Inicio La Pampa Especialistas en "cositos"

Especialistas en «cositos»

«Ferretería González» es uno de los negocios más tradicionales del rubro. Ubicado en pleno centro, el local de origen familiar se caracteriza por su orden, pulcritud y excelente atención para brindar un stock completo y de calidad.

En una escena de «Un cuento chino», un cliente entra al negocio y pide ‘150 gramos de arandelas Grower’. El ferretero (personaje que interpreta el gran Ricardo Darín) reacciona con furia, descarga una catarata de insultos y saca al hombre del negocio bajo amenaza de tomar medidas extremas si no se va de inmediato. La película argentina es de 2011 y en estos días de cuarentena obligada esa escena se viralizó en las hiperactivas redes sociales apenas el Gobierno nacional dispuso ubicar a las ferreterías entre los negocios «esenciales».

«Esa película muestra el prototipo de ferretero gruñón o malhumorado, cansado de tantos años de que le pregunten ‘¿tiene el coso del cosito?’, o aquella historia del ‘pituto’ de la que tanto se habló (por el crimen de María Marta García Belsunce). Lo cierto es que esa realidad es muy distinta hoy, al menos en nuestro caso que tenemos como prioridad total la buena atención al cliente. De hecho nuestro lema es ‘Ferretería González hace simple tus problemas'», cuenta Gustavo Ojeda (46), uno de los rostros y una de las voces detrás de los mostradores de un negocio tradicional del centro santarroseño.

Ojeda es contador público y pareja de Nora González (52), hija de Alfredo, fundador de una cerrajería con su apellido en 1971. Ese oficio paterno de a poco fue creciendo, se armó su clientela y la demanda de otros productos modificó el mapa original: comenzaron a llegar elementos de ferretería.

«El negocio fue evolucionando hasta que la ferretería finalmente se comió a la cerrajería. Hoy lo ofrecemos como un servicio adicional pero está claro que lo central pasa por el rubro ferretero. Fue una evolución natural y el cambio también fue impulsado por el lugar en donde estamos, que es pleno centro y hay un tránsito de gente muy intenso durante gran parte del día. Desde la época de la cerrajería siempre trabajamos mucho con Casa de Gobierno y con el Banco de La Pampa», describe Gustavo sobre el local ubicado en la calle 9 de Julio.

En el emprendimiento familiar también trabaja Horacio (51), hermano y socio de Nora, y dos empleados. «González» es un negocio de proximidad y trabaja con el contacto permanente con quien hace sus propios arreglos en la casa y con quienes trabajan en distintos oficios. «A lo que no nos dedicamos es a la ferretería pesada».

«En este rubro más o menos tenemos todos las mismas cosas, los mismos precios, los mismos proveedores, pero lo que te diferencia es el trato con el cliente, tratar de solucionar su problema, su situación. Siempre decimos que aceptamos el lenguaje de señas o de ademanes, eso de ‘el coso que va así’. Vos te vas dando cuenta de lo que necesita y lo asesorás, le aconsejás que quizá lo puede reparar de otra manera. Nuestro objetivo no es vender sino crear clientes, generar un vínculo de confianza, que sepan que le vamos a vender lo que necesitan, con buena calidad y a buen precio».

Mujeres

En plena etapa de aislamiento social, obligatorio y preventivo, la firma se vio obligada a cambiar su rutina. En un panorama que llevó a bajar las ventas «en un 70 por ciento», los responsables de la ferretería armaron dos equipos de trabajo (uno por la mañana y otro por la tarde) para recibir una clientela que, en gran parte, se compone de público femenino.

«Tenemos mucha clientela femenina y les llama mucho la atención la pulcritud y el orden que hay en el negocio. La mercadería está bien ordenada por tamaño, por color, por lo que el producto demande. Yo creo que hay dos factores para que las mujeres vengan en gran número al negocio: uno es por este cambio cultural tan notable por el cual la mujer se ha empoderado y hace sus propias cosas sin la presencia del hombre. Y otro, por este local, donde la limpieza y la luminosidad son notables. Por ahí está la idea antigua de una ferretería como un lugar chiquito, abarrotado de cosas, desordenado, lúgubre. Pero acá es todo lo opuesto, hoy la proporción de clientes te diría que es casi 50 y 50 entre mujeres y hombres».

Esencial

En una rápida estimación Ojeda calcula que en Santa Rosa hay más de 100 ferreterías. Cada barrio tiene sus locales donde ir a comprar un tarugo, un tornillito, un enchufe o lo que sea para arreglar en la casa, sobre todo en estos días donde el tiempo en el hogar se multiplicó de manera obligada y extraordinaria.

«Nuestra primera reacción cuando se decretó la cuarentena fue cerrar porque no pensamos que íbamos a ser un rubro esencial, pero cuando escuchamos el discurso de Alberto Fernández dijimos ‘bueno bárbaro, abrimos’, pero está claro que tenés que pagar un montón de cosas y si no tenés caja ¿cómo hacés? Los primeros días hubo muy poca gente y después como que se fue soltando y empezó a venir», describe Gustavo. Y entre risas agrega: «Creo que es el efecto aburrimiento, ‘algo tengo que hacer en mi casa’, entonces vienen para acá».

«Nosotros siempre mantenemos la idea de que somos una ferretería de barrio. Vendemos microsoluciones, no grandes soluciones. Este es un rubro muy lindo, y muchos creen que tenemos de todo porque vienen recomendados cuando no consiguen en otro lado. Y eso te genera un gran compromiso porque no siempre es así, pero sí es seguro que vamos a hacer todo lo necesario para conseguirlo. Para la ferretería es clave la calidez en la atención, yo vengo de la docencia y ese trato está naturalizado hacia el cliente porque trato de brindarle conocimiento. Acá no se despacha, tengo prohibido despachar, acá charlamos, analizamos, recomendamos y luego vendemos», dice Nora con una sonrisa que hasta sería capaz de «ablandar» a Roberto, ese ferretero gruñón con cara de Darín que hoy se multiplica en las pantallas de celulares encuarentenados.