“Fue un tiempo de tristeza y dolor”

ANA GISPERT SAUCH COLLS RELATO COMO SE ESCAPO DE LOS MILITARES A PERU

Ana Gispert Sauch Colls afirmó ayer que el coronel Ramón Camps hizo “una persecución ideológica a profesores que afectó mucho a la UNLPam” durante la dictadura cívico militar, recordó el exilio en Perú y cuestionó el rol de la Iglesia por la falta de respuesta ante los familiares que reclamaron por los secuestrados en La Pampa.
Gispert, que habló por videoconferencia desde la ciudad de Lima en el marco del juicio de la causa Subzona 14 II, dijo que los militares la fueron a buscar a su casa el 13 de noviembre de 1975 donde detuvieron a otros profesores y personas que vivían también allí, entre ellas Cristina Ercoli.
La mujer, nacida en Barcelona (España), llegó a La Pampa en diciembre de 1965 y en 1973 fue designada secretaria académica de la Universidad Nacional de La Pampa. Llegó a la ciudad de Santa Rosa como profesional laica cristiana, relató.
“Yo fui una víctima pero no la única ni un caso aislado. Quiero representar en mi testimonio a compañeros que sufrieron violaciones de derechos”, comenzó, agregando que José López Rega, que había armado la Triple “A”, “era el que daba las órdenes”. En la sala, de cerca, siguieron especialmente el testimonio Nelson Nicoletti y Ercoli.
Ante las preguntas del fiscal Leonel Gómez Barbella, la mujer manifestó que los militares persiguieron a docentes que llegaron de Bahía Blanca porque “había empezado la represión absurda y macartista” contra quienes querían hacer una Universidad “a favor del pueblo”.
“Vinieron profesores excelentes y cuando se estaban organizando, la orden de Camps que estaba en (el Regimiento de) Toay, era perseguirlos”, comentó. Y siguió: “Era un plantel de profesores muy interesantes que fueron descabezados antes y después del golpe militar”.
Además, manifestó que en su casa se reunían “frecuentemente” alumnos y docentes para debatir y profundizar sobre distintos temas. El lugar estaba en la mira de los militares porque podía ser un centro “clandestino, marxista”, recordó. “Yo había llegado como laica profesional y cristiana. Esto fue mal visto por Camps, que era amigo del obispo Mayer”.
Antes de las detenciones, su casa recibió dos inspecciones. En uno de los procedimientos, los militares vieron un libro “de tapa roja, de Teología para la liberación y después se supo que en un informe decía que había encontrado allí libros subversivos y armas. Yo no tenía nada que ocultar”.

Progresistas.
Gispert comentó que llegó a La Pampa para “apoyar el trabajo pastoral como laica profesional desde una perspectiva cristiana” y que formaba parte de una línea “progresista” del catolicismo, que encabezan en el ámbito nacional monseñor Angelelli. “Era una visión más amplia ante la sociedad, pero no estaba en contra de la Iglesia más tradicional y conservadora que estaba ligada al poder”.
La mujer manifestó que cuando la fueron a buscar los militares había viajado a General Pico junto a Hugo Chumbita, y allí se enteró que la estaban buscando porque le avisaron unos compañeros. Allí, se fue a General San Martín, donde recibió la ayuda del cura Valentín Bosch. Tenía orden de captura. Estuvo clandestina hasta que pudo salir del país a Paraguay.
En la vivienda en la que vivía, arrojaron una bomba que incendió y destruyó libros y muebles y hasta derribó una pared, recordó. “En la casa no quedó nada, todo había desparecido, yo andaba sin nada. Estaba sin documentos y sin dinero”, siguió Gispert.
Manifestó que estuvo prófuga durante meses y se iba enterando de los compañeros que quedaban detenidos en forma ilegal. “Para llegar a Asunción me ofrecieron su carro unos amigos de Rosario, atravesamos el río como si fuera un viaje turístico pero el varón entregó el suyo y fue como un paseo de placer; lo que más sufrí es no poder estar en Argentina donde me había hecho ciudadana”.

“Tristeza y dolor”.
En Paraguay, continuó, tenía “un contacto” del Movimiento Cristiano de Profesionales. “El dueño de la vivienda era militar, pero consciente de lo que pasaba”, indicó. Luego, tomó un avión a Perú. En la embajada española me hicieron un pasaporte válido por un mes para un supuesto evento en la ciudad de Lima. “Podría haber ido a España pero quería estar en América Latina, preferí quedarme”, señaló. La mujer trabaja actualmente en la Universidad Mayor de San Marcos.
“Quiero expresar la experiencia de la que fue víctima, ese tiempo de tristeza y dolor. Para mí era una política sistemática de los gobernantes y fue una aberración”, dijo Gispert, que en 2014 fue reconocida por la UNLPam con un acto homenaje.
En referencia a los “viajes del terror”, señaló que “sentía que lo mío era muy poco, pero no menos doloroso, fue una experiencia que me marcó”.
Con respecto a monseñor Arana, manifestó que “tenía una ideología muy marcada y distinta a la mía, representaba otra línea de pensamiento”.
-¿Sabe qué rol tuvo Arana en la detención de algunas personas?, le preguntó el querellante Franco Catalani.
-No podría decirlo pero si sé que no defendió a ciertas personas, no me extrañaría que pudiera haber señalado.