Inicio La Pampa Héctor Pérez, comisionista entre Santa Rosa y Bahía durante 20 años

Héctor Pérez, comisionista entre Santa Rosa y Bahía durante 20 años

¿Cuántos kilómetros recorren a lo largo de su vida los comisionistas? Esos transportistas que varias veces por semana se dirigen a distintos puntos del país para cumplir con diversas diligencias que les encomiendan sus clientes.
Hace muchos años algunos de los de entonces realizaban sus recorridos en transportes públicos; pero con el paso del tiempo llegaron los que empezaron a poner vehículos a disposición para ellos mismos transportar las cargas que debían llevar o traer: las conocidas encomiendas.
El trabajo de los que trasladan hacia y desde el interior provincial con Santa Rosa como centro de referencia; y desde aquí a distintos puntos del país -contra lo que podría creerse- sigue muy firme.
En nuestra provincia puede ser que, por la cercanía de las municipalidades con sus vecinos -aportando viajes más o menos frecuentes con los vehículos oficiales; y aún poniendo a disposición hasta algún hospedaje por las horas que deban permanecer en Santa Rosa-, por allí determina que tengan menos actividad que la que todavía ocupa a quienes hacen comisiones a otras ciudades importantes del país.
Capital Federal, Córdoba, Bahía Blanca, son algunas de esas urbes centro del laburo de comisionistas locales. Hoy sus empresas están dotadas con modernas unidades en las que van y vienen, acarreando de aquí para allá y desde otros sitios a nuestra ciudad distintos bultos. También se les confían trámites y encargos diversos, aunque obviamente la tecnología, el acceso a internet, han favorecido las gestiones a distancia y hoy en día no se hace tan significativo realizarlas en persona.

Antes, tren o micro.
Decíamos antes que en tiempos antiguos estaban los comisionistas que se trepaban en un micro para ir a Buenos Aires o el destino que fuere, para llevar adelante la tarea que se les había encomendado. Así se puede mencionar que -antes que Menem dijera «ramal que para ramal que cierra», y terminara con el servicio en el país (¡¡!!)-, hubo comisionistas que tomaban el tren que partía de la estación local en el anochecer de cada jornada a Capital Federal, hacían allá todo lo que tenían que hacer y cargaban en Once los paquetes que debían trasladar hasta Santa Rosa. Puede recordarse que había varios que se manejaban de esa forma, como Maximino Bretón, Julián Flórez, Vaqué y Calvo entre otros.
Más tarde hubo quienes se hicieron de sus propias unidades y empezaron a manejarse de otra forma. Y además de Vaqué, y algunos que continuaron aquella saga inicial, llegaron Diego Andrade y Transporte «El Pampero», Tranporte Ferretti (que viajaba a Bahía Blanca), Expreso Gonzalo y el servicio de camiones de Venancio Frank entre otros. Todos tenían en su momento la competencia del Correo Argentino, que aún lleva y trae encomiendas, y algunas empresas privadas como OCA.

¿Por qué no Bahía?
En los primeros años -después de utilizar el tren y el colectivo para ir y venir-, hubo alguien que entendió que Bahía Blanca podía ser una ciudad más o menos cercana, que conseguiría servir perfectamente para asistir distintas necesidades de los santarroseños.
Don Héctor Pérez (89), casi de casualidad descubrió que un servicio Santa Rosa-Bahía Blanca-Santa Rosa podía resultar sumamente útil, y de pasada un trabajo interesante.
¿Cómo es que se decidió? Hoy, sentado al living de su casa, en Moreno 528, el hombre repasa sus muchos años vinculado al oficio de comisionista. «Sí, fue de casualidad, porque mi esposa enfermó y el doctor Guillermo Furst, el médico de los pobres (aclara por si hiciera falta) me recomendó que hiciéramos una consulta en Bahía Blanca… En principio el médico bahiense dijo que el diagnóstico de Furst estaba equivocado, pero al tiempo se dio cuenta que no… que era acertado». Así se decidió una operación quirúrgica en la que el querido médico santarroseño quiso estar presente: «A las 8 de la mañana de ese día Furst llegó, el médico de Bahía se disculpó con él, y por suerte todo salió bien», rememora don Héctor.
Sería el profesional pampeano quien le comentó como al pasar: «Qué ciudad importante es esta. ¿No le parece? Y ahí se me prendió la lamparita… y resolví que iba a empezare a hacer de comisionista entre Santa Rosa y Bahía Blanca. Podría ser una tarea interesante… y me decidí», comenta ahora.

Los inicios.
Ya el 7 de agosto de 1971 iba a cambiar radicalmente de rumbo en su actividad laboral. Siguiendo el consejo del doctor Furst habría de empezar a viajar a Bahía Blanca, y lo llevaría adelante por más de 20 años; aunque la empresa -con algunos cambios- sigue en manos de otras personas.
En sus primeros tiempos se instaló en Autonomista 950 como sede central; en tanto en Bahía Blanca operaba con depósito y oficina en 11 de abril 573. «Viajaba los lunes, miércoles y viernes, y regresaba el mismo día… eran largas jornadas. Arranqué con un Morris rural ’68, y después tuve una flota con un Mercedes Benz 1114, un F-350, un Mercedes Benz 608, y una F-100 con la que distribuíamos allá. Llegamos a contar con un plantel de 18 personas», puntualiza.
Realizaba transporte de paquetes diversos, muebles, alguna heladera, cubierta de tractores u otros vehículos, zapatillas, equipos de fútbol, y también medicamentos. Además se realizaban trámites oficiales y privados.
Es un hombre agradecido don Pérez, y no quiere dejar de mencionar a quienes lo ayudaron «mucho para poder empezar como comisionista», como Ubaldo Piatti (Droguería Argentina) y Celestino Basso, entre otra gente importante en su vida.
Ha pasado mucho desde aquella cantidad de kilómetros y caminos recorridos, y a don Héctor Pérez le gusta repasar esas vivencias.

La familia.
En este tiempo disfruta de su familia, de su esposa Carmen Tabarez (tuvieron tres hijos: Héctor Jorge, Teresa Sara y Mirta Carmen) y de sus nietos: Rodrigo (fotógrafo de este diario), Martín, Lorena, Santiago, Darío y Cintia, Yamila y Facundo; además de cuatro bisnietos. «Todos ellos son mi patrimonio familiar», afirma con una sonrisa.
Hoy la Empresa «El Tata» es de alguna manera la continuidad del Transporte Héctor Pérez.
Hay que decir que, tal vez de distinta manera en algunos aspectos, los comisionistas siguen existiendo y todo indica que tienen trabajo para muchas décadas más. Se sobre entiende que tienen la obligación de hacer su tarea con eficiencia y responsabilidad, «porque la seriedad es fundamental para darle confianza al cliente…», expresa Héctor, ya en el final de la charla.
«La verdad es que es un oficio lindo… eso sí un poco exigente y cansador, pero a mí me dio muchísimas satisfacciones», cierra.

«Los lecheros Pérez»
Antes de dedicarse a ser comisionista, don Héctor Pérez tuvo una actividad muy particular, y propia de una Santa Rosa mucho más pequeña, casi pastoril. Eran épocas en las que algunas actividades llegaban hasta la misma puerta de los domicilios de los santarroseños: el lechero, el sodero, el canillita, eran oficios habituales de otros tiempos.
En el caso de los hermanos Pérez heredaron de sus padres -Héctor Alejandro Pérez y María Elena Zamarreño- el trabajo de repartir leche a domicilio en aquellos carros tirados por un caballo, y por eso serían conocidos como «los lecheros Pérez».
Héctor recuerda con cariño su niñez, se reivindica como poblador «de la Villa, fanático del Club San Martín», del que fue fundador y después dirigente. «En Santa Rosa nos conoce todo el mundo», se ufana.
Esa actividad la realizaron hasta 1971: «Todos los días arrancábamos desde el tambo a las 5 de la mañana con el carro y los tarros de leche, casa por casa. Eso hasta las 5 de la tarde, y todos los días, salvo el 1° de Mayo», parece regocijarse en el recuerdo.