Eterno militante de las luchas populares

ROBERTO "TARAGÜÍ" RODRÍGUEZ, INTEGRANTE DE UNA GENERACIÓN COMPROMETIDA CON LAS CAUSAS JUSTAS

Venido desde la entrerriana Gualeguaychú hace 40 años, ahora es un pampeano más. Taragüí Rodríguez es de aquellos idealistas surgidos de los movimientos estudiantiles de mediados de la década del ’60.
MARIO VEGA – Los años ’60 estuvieron marcados por un choque generacional sin precedentes, a partir -entre otros sucesos- del Mayo Francés, la protesta estudiantil que se iba a transformar en uno de los movimientos sociales más significativos de la historia, y particularmente de la segunda mitad del Siglo XX.
Una protesta juvenil que incluyó la toma de La Sorbona, en París, pero que se iba a extender a facultades y escuelas de educación superior. Con posterioridad la revuelta involucraría a los obreros franceses que ocuparon las fábricas y las calles.
Eran tiempos de efervescencia estudiantil que se trasladó prácticamente a todo el mundo. Se trataba de un evidente choque generacional, en una sociedad en la que los adultos establecían reglas y los jóvenes debían acatarlas.
Pero habría en esa época otros acontecimientos, como la Guerra Fría que iba a encontrar un breve paréntesis -sólo ocho meses- en la Primavera de Praga; las movilizaciones contra la Guerra de Vietnam; la lucha por los derechos de Martín Luther King; el advenimiento del movimiento hippie. Era el tiempo en que empezaban a sonar Los Beattles… y se hacía patente el cuestionamiento a las instituciones representativas y al poder patriarcal.
También por estas tierras se habían producido movimientos, como el “Cordobazo”, el “Rosariazo” y otras expresiones de protesta.

Santa Rosa se agita.
Aquellas fueron ideas que empezaron a recorrer al universo, y también conmovieron a su manera nuestra entonces pequeña aldea… Sí, nuestra provincia -particularmente Santa Rosa- también resultó caja de resonancia de los acontecimientos que sacudían al mundo, y las nuevas generaciones empezaron a mostrar sus ansias de cambiar el statu quo establecido.
Eran años de revueltas militares en los países del cono sur, particularmente, momentos de absolutismo que los jóvenes no estaban dispuestos a aceptar calladamente. Por eso empezaron a participar, ya militando en partidos políticos, gremios o instituciones intermedias. Los coletazos de los movimientos internacionales también llegaron para exteriorizarse en nuestra provincia.
Grupos importantes de jóvenes tomaban parte de manifestaciones y expresiones que se iban dando, desde la huelga de los salineros, pasando por la defensa de los ríos pampeanos -apenas iniciado los ’70 nacía la Copdrip (Comisión Provincial de Defensa de los Ríos Pampeanos)-, y más o menos contemporáneamente llegaría el momento del planteo por la nacionalización de la Universidad, entre otros acontecimientos destacados.

Lo que va de ayer a hoy.
Entre tantos muchachos enfervorizados por las luchas bajo la consigna de liberación o dependencia, había alguien que hoy es motivo de esta nota: Roberto Daniel Rodríguez (71) -Taragüí para todo el mundo, desde aquellos años-, era uno más en cuanta manifestación popular se produjera.
Han transcurrido décadas, y el hombre no luce ya aquella barba de sus épocas juveniles, ni los bigotazos que lo identificaron durante sus años de madurez, ni el cabello largo con el flequillo cayendo sobre su frente que lució por mucho tiempo . Este Taragüí de hoy es un hombre reposado, sosegado, más calmo, aunque por dentro siga bullendo su alma de habitual militante de las causas populares.
El cabello corto y blanquecino, el hablar pausado y sin levantar nunca la voz… y la reflexión justa volviendo sobre aquellos sucesos que marcaron su vida -y la de tantos argentinos-, lamentando esta dolorosa actualidad… y paciente en lo que espera que venga.

Taragüí, pero entrerriano.
Nacido en Gualeguaychú, Entre Ríos, y ya residiendo en Santa Rosa participando activamente en la militancia universitaria, alguien pensó que el apodo de “Taragüí” le venía bien a ese muchacho mesopotámico, siempre dispuesto a hacer su aporte a los objetivos que pensaba justos. Aunque “Taragüí”, en idioma guaraní, identifique en realidad a los correntinos.
Rosalino Juan Rodríguez se llamaba su papá, al que perdió cuando tenía nada más que cinco años. “Tenía taller mecánico, era contratista rural y según me contaron le gustaba correr en los autos de aquellas épocas, y era piloto aficionado de avión”, lo describe por mentas. Mamá -fallecida en Santa Rosa hace no tantos años- se llamaba Blanca Margarita Cesarino. El matrimonio habría de tener cinco hijos, dos de ellas mujeres que fueron docentes y han fallecido; Quique que vivió un tiempo por aquí pero se volvió para residir ahora en Gualeguay; y Juan Manuel, Poti, que se desempeñó en la administración pública y también militó en el peronismo provincial.
“¿Los tiempos de pibe en Gualeguaychú? Como todos en esa época… la pelota en el baldío que estaba enfrente de nuestra casa, los barriletes, y un poco laburar en el taller de un tío para ganarnos unos mangos”, dice Roberto.

Ya en Santa Rosa.
“Cuando vinimos mamá estaba casada con Tomás -su segundo matrimonio-, y fuimos a alquilar en la calle Garibaldi, para después venir a Maestros Pampeanos, frente a la plazita, en la casa que construyeron allí”, rememora.
Taragüí había hecho la primaria en la Escuela Eva Perón de su pueblo, y había empezado el secundario, pero tenía que finalizarlo en Santa Rosa. El Colegio Nocturno “Ayax Guiñazú” lo iba a tener como alumno: “Recuerdo que Santa Rosa, en 1964 cuando llegamos, era una ciudad muy pequeña. Me recibí de Bachiller junto a personas mayores que yo, porque en general al nocturno iban quienes trabajaban durante el día, y me relacioné e hice buena amistad con Eduardo Di Nardo, Marcelino Boto, Francisco Chasvín, el Negro Conde, Carlos Evangelista, Fabresi… Pero la verdad es que era una extensa lista de buena gente”, los define.
Simultáneamente “buscaba algún trabajo, y a través del abogado y profesor Fornes Roger conseguí en la empresa Laurenzano y Besano, que estaba en la calle Escalante. Allí estuve un tiempo hasta que ingresé en la Administración Pública, cuando el gobernador era Ismael Amit, y Eloy Traba su Secretario General. Así que con ellos entré en 1965, siempre en la Dirección General de Estadísticas y Censos”, organismo del cual iba a ser director mucho tiempo, hasta diciembre de 2015.

La militancia.
Taragüí no se iba a salvar de hacer el servicio militar en el Regimiento de Toay, en simultáneo con su ingreso a la universidad en la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de La Pampa. Y aquí es que comienza una etapa muy mezclada de estudio y de militancia, en las juventudes políticas, en el gremio de ATE, y en cuanta actividad fuera necesario. Antes había sido Secretario del Centro de Estudiantes de Agronomía, y ya militaba en la agrupación estudiantil Tupac (tendencia del partido de la Liberación) “e impulsábamos todas las luchas populares”.
No estaría ausente de la “gran huelga salinera que empezó a fines de 1971, la de la Coptal, y la formación de la Copdrip junto con todas las asociaciones intermedias, partidos políticos, gremios, sectores sociales y empresariales”, menciona. “Todo eso ocurría mientras trabajaba en la Casa de Gobierno, así que me tenía que repartir un poco para cada actividad”, completa.

Directivo de ATE.
Roberto era un tipo inquieto, y cada movimiento social lo mantenía alerta. A fines de 1975, integrando la lista Marrón, participaron y se impusieron en las elecciones de ATE: “Le ganamos a la llamada burocracia sindical de la época, cuya cara visible era Ibero Ferreyro. A esa Comisión Directiva la componíamos con la Negrita Alvarado, Omar Hernández, ‘Morcilla’ Grandón, ‘Conejo’ Vendramini, Oscar Gatica, Caíto Cafardo, Reynaldo Ferro, Miguel Castro, Cacho Peralta y otros compañeros. Trabajamos mucho para elaborar el Estatuto del Empleado Público Provincial (ley 643)”.
En esos momentos era gobernador don José Regazzoli, en poquito tiempo vino el golpe militar de marzo del 76 y todo ese trabajo sindical fue rápidamente desvirtuado por el gobierno de facto. Comenzaba un período negro de la historia argentina y la provincia no estaría ajena al mismo.

El golpe, la prescindibilidad.
Ocurrieron los hechos conocidos de represión, detenciones, torturas y toda clase de abusos, en tanto el andamiaje legal fue haciendo que caducaran los derechos de la democracia. “Empezaron las persecuciones y despidos en el estado, y en todos los organismos públicos nacionales, provinciales o municipales echaron gente”, menciona.
¡A mí y a varios miembros de la Comisión Directiva de ATE nos tocó la ley de prescindibilidad: o sea fuimos echados… Y esto me recuerda a la actual prescindibilidad de Telam, ¿no? -dice Taragüí, refiriendo a los despidos del periodista Mariano Rodríguez Vega, a la sazón su sobrino y también el mío, y el fotógrafo Julián Varela-… en aquel momento también echaron de su trabajo docente a Marta, la mamá de mi hijo Luciano (que había nacido en enero del 76)”, completa.

El vendedor de camisas.
Había que llevar el sustento a la casa, y algo había que hacer. “Sí, claro, por eso me puse a vender camisas. La mayor parte en la propia Casa de Gobierno, donde tal vez por solidaridad me compraban los que habían sido mis compañeros. Pero me duró poco porque el capitán Greppi, Secretario General de la Gobernación, durante la etapa de los militares -el gobernador era Fabio Iriart- hizo poner un cartel prohibiendo mi entrada a la Casa de Gobierno… con foto y todo. ¡Qué tal!”, se ríe ahora.
Imposibilitado de continuar aquella venta, “instalamos con mi hermano Potí -a él también lo habían dejado afuera en la Dirección de Comercio- una fábrica de sellos con lo cual nos fue bastante bien. Pero además tuvimos un criadero de pollos y de cerdos, todo al mismo tiempo. La verdad es que trabajábamos más que antes”, agrega.

Vuelve la democracia.
Pero como el mal no dura cien años, volverían los tiempos democráticos. “Se produce en 1983 el triunfo de (Rubén Hugo) Marín, que en la campaña se había comprometido a reintegrarnos al trabajo a los que habíamos sido prescindidos… y cumplió, así que nos reincorporaron y reconocieron todos los derechos caídos, y luego de ocho años retomé la tarea en Estadística y Censos, que fue donde estaba en el momento de la expulsión”.
También Taragüí se reincorporó a la militancia en el Partido Justicialista, actuando, principalmente en la Universidad al iniciar una segunda carrera, Licenciatura en Historia. “Ya había terminado no sin esfuerzo la de Ingeniero Agrónomo, donde armamos una agrupación política y logramos incidir en los concursos de profesores y en la elaboración de los planes de estudios. Pero en Historia, a mitad de carrera, abandoné para hacer otras cosas”.

La política, siempre la política.
Y después no iba a parar en lo político. “En 1984 en poco tiempo nos reincorporan a los prescindidos, se inician las investigaciones y depuraciones sobre la policía local, y me puse a trabajar con compañeros de Convergencia Peronista. En el ’87 trabajamos en el equipo de campaña de Manolo Baladrón y ganamos las internas para la intendencia y luego las elecciones generales”.
En ese momento fue convocado para la Dirección de Administración y Control de la Municipalidad. Néstor Ahuad era el gobernador, y cuando Pildoro Gazia (que era diputado provincial) desembarcó en el Ministerio de Bienestar Social Taragüí se hizo cargo de la Dirección de Promoción Comunitaria (que allí se llamaba Servicios de Base). “Nos tocó gestionar en momentos muy difíciles de la hiperinflación, la pobreza del 47%, la desocupación de dos dígitos, las cajas PAM, el aumento de chicos en comedores escolares… igual que ahora”, resume. Después vino el adelanto de elecciones y Carlos Menem asumió la presidencia.

Dura interna Jorge-Gazia.
“Muchos militantes seguíamos trabajando para que el peronismo de Santa Rosa tenga más protagonismo en el concierto provincial, y así impulsamos esa consigna con todos los sectores y algunos respondíamos a Convergencia. Avanzábamos muy bien y en un momento habíamos logrado posicionar a Pildoro para la precandidatura a intendente, en el ’91. Eso no le gustó a Ahuad que presionó para que abandonáramos el Ministerio de Bienestar social cosa que hicimos. Simultáneamente un sector mayoritario de Convergencia decidió llevar al Ningo Jorge, quien nos ganó la interna en 1991 por menos de 30 votos sobre mas de 7000 votantes. Todavía las internas eran”cerradas”, y la Carta Orgánica del PJ decía en ese momento que, como en el juego de la ‘perinola’, el que ganaba se llevaba todos los cargos aunque la diferencia fuera un solo voto”, rememora.

¿La historia se repite?
Después se crea el MUP (Movimiento de Unidad Peronista) “y batallamos mucho para tener presencia y consideración del Partido con momentos de unidad y otros que no lo eran tanto. Peleábamos mucho para que se cambiaran cosas en el partido, y así conseguimos que se le diera lugar a las minorías, con la instrumentación del sistema D’hont que ahora rige”, cuenta.
Cuando Pildoro Gazia fue diputado nacional Taragüí lo acompañó como asesor, yendo y viniendo todas las semanas a Buenos Aires. “Allí viví de cerca los debates que ahora volvieron a estar de moda como el de las privatizaciones, la emergencia económica y, salvando las distancias, el rol de argentina en el mundo. Pero también hubo otros momentos de distanciamiento, como cuando rechazamos la reelección de (Carlos) Menen y abrimos camino con (José Octavio) Bordón, o cuando apoyamos la fórmula Duhalde-Ortega en contra de la Alianza de De La Rúa. A raíz de esto que he vivido, de vez en cuando me pregunto si la historia no se repite. Y pareciera que sí”, reflexiona.

Esperando la unidad.
Ahora, en la etapa del jubileo, que disfruta y mucho -“aprovechamos a viajar bastante con Graciela, mi esposa”, admite-, Taragüi dice que está “esperando la unidad del partido. Trabajé en la campaña interna de 2015 para Compromiso Peronista, con Fabián Bruna, interna que ganó Carlos Verna; y el año pasado en las legislativas colaboré con la lista de la unidad del peronismo que fue con Ariel Rauschenberger, Melina Delú y Franco Robledo; pero ahora estoy en un impasse… como muchos en el peronismo sin participar de agrupación alguna, pero aguardando la unidad en un gran frente opositor para recuperar el gobierno nacional, la ciudad de Santa Rosa y retener el gobierno provincial, porque creo que si cae en manos opositoras vamos a estar en el horno”, se intranquiliza.

Siempre listo.
Roberto no tiene nietos aún, y por ahora se entretiene caminando cada mañana con “Gaspar”, su inquieto perrito… leyendo ávidamente una hora y media todo lo que pueda informarlo -incluso aquellos medios que le pintan una realidad que no es la que se vive, “porque hay que saber qué dicen aún los que están en contra de la gente”, razona-, y espera… aguarda el momento de volver a participar… “Cuando llegue la unidad”, afirma esperanzado… Porque al cabo esa es su esencia, ese ha sido su permanente modo de vida: la militancia. Siempre, hasta el último día. Porque de eso se trata cuando se pretenden mantener las convicciones. Taragüí Rodríguez… Siempre listo. Claro que sí.

Lanusse, la historia de una foto
El 25 de Mayo de 1972 llegaba a Santa Rosa -quizás en la creencia que aquí no encontraría mayores protestas-, Alejandro Agustín Lanusse, presidente de facto.
Días antes, desde la Jefatura de Policía se había convocado a los centros de estudiantes para que evitaran revueltas durante su visita: no llevar panfletos, pancartas, ni carteles de ningún tipo.
Pero las autoridades provinciales no creían que, por aquí, ya se habían hecho carne consignas como “prohibido prohibir”.
Sonríe Taragüí al contar: “Por supuesto dijimos que nosotros también estábamos de acuerdo, pero en cuanto salimos de la reunión empezamos a elucubrar como podríamos expresarnos; y decidimos hacer pasacalles y esconderlos en una obra en construcción allí por el costado del Pampa Bar, donde ahora está el ingreso a la Universidad por Avenida San Martín, que estaba lleno de escombros y maderas. Al día siguiente éramos muchos los que esperábamos el paso del auto presidencial, y cuando Lanusse iba llegando sacamos las cosas de la obra y mostramos los pasacalles que decían: ‘Basta de dictadura’ y ‘Fuera el GAN’ (Gran Acuerdo Nacional’), o algo parecido”.
El lugar estaba atestado de policías, muchos de civil, que recibieron la orden de aprehender a los revoltosos. “Nos pegaron una corrida regular, con esos palos de goma. Cada uno salió para donde pudo, y yo agarré para el lado del diario LA ARENA, que estaba en calle 25 de Mayo, pero tuve mala suerte…”, y larga la carcajada. “Me choqué un árbol y me manotearon, me dieron por las canillas y me llevaron preso, a Jefatura, en Escalante y Pellegrini. Pero no era el único, porque terminamos siendo una veintena”.
“La gente pedía que nos largaran, pero recién lo hicieron el domingo a la noche, después que se fue Lanusse… La cuestión es que al otro día fui a trabajar a Casa de Gobierno (el gobernador era Benjamín Santos Trapaglia), y Horacio Delfino, que era el director de Estadística, y buen tipo, me esperaba con el diario LA ARENA para ‘gastarme’ por la foto en la que se veía cómo me llevaban preso…”, recuerda.
Allí se ven dos policías uniformados y uno de civil que se llevan a Taragüí, mientras son increpados por Pinky Pumilla, que entonces era periodista de este diario.
Han pasado 46 años de aquella anécdota… y de esa foto que tomó El Gringo Pablo De Pián.

El libro que viene
Roberto Rodríguez tiene dos hijos: Luciano que vive en Bogotá, y viene seguido porque da clases en la UBA; y Mercedes, licenciada en Economía.
“Con mi hija y un profesor de la UBA, también economista, estamos trabajando para un libro acerca de la Demografía y el Mercado de Trabajo en la provincia de La Pampa, y esta investigación la vamos a presentar en el Congreso de Historia económica de la Facultad de Ciencias Humanas”, explica.
Pero además Taragüí participa de la Asamblea por los Ríos Pampeanos, “desde donde impulsamos fuertemente la reivindicación del Atuel, el significado del despojo en términos demográficos, ecológicos y económicos que se iniciara con el corte hace 80 años”, sostiene.
También aprovecha su estado de jubilado para viajar, “ahora que tengo tiempo… Recientemente estuvimos en Roma, París, y está bueno poder darnos ese gusto con mi esposa”, completa.