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«Entiendo a quienes no me comprenden»

Hay que tener valores y fortaleza mental para comprender que pueden haber quienes -aún sin derecho alguno a hacerlo- pretenden estigmatizarnos. El pibe de Pellegrini se pone por encima y los entiende.
MARIO VEGA

¿Cuántas veces discriminamos?, ¿por qué lo hacemos? En estos tiempos que transcurren, épocas de cambios, de aceptación de nuevas realidades, de más acceso a información, nos damos cuenta que muchas veces hemos actuado equivocados. A veces tomando a modo de bromas situaciones que terminaban agraviando -y no pocas veces aislando- a las personas que resultaban víctimas de esa estigmatización.

En tiempos juveniles -épocas vinculadas al colegio secundario, o al ámbito del deporte, o de cualquier otra actividad-, no resultaba extraño que los que se creían más «vivos» tuvieran como víctimas de pesadas bromas y burlas crueles a quienes apreciaban más débiles. Y así aparecían las chanzas que pretendían ridiculizar a otra persona, apuntando a la condición sexual, o al color de su piel, cuando no a su situación social -esto es por ser pobre-.

La execrable discriminación.
Se suele decir que las personas que resultaban afectadas pertenecen a pequeñas minorías, pero se da que en muchos casos que no son precisamente grupos tan pequeños.
Lo cierto es que -afortunadamente- todo eso ha ido cambiando. Y mucho. Aunque todavía persistan actitudes execrables, y cada tanto se conozcan episodios que deben ser condenados.

El de la sexualidad es todo un tema, y lo cierto es que no hace mucho que se aborda la cuestión más o menos con la naturalidad con que se debiera tratar siempre. En realidad al señalar esto hay que dejar en claro que, si bien hay muchos prejuicios que de a poco van cayendo, persisten rémoras que aún demandará tiempo para que se superen. Subsisten -aunque cada vez menos- sectores y voces conservadoras que no admiten que la discriminación es un flagelo, y que nadie tiene derecho a juzgar a nadie por la orientación sexual, por su edad, raza o religión… O por lo que fuere.

El fútbol y la homosexualidad.
Y si hay un ámbito en el que de algunas cuestiones no se quiere hablar ese es el del deporte, y particularmente pasa en el fútbol… Hace poquito el crack del seleccionado francés Antoine Griezmann señaló que «en el fútbol no es habitual, porque nos hacemos los duros y los fuertes. Y tenemos miedo a lo que puedan decir», al indicar que hay muchos futbolistas gays, pero eluden decirlo para evitar ser discriminados. «A mí no me cambia nada. No tengo nada en contra», completó.

Si se sabe que la homosexualidad está en todos los sectores de la sociedad por qué habría que suponer que no el en deporte, por qué no específicamente en el fútbol… También el «Monito» Vargas, jugador de Vélez, hace días pidió que «el fútbol dé un paso más allá, y que se hable de homosexualidad».

¿Y en nuestro fútbol?
Decía antes que lo que debe ser natural no lo es absolutamente. Decididamente no lo es, aunque se hayan producido avances en la no discriminación. Porque de otra manera no se justificaría una nota periodística para dar cuenta que un chico que juega en nuestro fútbol lugareño, la semana anterior se manifestó abiertamente en su facebook. Precisamente el 28 de junio, Día Internacional del Orgullo LGBT: «Soy feliz, estoy contento. Gracias a quienes lo entienden. Y perdón a quien no. A quien lo entiende, soy Nicolás Fernández… un género no determina nada y mucho menos habla de quién soy como persona. Estoy enamorado y sí, de alguien de mi mismo sexo y soy feliz…», posteó.

Arquero de varios clubes.
El joven es arquero del Club Atlético Santa Rosa. Tiene sólo 24 años, pero igual cuenta con una campaña que reconoce pasos por diferentes clubes antes de arribar al albo. Lo vi atajar este año en el estadio Mateo Calderón, y el pibe se bancó los gritos de los simpatizantes de Miguel Riglos: «Me gritaban de todo porque ese día aparecí con un conjunto color rosa… devolvéle las calzas a tu hermana, me decían. Y la verdad es que me hacían reír, no me importaba. Lo que pasa que la gente de Rivera, Macachín, Doblas, y de esa zona, sabían. Pero de verdad no me molesta demasiado», se ríe con esa anécdota.

A poco de escribir aquellas líneas en facebook, un colega de El Diario le dijo a Nicolás si podían hacer una nota… «Lo dudé un poquito, lo consulté con un par de amigos y le dije que sí. Y la verdad no me arrepiento, porque se trató bien el tema, con respeto», admite.

Una charla con Nico.
Algunos dicen que Nico confesó su condición sexual… y en realidad cabe decir que no tiene nada que «confesar». Que en todo caso quiso decirlo y lo hizo, sin medir ningún tipo de consecuencias.

Lo invité a tomar un café en La Recova y aceptó. Nos dimos la mano y la charla se hizo fácil, amena, porque se expresa muy bien, y habló con tranquilidad sobre la cuestión que originó la nota, y sobre cómo ha transcurrido su vida hasta aquí.

«Soy nacido en Pellegrini, mi papá se llama Hugo y es despensero, y mamá es Graciela y es empleada… somos cinco hermanos: Huguito, Julieta, Yamila, después vengo yo y la última es Candela», puntualiza.

Siempre arquero.
Hizo la primaria y el secundario en su pueblo, y empezó a jugar al fútbol, siempre de arquero en Huracán de Pellegrini, más tarde en Barrio Alegre de Trenque Lauquen, Deportivo Rivera, Anguil (atajó solo un partido) hasta llegar a Atlético Santa Rosa, donde el campeonato pasado se rompió los ligamentos cruzados de la pierna izquierda. «Fue jugando fútbol cinco», reconoce y sonríe porque sabe que es una picardía de la que los jugadores de primera división deberían cuidarse: «Este año ya no voy a jugar, y estoy haciendo la recuperación con Juancito Mendía, que me da una mano grandísima», completa.

El Pampa Gambier, un maestro.
Nico recuerda que uno de sus maestros en el fútbol fue el querido «Pampa» Gambier, aquel jugador que salió de Pellegrini para triunfar en Racing de Avellaneda, que jugó en Platense -lo salvó del descenso metiendo tres goles a River en el Monumental-, y que también tuvo un breve paso por All Boys de Santa Rosa y también por Atlético Macachín.

«El me hablaba mucho, porque soy muy calentón y cuando me quería ir enojado siempre tenía la palabra justa y me convencía. Fue un tipo que quise mucho, a tal punto que cuando él se fue del club yo también me fui», evoca.

De chico mostró condiciones futbolísticas, que incluso lo llevaron a hacer una prueba a Independiente de Avellaneda cuando tenía 16 años… «Yo creí que había quedado, porque anduve bien… Pero pasaba el tiempo y la citación no llegaba y me extrañaba. ¿Pero sabés qué pasaba? Al tiempo mis padres me confesaron que llegó, pero nunca me la hicieron conocer porque no querían que me fuera del pueblo».

Un andariego.
Nicolás Fernández se reconoce como «un andariego… cuando pude arranqué para Buenos Aires, y trabajé de lo que viniera: de barman, lavando copas… lo que fuera. Después agarré para Las Grutas y estuve un tiempo, hasta que volví y empecé a jugar en distintos equipos». Ahora, con sólo 24 años, está en la etapa que los arqueros recién empiezan a consolidarse, porque como decía el gran Amadeo Carrizo después de los 200 goles uno «está maduro» para el arco. Y todavía faltan muchos Nico… ¿O no?

«Soy yo mismo».
Cuando abordamos el tema de su posteo del 28 de junio habla sin disimulos: «La verdad es que cuando iba al secundario tenía novias… Pero un día salí del boliche y no entendía bien que me estaba sucediendo… Un poco me resistía a aceptar qué me pasaba, pero finalmente me decidí a ser yo mismo… y hoy soy feliz. Estoy en pareja con Mirko, que vive en La Plata, y me siento muy bien», reafirma.

Cuenta que en su familia fueron los primeros en enterarse: «Les conté a mis padres y hermanas, y les dije que si no lo entendían me iba a ir… y lo entendieron. Al principio me costó un poquito más decírselo a mi hermano mayor, Huguito, pero ya está todo bien», completa.

Nobleza de futbolistas.
¿Y en el entorno del fútbol?, le pregunto. Y asombra un poquito conocer a través de Nico que en realidad -más allá de todo lo que se dice del machismo del ambiente-, los futbolistas de nuestra zona actúan con adultez, y con nobleza… sin denigrar a quien es capaz de enfrentar ese contexto y seguir adelante sin sentirse limitado por su condición sexual.

«En general no tengo nada que decir… Uno de los primeros en saberlo fue Facu Calaggio, un gran jugador y una gran persona», elogia al volante central del puntero del campeonato, «pero hubo muchos otros pibes que sabían, como Poroto Campbel, o Fensel, que también pasaron por Rivera. Aunque ahí lo dije delante de todo el plantel», expresa.

«Digo lo que pienso».
«Pero sabés una cosa… yo no elegí, me tocó, y por eso me acepto como soy. Y por suerte los muchachos también, y nadie se molesta por nada. Me hacen sentir muy bien… aunque sé que jugando soy bastante insoportable», se ríe recordando que -como casi todos los arqueros- es capaz de salir del arco para reprender a algún compañero ante una jugada determinada.

Nico habla mirando a los ojos, sin ataduras, sin complejos. «Me gusta decir lo que pienso… al principio no es que asumí rápidamente lo que sentía, pero después me sinceré conmigo mismo y me dije que tenía que ser feliz. Por eso no me importa demasiado lo que puedan decir», señala con firmeza.

Afecto y apoyo.
Después que públicamente dijera lo que dijo, Nico recibió el saludo y el afecto de muchísimos colegas: «Un hombre mayor que me conoce de cuando jugaba en Trenque Lauquen me dijo que a él le había costado un poco entender, pero que se daba cuenta que tenía que pensar que yo tengo que ser feliz… y por supuesto son cosas que te llegan… El ‘Colo’ Ghel y (Marciano) Coco, Mauro Massolo y Franco Lezcano me saludaron… Pero la verdad es que hubo muchísimos que me alentaron, y lo tengo que agradecer», dice.

El pibe también tiene palabras para el matrimonio que conforman Marcelo Méndez y Carina -está viviendo en su casa-, porque «me tratan como si fuera de la familia… Yo no quería que supiera el padre de Carina que es una persona mayor, pero ella me dijo que ya le había contado: al rato vino el papá, Arnoldo, y me abrazó… Cómo no voy a agradecer», completa Nico.

Gracias a vos, pibe…
Nico Fernández, el admirador del «Loco» Boto (arquero de All Boys -«no se puede atajar tanto», lo elogia-, está feliz, y su declaración en facebook no hace más que reafirmar que no lo alcanzan los prejuicios. Porque tiene claro que la vida -protagonizarla- se trata de «ser feliz con quien cada uno quiera. Entiendo a quien no le pueda gustar esta situación, porque es complicada… Los entiendo, los respeto y les doy tiempo… Diría que «comprendo a quienes no me entienden», expresa y se ilumina con esa sonrisa límpida que esgrime casi todo el tiempo.

En el final, cuando se va, me quedo alargando el café… creo que desde la misma vereda de la confitería el chico me escribe, simplemente: «Muchas gracias…».
Y la verdad, sólo me queda responder «gracias a vos pibe… gracias por esta lección de vida. Y perdonános a los ignorantes. Muchas gracias, y mucha suerte Nico…

Una historia de amor y deporte.
«El gol de Alex» es una obra de teatro presentada en escenarios de Madrid que plantea cómo sería la salida del armario de un jugador famoso, y los motivos que le llevarían a no querer contarlo, hasta decidirse finalmente a hacerlo.

Se trata de una obra donde se conjugan amor y fútbol en un cóctel explosivo, divertido… y actual. Al cabo «una comedia romántica con final feliz donde se demuestra que los hombres de verdad saben amar y jugar al fútbol…», dijo la crítica. El planteo, la trama, refiere a los miedos, la inseguridad, el éxito y el tabú de la homosexualidad en el fútbol.

Antonio Hernández Centeno escribió y dirigió la historia con muchísima sensibilidad invitando a reflexionar en torno al amor gay, volviendo a abrir el debate sobre la dificultad que existe para expresarlo abiertamente en el ámbito deportivo, y especialmente en el mundo del fútbol.

La comedia refiere a la vida de Álex Buendia, jugador del Celta, el pichici (goleador) de la Liga. El típico tipo bueno con novia pero que se siente tremendamente vacío. Había logrado marcar el gol de su vida, frente al Madrid en el Bernabeu, pero curiosamente lo celebraba sólo en la habitación de su hotel. Un cronista que estaba enamorado del jugador lo contacta esa noche y el goleador inicia una nueva vida. Su vida…

Una buena historia que termina bien, pero que no es el caso de los pocos futbolistas que manifestaron su inclinación sexual: El 2 de mayo de 1998 el jugador inglés (de padres nigerianos) Justinus Fashanu se quitó la vida, sumido en una profunda depresión por el calvario sufrido después de haber asumido públicamente su condición homosexual. Personas solidarias con su memoria impulsaron cada 19 de febrero (día en que cumpliría años) el Día Internacional contra la homofobia en el deporte.

Un conocido árbitro del fútbol profesional de AFA -hace algunos años- también se quitó la vida por el mismo motivo en Córdoba. Por eso está muy bueno que en nuestro ambiente futbolero -el de aquí nomás- se comiencen a dejar de lado prejuicios homofóbicos, sexistas, machistas, raciales o xenófobos.
Nico Fernández ha tenido la valentía para hacerlo, para manifestarse, y sus compañeros y colegas han tenido la buena actitud de no juzgarlo. Si eso no es un paso adelante…

«¿Y vos qué onda?».
Nico Fernández habla sin tapujos, sin ambages, porque sabe que superó sus propias barreras, y quizás por eso todo lo demás le importa un poco menos. «¿Cómo fue que lo dije en un vestuario?». Se pone un poco más serio y responde: «Estábamos en Macachín, y jodíamos con (Jonathan) Altmaier, un compañero al que yo siempre lo peleaba un poco, y la verdad me sorprendió: ‘¿Y vos qué onda?, ¿cuál es tu relación sentimental?’. Estaba todo el plantel y se hizo como un silencio… ‘¿qué querés saber?,’, le respondí. ‘Si te gustan los chicos o las chicas’ insistió él».

Y sigue Nico: «Y bueno… le contesté: «Soy bisexual y estuve tres años en una relación con un chico, si a alguno le molesta me lo dice, y sino acá no pasó nada… Se hizo un silencio y enseguida todo volvió a la normalidad. Fue como simple, y los muchachos aceptaron sin ningún problema. Y un poco me sentí como aliviado», completó Nicolás.