Falleció Alberto Pereyra, ex futbolista y periodista deportivo

A la edad de 77años falleció el ex militar, futbolista y periodista Luis Alberto Pereyra. Llegado a la provincia de La Pampa en el año 1967, tuvo una destacada trayectoria en el seno de la sociedad santarroseña, primero como relevante futbolista de Atlético Santa Rosa y los seleccionados de la Liga Cultural; y más tarde como periodista radial y televisivo.
Alberto Pereyra, nacido en Santiago del Estero, era militar -había recibido instrucción en Campo de Mayo-, y llegó a nuestra provincia trasladado al destacamento de Toay.
Cumplió servicios durante 32 años en la División Comunicaciones del Ejército Argentino, y al momento de su retiro ostentaba el cargo máximo de su escalafón, suboficial mayor. Era un jefe formal y escrupuloso, que no se metía innecesariamente con los soldados que estaban a sus órdenes, lo que obviamente lo hacía merecedor de un especial reconocimiento de quienes estuvieron bajo su mando.

Sólo en Atlético Santa Rosa.
Los que gustaban del fútbol no pueden dejar de recordarlo como un extraordinario futbolista que, en nuestra provincia, sólo vistió la casaca alba de Atlético Santa Rosa, aunque también lució en innumerables oportunidades los colores de la Liga Cultural de Fútbol.
Como quedó dicho hizo la instrucción en el Ejército en Campo de Mayo, y se perfeccionó en el Arma de Comunicaciones, un trabajo que también lo atrapó. En ese mismo momento superó una prueba en el Club Estudiantes de La Plata que propuso ficharlo, pero Alberto decidió privilegiar su carrera militar para cumplir con el mandato paterno.
A partir de su condición de futbolista, por el acceso a nuestra sociedad -a través de conocer a muchísimos jóvenes que debían hacer el servicio militar en el Regimiento de Toay-, se convirtió en un vecino más. Le gustaba ir a bailar a El Águila, la céntrica confitería de moda en aquellos años, y allí habría de conocer a Irma Distel, que tiempo más tarde se convertiría en su esposa y madre de sus hijos.

Elegante futbolista.
Pereyra tenía un físico espigado, y en el fútbol jugaba con la cabeza levantada y desplegando talento. Mostraba habilidad, pero no la usaba para mofarse del rival sino para traducirla en jugadas de gol. Gambeteaba, le pegaba con ambas piernas, y su cabezazo era mortífero. Pero a todo eso le daba el aditamento de la elegancia de sus movimientos.
Letal en el área, parecía frío pero en realidad era cerebral, buscaba los espacios, y hacía muchos goles. Se podía decir de él que, en lo deportivo, nunca se le iba a ver un gesto de ordinariez o tosquedad. Alberto era, por el contrario, la sutileza, la sagacidad, la distinción. Así jugaba: un crack.
Tuvo como compañeros a otros buenos como Ricardo Galera, El Ruso Dieser, Chiquito Rodríguez, Eduardo Valverde, Carlos Marusich, los hermanos Albarracín, El Tono Loyola, Beto Calvo y Orlando Matus.
Fue tentado muchas veces para jugar en otros equipos, pero nunca se fue de Atlético Santa Rosa.

El entrenador.
Más tarde vendría su etapa de entrenador. Independiente de Doblas fue la única primera que dirigió, y más tarde inferiores en All Boys, Banco de La Pampa y Atlético Santa Rosa. Los que fueron sus dirigidos mencionan que no sólo les hacía un aporte futbolero, sino que también les ofrecía lo que se puede decir eran lecciones de vida. Y se lo agradecen.

El periodista.
Retirado del fútbol, como hombre inquieto que era, Alberto eligió ir por el lado del periodismo. Con la misma pasión con que jugaba, y con la seriedad y responsabilidad que se le conocía.
Empezó en Canal 2, en un programa que llevaban adelante los hermanos Roldán; más tarde habría de ser activo colaborador de Juan Carlos Carassay y Julio Heredia; y luego de un programa que hacía en Radio Nacional, junto al colega Claudio Dezeo crearon el programa La Pelota, que todos los días desde hace 21 años se pone al aire en Radio Noticias-

Hombre de principios.
No hace mucho tiempo el mismo Carassay, que cada año hace la Fiesta del Deporte de Todos los Tiempos, lo homenajeó con el título de “Gran vencedor”. Alberto Pereyra se llevó esa noche, en Toay, todos los aplausos.
En los últimos tiempos su salud se había resquebrajado, y finalmente falleció en las primeras horas del viernes.
Su deceso enluta a la familia que conformaba con su esposa Irma, sus hijos Julieta, María Laura, Carolina y Hernán, y sus nietos. Pero también entristece a los muchos que lo trataron, porque se fue un hombre íntegro, una persona que supo honrar la vida.