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«Hay desprecio por los trabajadores»

LOVERA, DURO CONTRA LOS "EMPRESARIOS INSACIABLES"

«Hace poco tiempo, con trabajadores con estos mismos derechos, el desempleo en Argentina no superaba el 5 %», recordó Lovera, al referirse a los impulsores de una reforma laboral en Argentina.
El senador pampeano Daniel Lovera se hizo eco de las manifestaciones públicas del presidente de la Cámara de la Construcción, Julio Crivelli, y del empresario cafetalero Martín Cabrales, que impulsan una reforma laboral para reformular la relación entre el capital y el trabajo en Argentina, dando de baja a un sistema que ha evolucionado satisfactoriamente en la protección del trabajador y sus derechos en nuestro país.

– ¿Cómo analiza los dichos de estos empresarios que manifiestan la reforma laboral como una necesidad imperiosa?
– Leer o escuchar expresiones como las de Crivelli o Cabrales sobre la flexibilización laboral con la impunidad y la falta de escrúpulos que se expresan, no habla solo de su pensamiento sino del lugar que les ha habilitado gobierno nacional como voces a considerar a la hora de definir sus políticas de Estado. Argentina es un país en el que ha sido la intervención del Estado la que le ha procurado un espacio de derechos a los trabajadores, pensando la economía desde la humanización y no desde el mercado. En realidad, a estos empresarios no les importa la gente, pero lo más grave es que al gobierno nacional tampoco, porque hablan siendo cómplices de lo que pretende ser un modelo de país centralista, con políticas sociales ajustadas a las variables del mercado y con un desprecio sistemático por las familias trabajadoras.

– ¿Qué consecuencias podrían tener estas medidas?
– Si estas opiniones se consolidaran como actos de gobierno darían por tierra con décadas de avance en los derechos de los trabajadores. Plantear hoy a la figura del trabajador como un bien de cambio en el mercado, como un engranaje más, es lisa y llanamente retrotraerse a la época de inicios de la Revolución Industrial. Es inaudito que representantes de entidades patronales se manifiesten de esta manera contra los derechos de los trabajadores que, en Argentina, tienen una larga historia y están consagrados incluso en la Constitución Nacional. Es temerario e irresponsable que se expresen así, y si esto se tradujera en medidas de gobierno, las consecuencias serían devastadoras. Sería la consolidación de un modelo de Estado con lugar para unos pocos.

– En su rol de presidente de la Comisión de Trabajo del Senado, ¿considera viable el tratamiento de un proyecto de ley en este sentido?
– De ninguna manera. Personalmente me he ocupado de bloquear el tratamiento en Comisión de cualquier norma que se piense en este sentido. No dejo de sorprenderme de la envergadura de las declaraciones de Julio Crivelli y de Martín Cabrales, son de una irresponsabilidad absoluta, como argentinos entiendo que todos hemos asumido que la evolución de nuestra sociedad había dejado atrás posiciones rayanas a metodologías de esclavitud, en las que el capital y los propietarios de los medios de producción se manejan como «patrones de estancia», en detrimento de los trabajadores y sin rendir cuentas a las representaciones gremiales que tenemos para protegerlos. Ignoran el rol institucional de los sindicatos porque desprecian la posibilidad de la movilidad social ascendente por la que luchamos durante décadas en Argentina. Esta clase patronal, que no solo menosprecia al trabajador sino al ser humano, pensábamos que había quedado muy atrás en nuestra historia. Pero no nos debemos olvidar que quienes hablan impunemente de la clase trabajadora como una variable de ajuste más en la cadena productiva, pertenecen a la misma clase socioeconómica que quien hoy preside los destinos de nuestro país. Son anacrónicos, atrasan, cuando el mundo se encamina a refrescar el carácter humano de la sociedad a partir de un proceso duro que está viviendo en la era de la globalización, estos popes industriales convierten a las personas en un número más en una planilla de cargos. El nuevo modelo empresario es corresponsable del bienestar de sus trabajadores, es la manera de optimizar los procesos productivos. Ellos piensan y actúan exactamente al revés.

– ¿Y cómo considera que lo que reclaman podría llegar a un punto de negociación?
– Son insaciables. Para bajar los costos en Argentina hay que invertir más dinero, no precarizar el trabajo. Crivelli, Cabrales y muchos de estos «industriales» sin ideas pero con plata, copian patrones de consumo de las elites de países del primer mundo pero ignoran los procesos de transformación que han sufrido para lograr esas posiciones. Para ellos no pasa de ser una añoranza personal. Es muy difícil negociar con esta gente. Están quejándose y reclamando sobre un sistema que ya los hizo millonarios sin que asumieran responsabilidad social alguna por sus conquistas, ya sería momento de que piensen y vean más allá de su ombligo, porque el mundo va en un sentido solidario y ellos no saben desarrollarse en los nuevos ámbitos que se vienen naturalizando. Miran con una praxis preindustrial, en la que los obreros no tienen derecho porque la lógica que los impulsa es que detrás de un trabajador en actividad hay cien más que desean ese lugar, y lamentablemente están dispuestos a aceptar denigrar sus derechos para conseguir un trabajo. Me da pena que en Argentina aún haya dirigencia que piense al país dividido en un pequeño grupo con derechos y una masa obrera precarizada, con mano de obra barata y de fácil recambio. Intentan que los trabajadores queden librados a su suerte bajo una descarada propaganda oficial de «meritocracia». Y con esto quieren lograr trabajadores con salarios de hambre y empresarios desmesuradamente ricos a costa de su esclavitud laboral. Tenemos que recordar que con trabajadores con estos mismos derechos, hace poco tiempo, el desempleo en Argentina no superaba el 5% y ellos seguían incrementando sus fortunas.