejado encima de la heladera.
Durante el juicio, sus «amigos» Nicolás Ríos y «Toto» Gómez ofrecieron testimonios distintos. Ambos afirmaron que ese miércoles por la tarde quedaron al cuidado de los hijos de Martines. Pero mientras Ríos confesó que vio llegar a la imputada llorando, ensangrentada y diciendo «me la mandé, me la mandé, la maté», Gómez afirmó que no vio manchas de sangre ni observó «nada raro», y que Ríos había salido de la casa en ese momento.