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Enorme potencial de Payunia pampeana

LA TIERRA Y LA GENTE DE LA FRANJA RECLAMADA A MENDOZA

Días atrás el diputado provincial Matías Traba (MID) recorrió el extremo sudoeste de La Pampa con el fin de relevar el actual amojonamiento limítrofe con Mendoza. Un cronista de LA ARENA lo acompañó y registró fotográficamente el momento, lugares, y recogió testimonio de los lugareños.

Lalo, el baquiano.
Este diario transitó por el lugar con uno de los puesteros, Edgardo Navarro, «para los amigos Lalo», aclara. «Uh, en este puesto ha vivido la familia de mi esposa por unos cien años», contó.
Lalo es jubilado, trabajó muchos años en la Coospu. «Nosotros, es decir mi señora, yo y nuestra familia, vivimos cerca de acá, en una chacra de Gobernador Ayala, a orillas del río Colorado. Pero luego debimos optar y nos trasladamos para este campo», explicó.
Relató que el éxodo tuvo que ver con la bajante del río. «Mirá, los que estábamos ahí dependíamos del agua del Colorado. Te cuento que un cuñado mío también vivía cerca y tenía cultivos porque regaba de un brazo que pasaba, pero un día no pasó más y se tuvo que ir», comentó.
Lalo no representa los 73 años que tiene, él fue el que nos guió por la meseta cubierta de piedras negras que atestiguan la intensa actividad volcánica que modeló esa zona. Siempre anduvo por la zona y la conoce muy bien.
«Este es el puesto ‘Agua del Piche’, hay un surgente natural ahí cerquita de la casa. Acá cavás en la tierra y a poco más de dos metros está el agua. Es muy buena, antes la tomábamos, pero ahora usamos agua potable», indicó.
En el terreno de los Navarro, que está pegado al actual límite con Mendoza que La Pampa discute, Pluspetrol gestiona unos 40 pozos. «La actividad petrolera te da y te quita. Hacen caminos y ponen pozos por todos lados, te altera la vida que era totalmente tranquila y natural. Pero ahora cobramos regalías, nos pusieron la luz y nos dan agua potable», admitió.
Otra de las mejoras son los caminos. El puesto está a 70 kilómetros del Cruce del Desierto, y de ahí otros 25 hasta 25 de Mayo. «Antes veníamos por una huella donde te encontrabas con arenales, zanjas, tardábamos varias horas en llegar desde la ruta 151, y dabas gracias a Dios que no te encajaras. Ahora nos hicieron caminos hasta la casa», reveló.

El camino viejo.
«No, en ese vehículo -una Chevrolet Tracker de Traba- no van a llegar, vamos a ir en nuestras camionetas», nos dijeron cuando nos llevaron a recorrer los mojones limítrofes del sector.
Ahí tomamos por un camino muy arenoso y Oscar, el hijo de Lalo, contó una anécdota imperdible. «Veníamos en un Dodge Polara y ahí -señaló un arenal- el viejo se encajó. Con mamá nos fuimos caminando para la casa (a varios kilómetros), íbamos a buscar ayuda. Pero al ratito asomó el auto. ¿Saben que había hecho? ¡Usó casi todo el cargamento de porrones de cervezas que traíamos para mojar la arena y hacerla transitable!», relató en medio de risas.
Por ese antigua huella llegamos a un punto en que las dificultades se agudizaron. Las ramas de jarillas y alpatacos casi disimulaban el trazado zizagueante lleno de espinas y piedras. Pero seguimos y uno a uno fuimos visualizando los mojones, muchas veces trepando a colinas.

La maravilla del Colorado.
En casi todo el camino, en las lomas, veíamos las alamedas de Octavio Pico, poblado que está a la vera del río Colorado, y que Río Negro se la reclama a Neuquén con los mismos argumentos, el corrimiento del Meridiano X. El camino se complicaba, nos dolía el rechinar de las ramas espinosas en la carrocería. Hasta que llegamos a un lugar abierto. «Bueno muchachos, llegamos al estacionamiento, ahora hay que caminar», nos anunció el baquiano.
Empezamos a transitar un incierto derrotero esquivando las púas y dando pasos haciendo equilibrio sobre piedras movedizas. En un momento lo miré a «Lalo» y caminaba tranquilamente sin siquiera agitarse.
Estimábamos estar cerca del río, pero igual nos causó sorpresa llegar a la cima de una loma y ver un paisaje fantástico. Dos bardas separadas por varios kilómetros contenían un valle que era surcado por sinuosos cursos de agua rosada.
«Bueno, ahí lo tienen, ése es el Colorado», nos dijo Lalo. Y nos explicó que él lo conoció cuando corría torrentoso y ese valle tenía un ecosistema paradisíaco. «Y encima quieren hacer Portezuelo», dijo entre dientes moviendo la cabeza.
Igual, así lánguido como luce, y en pleno invierno, el lugar es maravilloso. La naturaleza dibujó allí, con piedra, flora y agua una imagen de impactante estética.
Caminamos bordeando una cornisa de más de 30 metros de altura en algunos lugares, que mereció la advertencia de Lalo de «cuidado, no se acerquen mucho». Tras andar un par de kilómetros rodeando el acantilado, llegamos al último mojón demarcatorio, el que marca el punto en que confluyen cuatro provincias.
Lalo se paró al lado del montículo que defiende un caño de hierro, y extendiendo un brazo nos explicó: «Para allá está Mendoza, para aquel lado está Neuquén, enfrente está Río Negro, y acá estamos en La Pampa», y ahí le tomamos la foto que ilustra esta nota.

El potencial.
Y ahí, mirando en ese lugar único, como no pensar en el potencial de esas 200 mil hectáreas que están en litigio. También, observando esos flacos brazos del río Colorado que, a pesar de las actuales condiciones climáticas, surcan caprichosos y voluntariosos por ese valle, viene a nuestra mente la amenaza de Portezuelo del Viento.
En el horizonte, hacia el oeste, aparecen aquí y allá las estructuras petroleras de El Corcobo, muchas en la franja de tierra reclamada a Mendoza. Sin dudas que se trata de una cuestión limítrofe que seguramente tendrá incidencia en la economía de los pampeanos.
El lugar, como quedó dicho, muestra un hermoso paisaje natural. Desde los acantilados de la costa pampeana se divisa a lo lejos la impronta de la Payunia, esa zona de mayor concentración de volcanes en el mundo. Y también sorprende la vegetación verde que resalta en el negro del basalto que tapiza la irregular geografía del sector.
Es difícil trasladar con palabras la vivencia. Hay que verlo y experimentar lo que muestra una zona de La Pampa que sorprende. En cuanto al turismo, la comuna de 25 de Mayo ya cuenta con la experiencia de su propuesta «25 en Huellas», basada en la atracción que ofrece la naturaleza de esta región pampeana.