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La historia de la pampeana que trabaja por la ley de Etiquetado Frontal

El martes 6 de abril concluyó en la Cámara de Diputados el tratamiento en Plenario de Comisiones del proyecto de Ley de Etiquetado Frontal de Alimentos y Bebidas Destinadas al Consumo Humano. Si resulta aprobada, esta norma (que el año pasado obtuvo media sanción en el Senado), obligará a imprimir «octógonos negros sobre paquetes y envases de alimentos procesados y ultraprocesados con exceso de azúcares, sodio, grasas (totales y saturadas) y calorías».
Su objetivo es desalentar el consumo de alimentos que pueden afectar la salud, e informar mejor a los consumidores. Además, regulará la publicidad, prohibirá su ingreso a las escuelas y condicionará la promoción de espectáculos y actividades destinadas a niños y niñas. «Apunta a mejorar los entornos saludables, especialmente para las infancias. En los últimos años cambió mucho el abordaje de la malnutrición: antes se asimilaba el exceso de peso a una conducta individual, victimizando a la persona. Pero el niño que ingresa a un kiosco comprará golosinas porque el entorno lo estimula. La idea es eliminar entornos obesogénicos, con gran disponibilidad de alimentos ultraprocesados, muchas veces disfrazados de saludables, como lácteos o cereales».
Gisel González nació en Santa Rosa y en 2005 se instaló en Buenos Aires para estudiar nutrición en la UBA. Se graduó, trabajó en algunas empresas y en 2014 inició una Maestría en «Epidemiología, gestión y políticas de salud» en la Universidad de Lanús. El año pasado fue seleccionada por la Federación Argentina de Graduados de Nutrición (Fagran), mediante una convocatoria destinada a conformar el equipo de profesionales encargadas de promover la ley. Ser designada entre aspirantes de todo el país resulta «una gran satisfacción y un orgullo para nuestra provincia», comentó.

Perfil nutricional.
Gisel contó que el texto promovido por Fagran se asienta sobre «el perfil de nutrientes aprobado por la OPS» (Organización Panamericana de la Salud) que ya sirvió como base para una ley similar en México. «En Chile y Uruguay, en cambio, se aprobaron normas más laxas. Y en Ecuador utilizan un semáforo y en Brasil una lupa, herramientas que no dan resultado». En estos casos, se aliviaron los perfiles nutricionales ante la presión de la industria.
«Las góndolas de hipermercados exhiben muchos artículos y los usuarios apenas destinan siete segundos a elegir entre uno y otro. Alimentos considerados saludables, como postres lácteos, galletitas con cereales o bebidas light, tendrían más sellos de lo que imaginamos: se disfrazan como nutritivos, pero cuanto más procesados, menos saludables son. Los cereales azucarados. por ejemplo, con esta ley tendrían octógonos negros y no podrían venderse a escuelas ni llevar imágenes como la del Tigre», advirtió.
Esta ley también identificará con señales de alerta «los alimentos que contienen edulcorantes o cafeína, no recomendables para niños». Los productos con sellos negros «no podrán comercializarse en escuelas, ni patrocinar actividades públicas, ni llevar dibujos, sorpresas o personajes».
Uno de los lobbies más poderosos contra la ley está encabezado por los gigantes lácteos (La Serenísima-Danone y Nestlé) preocupados porque quedará al descubierto que sus yogures y postres lácteos no son tan sanos. Y también hace presión Ferrero, para que sus huevos Kinder no pierdan la sorpresita.

Experiencia positiva.
Según el texto aprobado en el Senado, los octógonos llevarán el término «Exceso», pero la industria presiona para cambiarlo por «Alto». «La experiencia realizada en Chile, a partir de 2016, demuestra que el etiquetado funciona: muchas empresas redujeron sus volúmenes de sodio y azúcar para evitar las etiquetas». Y al mismo tiempo, «creció la industria mediana de productos orgánicos y alternativos, menos procesados y con menos ingredientes» contó Gisel.
El perfil nutricional de la OPS identifica «excesos de sal, azúcar, grasas y calorías que entrañan un riesgo o pueden tener efectos nocivos sobre la salud». Por ahora, la industria alimentaria «solo está regulada por el mercado, cuya lógica no es ser más saludable, sino más rentable: cuando dejamos al mercado sin regulación, la industria usa ingredientes cada vez más baratos» y recurre a opciones como «edulcorantes o jarabe de alta fructosa, peores que el azúcar».
Frente al proyecto, las empresas buscan «generar confusión y denuncian que todos sus productos tendrán sellos, pero la ley solo apunta a productos procesados: azúcar, sal, fideos, legumbres, no llevarían sellos. Solo se controlarán productos con muchos ingredientes: galletitas, gaseosas, snacks, pastas rellenas». Por ejemplo, no sería controlada la leche, pero sí sus derivados, no se controlaría la harina, sino los productos con ella elaborados.
Gisel asegura que mientras «el 80 ó 90 por ciento de los alimentos exhibidos en supermercados son ultra procesados», los de mayor calidad nutricional «resultan cada vez más costosos». Esto responde también a «una lógica de globalización y a una forma de comer, porque cada vez dedicamos menos tiempo a preparar nuestros alimentos».

Dieta saludable.
No hay una receta para comer sano. «Una dieta saludable debe basarse en alimentos reales y naturales, cocinados en casa; dejando paquetes, gaseosas y bebidas azucaradas para consumos eventuales», advierte. Actualmente «la alimentación está globalizada, comemos básicamente lo mismo en todo el mundo. En la antigüedad los mediterráneos tenían su dieta, los esquimales y quienes vivían en la selva tenían las suyas: eran distintas, pero todos consumían alimentos de su entorno y según la variación estacional».
Durante el siglo XX, productos procesados y ultraprocesados «fueron reemplazando a los alimentos naturales. Hay que recuperar comportamientos olvidados y por eso importante que Santa Rosa promueva huertas agroecológicas». Hace décadas que las frutas y verduras consumidas en La Pampa «provienen de lugares a más de 500 kilómetros. La falta de autonomía en frutas y verduras también contribuye a una mala alimentación», asegura.
Si bien las empresas amenazan con pérdida de empleo y otras tragedias, «las experiencias demuestran que no es así». En Chile, «hubo una reducción del 25% de alimentos procesados con exceso de azúcar y sodio, y se reformularon productos para eliminar sellos» reiteró. Y no hubo despidos: «la industria siempre se adapta». Curiosamente, la ley «impactó especialmente en los niños, que influyen sobre sus padres para que no compren productos con sellos. Incluso, hubo un intento de dar marcha atrás con la ley, y el pueblo chileno se opuso».

«Todo lo posible».
En los últimos días, legisladores opositores alertaron que el proyecto está frenado y el gobierno, cediendo a presiones empresarias, «prepara una resolución más flexible que no protege los entornos infantiles ni regula la publicidad de alimentos ultraprocesados y podría eliminarse en cualquier momento». Desde Fagran permanecen «en contacto con las entidades miembro y otros colegios profesionales, y mantenemos acciones de difusión e incidencia en todas las provincias».
«Estamos convencidos de que servirá para mejorar la vida de las personas y que la industria se adaptará: ya sucedió con la ley antitabaco, tantos sectores se oponían a la prohibición de fumar en espacios cerrados y hoy está naturalizado. Haremos todo lo posible para que esta ley se apruebe» concluyó la pampeana.

FOTO: ARCHIVO FACEBOOK.