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“Estoy viviendo una película”

Hace algunos días, Josefina Pollak estaba en Barcelona, donde reside desde hace un tiempo, y al notar “que la situación se estaba poniendo cada vez más intensa” en relación al Covid-19, decidió tomar un colectivo y un tren hasta Escorihuela, un pueblo de 50 habitantes lejos de las grandes ciudades españolas. “Estoy viviendo una película, terminé en una casa preciosa de campo y en un lugar increíble”, contó.

En declaraciones a Radio Noticias, la pampeana contó que hace algunos días, al notar que se estaba agravando la crisis social en relación a la pandemia, decidió armar su valija y recorrer 600 kilómetros desde Barcelona hasta el pueblo donde vive Andrea, su tía oriunda de Macachín.

“Fue muy raro el viaje porque llegue a tomar el colectivo y el chofer me dijo que me podía subir pero no me aseguró que iba a llegar, y que si me paraban y pedían el permiso (que no tenía) iba a ser mi responsabilidad. Por eso tenía un estado de nervios muy intenso y antes de subir empecé a dudar si irme o no, me quedé medio congelada” manifestó.

En España, la cantidad de muertos asciende a poco más de 5.600 personas, sin embargo, el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, anunció recién este domingo que desde este lunes se pondrá en marcha la paralización de todas las actividades no esenciales, por lo que los trabajadores “deberán quedarse en casa”.

Según relató, Pollak salió a las 14 desde Barcelona y llegó a Escorihuela a las 23. En pleno viaje, cuando llegó a Zaragoza se encontró con un panorama que le generó cierto miedo.

“Para mi sorpresa, cuando bajé vi una estación como la de Retiro, en Buenos Aires, pero vacía. Lo que pensé era que me quedaba, porque encima había un señor que con unas bandas empezó a cancelar todos los viajes en el letrero, pero no, me dijo que mi tren estaba por llegar”, recordó. “Cuando llegó el tren, vi que solo tenía dos vagones y solo subimos dos personas, una en cada vagón”.

Vida de pueblo.

Al llegar al lugar, ubicado a más de mil metros de altura sobre el nivel del mar, su tía, una veterinaria macachinense que vive hace algunos años en el lugar. “Terminé acá, en una casa de campo preciosa y en un pueblo increíble. Todos los días vamos por caminos escondidos de arcilla rojiza a cuidar a una yegua que mi tía tiene”, contó.

“Es un campo muy tecnológico, en el que tengo Internet y todo”, aunque dijo que “en el pueblo que está acá al lado, un poco más grande, los anuncios se dan por el megáfono de la Iglesia. Acá hay pastores con bastón de madera y ovejas con cencerros”.