“Esperanza” reúne a los caballos con quienes padecen discapacidad

Gustavo Gorrochategui unió en “Esperanza” sus dos pasiones: el amor hacia los caballos y la ayuda a quienes padecen discapacidad. En la Fundación de Equinoterapia lleva adelante una actividad que tiene como gran objetivo alcanzar una mejor calidad de vida.
“Dos ejemplos muy simples sirven para conocer lo que puede generar la equinoterapia: pasar la cincha por debajo de la panza del caballo motivó a que después ese chico dejara que el papá o la mamá le pusiera el cinturón de seguridad en el auto. O cepillarle los dientes al caballo hizo la transferencia a que el chico después se los cepille solo en su casa cuando hasta ahí era imposible lograrlo. Eso sirvió para mejorar la calidad de vida del alumno y la de toda su familia y entorno”, explica Gustavo, que a sus 51 años es mucho más conocido por su apodo ‘Vasco’ y por el trabajo que realiza todas las semanas en ese predio cercano a Toay.
Gustavo Gorrochategui es profesor de Educación Física y desde hace 11 años dedica gran parte de su vida a la equinoterapia, una modalidad terapéutica que comenzó a implementarse en enfermedades ligadas a trastornos motores y neurológicos graves.
“Todo surgió por una situación de un stress muy grande que sufrí yo y mi familia. En ese proceso salía solo a andar a caballo, ensillaba y arrancaba y fui saliendo de ese trance gracias a los caballos. Así que me pregunté que si yo lo había logrado por qué no se podía ayudar a quien tiene una discapacidad. Toda la vida estuve relacionado con los caballos, por mis viejos y mis tíos, y desde que me recibí que trabajo con personas con discapacidad, son dos pasiones que decidí unir en Esperanza”.
‘El Vasco’ se capacitó el tiempo necesario en una actividad de la cual Argentina fue precursora porque el país tuvo (a inicios de los ’80) la primera escuela de equinoterapia -hoy son más de 100- de Latinoamérica. Desde la Educación Física y trabajando en conjunto con otras profesiones que se involucran en el tratamiento de una persona con discapacidad, Esperanza generó una actividad de la que muy poco se conocía en nuestra provincia.
“Arrancamos con un caballo y con una montura que hice yo con la ayuda de mi familia y de mis amigos que trabajaron en los corrales. De a poco fuimos sumando más caballos y buscando el mejor lugar porque cuanto más natural es el predio para el trabajo, más beneficios genera. Desde hace cuatro años se formó la Comisión de padres y ellos ayudan mucho para que nosotros podamos solamente concentrarnos en el trabajo”, cuenta Gorrochategui junto a Alejandra Kolman (33), la profesora de Educación Física que se sumó hace cinco años a un proyecto que se fundamenta en tres puntos básicos.
“El caballo tiene tres propiedades que son fabulosas: una mayor temperatura corporal que el humano, que en actividad puede llegar a 40° y nosotros a 37°. El grado calórico que transmite el caballo distiende la musculatura, relaja e invita al abrazo. Lo usamos para relajar al alumno al terminar la clase. Otra es que el caballo es transmisor de impulsos rítmicos y el alumno los va recibiendo: desde el estribo esos impulsos van a las piernas, a la columna vertebral y al cerebro, son repetitivos y constantes pero ninguno es igual al otro y el alumno tiene que responder a ese impulso. Y lo otro es que el caballo montado tiene un patrón similar a la marcha humana, y eso es importantísimo para quien tiene discapacidad motriz. Con el solo hecho de andar a caballo va incorporando a su cerebro un alto contenido de ese patrón de marcha”.
Clases individuales.
Esperanza ya pasó por tres lugares. Creció e incorporó, desde hace un tiempo, el techo para el picadero y la iluminación. Funciona los lunes, los miércoles y los jueves y cada alumno concurre 45 minutos por semana, en clases personalizadas. Son 18 las personas de distintas edades y diferentes patologías los que van a comprobar eso de que “los caballos sanan”.
“Funcionamos como una Fundación por el hecho de que de esa manera pueden entrar subsidios de colaboración. Tenemos muchísimos gastos: el alquiler del predio, el mantenimiento, la comida de los caballos, etc. Se les cobra una mensualidad a los padres pero esto claramente es por pasión. Nosotros no podemos dejar nuestros trabajos diarios de Educación Física en las escuelas, pero acá venimos y trabajamos junto a dos voluntarios y los papás de la Comisión. Somos como una gran familia y así funcionamos. Somos unos apasionados de esto y si no fuera así no estaríamos acá”.
Quienes llegan a Esperanza lo hacen derivados por sus agentes de salud. Tanto Gustavo como Alejandra remarcan la importancia de trabajar en conjunto y en sintonía con cada profesional que interviene en el tratamiento y la rehabilitación. Y en ese punto desde Esperanza resaltan el poco acompañamiento de las obras sociales.
“Solo hay dos obras sociales que cubren el tratamiento, en otras provincias son muchas más. También sería bueno reflotar el proyecto que presentamos hace tres años para que haya una Ley Provincial de Equinoterapia porque de esa manera se regularía el funcionamiento de los centros y así poder brindar un mejor servicio”.
Resultados.
Los celtas, ese conjunto de pueblos que vivió en distintos puntos de Europa durante la llamada Edad de Hierro, acostumbraban a regalar un caballo a la persona de la comunidad que había perdido a un familiar porque sabían que ayudaba a sanar la ausencia. Para muchas culturas ese animal tuvo un lugar mucho más importante que para el transporte, la guerra o el trabajo. Pero recién en el siglo XX se descubrieron sus cualidades en la función terapéutica a la hora de rehabilitar a quienes padecen discapacidad física o psíquica. Y observar a Fermín subido al caballo no hace más que ratificarlo.
“Se notan muchísimos avances, con el caballo se trabaja lo motriz, lo sensorial y la faz psicológica. Tiene muchos resultados para quienes padecen trastornos del espectro autista. También desde lo afectivo porque por ahí hay chicos que les cuesta vincularse con sus pares. Se logra una mayor autonomía e independencia. La equinoterapia ayuda a una mejor calidad de vida y la gratificación es el cariño y comprobar que un nene es uno cuando llega y otro distinto cuando se va. Los cambios son notables”. Cambios que se generan por eso que también transmiten los caballos, las emociones.

RECUADRO
Equitación terapéutica
“Siempre buscamos mejorar, hay mucho para hacer y todo lo que ingresa lo usamos para infraestructura. Compramos tres monturas específicas para equinoterapia y vallas porque elevamos el proyecto a la Comisión para hacer equitación terapéutica: no es que van a saltar las vallas sino que cuando un alumno domina su cuerpo arriba del caballo y está en condiciones de guiarlo, pueda hacer pasaditas, cumplir un recorrido y poder memorizarlo. Eso permite mayor autonomía”, describe Alejandra.