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Esa especie registra ataques a humanos

TIBURONES EN MONTE HERMOSO

Si bien no ocurrieron en Argentina, si los hay en otros países donde hay población de bacota (Carcharhinus brachyurus). «No son para acercárseles ni mucho menos para acariciarlos», aclaró un especialista de Vida Silvestre.
Monte Hermoso es un destino elegido por muchos turistas de La Pampa para veranear. Por esa razón tuvo gran repercusión en nuestra provincia la noticia conocida días atrás sobre el avistaje de tres tiburones en la línea de rompiente de una de las playas de la ciudad balnearia bonaerense.
De inmediato, las autoridades de Monte explicaron que no eran peligrosos para los humanos, sin embargo, hay datos que contrastan esa información, particularmente informes de sitios especializados en los que se asegura que existen reportes de ataques a humanos (ninguno en nuestro país) por parte de ejemplares de esa especie, hoy en riesgo de extinción.
Uno de esos episodios ocurrió en Australia, en la ciudad de Perth. Greg Pickering fue atacado en 2004, cuando él y un amigo fueron interceptados por un tiburón cobrizo (aquí llamado vulgarmente «bacota»), de 1,5 metros, mientras nadaban al norte de la ciudad australiana. El mismo Pickering sufrió un nuevo ataque en 2013 pero esta vez, más grave, pues lo hirió un tiburón blanco cuando realizaba buceo.
Los cobrizo o bacota, cuyo nombre científico es Carcharhinus brachyurus no se consideran especialmente peligrosos para las personas, pero ha habido muchos ataques no mortales, por lo general en los pescadores de lanza y nadadores, informó el sitio tiburoneswiki.com.
«Es (una especie) apreciada para la pesca deportiva y por ello es atrapada en diferentes tipos de pesquería. Por ejemplo, estos tiburones son capturados regularmente con otras especies que quizás le superen en valor como el atún y el pez espada», aseguran.

Con devolución.
David Dau, un guía profesional de pesca deportiva, es uno de los promotores de la pesca y devolución de tiburones en las costas argentinas. De hecho fue contactado en su momento por biólogos y organizaciones que protegen al tiburón, para trabajar en conjunto con ellos, en tareas de marcado de ejemplares y otros estudios referentes a la problemática de la especie.
A partir de esa relación con los científicos, dio a conocer los resultados del primer estudio científico en Argentina «Ecología y Conservación de los grande tiburones», a cargo de la Universidad Nacional de Mar del Plata, Facultad de Ciencias Exactas y Naturales. El estudio finalizado en 2003 estuvo a cargo del Doctor en Biología Marina Luis Lucifora, quien se instaló en la localidad de Bahía San Blas para realizar esta tesis doctoral.
Sobre el Tiburón Bacota (Carcharinus brachyurus) el informe indicó lo siguiente: «Se cree que pasa el invierno cerca del sur de Brasil y llega a Mar del Plata y Necochea en primavera, para luego recién en diciembre llegar a San Blas.(la temperatura del agua es muy importante en estas diferencias). Estos viven hasta los 40 años, comienzan a reproducirse a los 22 años y tienen un promedio de 18 crías cada 2 años».
«La población se encuentra casi amenazada y al peligro de una extinción. Las capturas estudiadas en Bahía San Blas por el doctor Lucifora, estiman que la pesca deportiva captura entre 327 y 471 individuos por temporada. A estos valores deben sumarse los de la provincia de Buenos Aires, pescados deportivamente en las distintas localidades anteriormente mencionadas. Se trata de una de las especies menos productivas. Elevada edad de madurez sexual, lento crecimiento, baja fecundidad y baja mortalidad natural, teniendo como resultado una baja tasa de incremento poblacional y escasa capacidad de respuesta a la explotación de la pesca. La población disminuye a un ritmo del 13% anual», explicó Dau.

Más datos.
El diario Río Negro publicó en las últimas horas la opinión de otro especialista, Juan Martín Cuevas, investigador de la WCS Argentina y del Museo de La Plata, quien consideró «inusual» lo ocurrido en Monte Hermoso.
Para Cuevas, el video tomado por los turistas revela que el ejemplar sería de la variedad denominada vulgarmente bacota (Carcharhinus brachyurus), en apariencia un ejemplar juvenil, una de las 10 especies que se arriman a la costa de las 55 descriptas para el mar argentino, de las que en ningún caso hay registros de ataques a bañistas.
«Es totalmente inédito y muy raro -sostuvo sobre el acercamiento a la línea de rompiente-. Se lo puede considerar inofensivo pero sigue siendo un bicho salvaje. No son para acercárseles ni mucho menos acariciarlos». El especialista aclaró que el hecho de que en las imágenes se lo observe dándose vuelta le hace sospechar que no estaba en buenas condiciones de salud.
«Su condición actual es de fragilidad y vulnerabilidad como todos los tiburones ya que dejan pocas crías que se pueden contar con los dedos de una mano a veces, en lugar del resto de los peces que dejan millones de huevos. Hay que recordar que estos animales son de crecimiento muy lento y algunos tardan décadas en poder reproducirse. El bacota puede reproducirse recién cuando las hembras llegan a los 2,15 metros de largo y eso ocurre cuando tienen 22 años. Las hembras de bacota paren entre 7 y 24 ejemplares de unos 60 centímetros cada dos años», explica Cuevas.