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«Estoy muy agradecido por la atención»

LLEGO EL LUNES DESDE MADRID DONDE ATRAVESO LO PEOR DE LA PANDEMIA

«Muchas gracias x todo. Hacen que esto sea más fácil». Eso escribió Leandro en un cartel que pegó en la ventana de su habitación en el Hotel del ACA en Santa Rosa. Lleva dos días ahí y solo tiene palabras de agradecimiento para el trato que le dan sus anfitriones y el personal de Salud Pública que dos veces al día lo visita para tomarle la fiebre y consultarlo sobre su estado general.
«En octubre viajé a Madrid para estudiar un Master en Comunicación y Marketing Político con la idea de sumar herramientas y seguir formándome en cuestiones de Comunicación de Gobierno, que es a lo que me dedico. Cursé en la Universidad de Alcalá de Henares una maestría de ocho meses y tenía previsto volver a fines de junio. Con toda esta cuestión del virus, me enteré por Cancillería que iban a empezar a repatriar gente y, además, sonaba el rumor que no habría vuelos comerciales a Argentina hasta septiembre, entonces no dudé en agendarme para un vuelo de repatriación», afirmó.
El comunicador llegó a cursar casi la totalidad de su Máster en forma presencial y el último mes lo hizo a distancia, desde su habitación en la ciudad de Madrid. El Covid-19 ya se había expandido por España y había comenzado la cuarentena. Ahora se encuentra terminando su trabajo de tesis, algo que ocupa la mayor parte de su tiempo por estas horas.
Leandro es Licenciado en Comunicación, egresado del Colegio Universitario de Periodismo de la Universidad Nacional de Córdoba. Antes de viajar a España, trabajaba como consultor y era director de Contenidos en el municipio de la ciudad de Córdoba.

Repatriado.
«Al país llegué a la madrugada en un vuelo de Aerolíneas Argentinas. El viaje estuvo bien, el servicio fue buenísimo y de Ezeiza para acá vine en micro. Ni bien nos bajamos en el aeropuerto se formó una fila con los que veníamos de dos vuelos, uno de España y otro de Italia. Ibamos anunciando a dónde viajábamos. Esperamos cuatro horas, el primer micro fue al norte del país y el segundo vino para La Pampa. El viaje fue largo, duró unas 20 horas, porque hubo controles estrictos por todos lados. El primer destino fue Mar del Plata y el segundo Santa Rosa», narró.
El micro siguió luego hacia Neuquén para seguir bajando a los repatriados del sur del país. A bordo les ofrecieron café y no hubo chance alguna de bajar en ninguna de las paradas. «No se podía ir a comprar ningún producto a ninguna tienda ni negocio pero fue correcto para cuidarse uno y cuidar sobre todo a la población», afirmó.
-¿Cómo estás en el hotel?
-Ni bien llegué me dejaron en el hotel del ACA y si hay algo para destacar es la excelentísima atención. De hecho les hice un cartel que les pegué en el vidrio para que lo vean, porque estoy muy agradecido por la forma en que me tratan ellos y el personal de salud que ha venido. Mejor imposible. Es muy de destacar. Me toman la fiebre dos veces por día. El alojamiento incluye las cuatro comidas, que son riquísimas. Hay una mesa afuera de la puerta de la habitación. A las 9 me dejan el desayuno, a las 13 el almuerzo, a las 17 la merienda y a las 21 la cena. Golpean la puerta y se van. Yo salgo con mi barbijo y recojo lo que me dejan.
Sallaberry aseguró que el protocolo es estricto y se respetan las normas de salubridad. «Cuando vienen a medirme la fiebre usan los trajes que les cubren todo el cuerpo. Es de destacar la labor que están haciendo porque ponen en riesgo su salud y, así y todo, no dejan de hacer su trabajo. Más que contento, estoy agradecido», afirmó.
-¿Cómo organizás el día? ¿En qué ocupás el tiempo?
-Trato de levantarme temprano, 8.30 ó 9, y me pongo a hacer la tesis. Tomo el desayuno que me traen y me hago unos mates para arrancar con eso porque lo tengo que presentar en menos de una semana. También chateo y hago videollamadas con familia y amigos. Mi familia está contenta de que esté acá luego de estar unos meses en España, en la boca del lobo, con la pandemia ahí.
-¿Cómo te llevás con esto de estar encerrado en una habitación todos estos días? ¿Tenés algún temor?
-La verdad que estoy tranquilo, no tengo ningún tipo de temor, lo peor ya pasó porque estuve 60 días encerrado en mi habitación en Madrid, que no me quejo, porque era lo que correspondía. Lo peor fue estar lejos de la familia. Si bien no puedo ver a mis viejos y a mis hermanos, sé que estamos durmiendo a una distancia corta. Ya estoy acá, muy cerca de mi familia y me siento un privilegiado porque me siento cuidado. Hay gente que la está pasando realmente mal.
-¿Cómo viviste el pico de la pandemia en Madrid?
-Cuando se empezó a hablar del coronavirus yo sentía que estaba lejos. Hasta que un día el gobierno español anunció el estado de alarma o de alerta y ahí tomé dimensión de que estaba muy cerca. A partir de entonces, seguí las recomendaciones del gobierno y las cumplí a rajatabla. Las calles poco a poco se empezaron a despoblar. Pedían que usáramos guantes y barbijos y que nos laváramos las manos. En ese momento solo estaban abiertos los lugares de venta de alimentos, farmacias y centros de salud. Yo salí dos o tres días siempre para comprar alimentos. Fue duro porque uno veía cómo subía la cantidad de víctimas fatales por el virus. Llegó un momento que había un poco más de 900 muertos por día y después empezó a bajar hasta las cifras de hoy, con unas cien muertes diarias. A partir de ahí comencé a hablarle a mi familia y amigos de Argentina pidiendo que se cuidaran, que esto también iba a llegar acá. Hacía ejercicio físico, trataba de comer sano, de salir lo menos posible y comunicarme permanentemente con mi familia para darles tranquilidad, porque ellos estaban muy preocupados. Todos los días hacíamos alguna videollamada. Por suerte durante esos 60 días estuve bastante ocupado, con clases virtuales.