Inicio La Pampa Héctor Vega, un "profe" con mayúsculas

Héctor Vega, un «profe» con mayúsculas

A mediados de la semana anterior se conoció el fallecimiento del profesor Héctor Mario Vega, a la edad de 96 años. Fue un muy querido profesor de Educación Física -uno de los primeros que tuvo nuestra ciudad-, junto a Luis Romero y más o menos para la misma época coincidieron con Oscar «Catón» Montoya.
Ellos cimentaron toda una cultura del deporte, y Vega fundamentalmente tuvo la visión de diversificar actividades en distintos colegios secundarios de la ciudad. Hombre recto, de fuerte carácter, con su sola mirada -también eran otros tiempos, claro- conducía la clase con suficiencia, entregando a cada paso a sus alumnos consejos y enseñanzas que tenían que ver con valores de vida.

Impulsor del deporte.
Como decíamos fue un gran impulsor de distintas actividades deportivas y por ejemplo en la entonces Escuela Industrial impuso el sóftbol como principal disciplina, y sus equipos se lucían en los intercolegiales. Fue el preludio de este deporte del bate que conocemos hoy, porque a partir de allí hubo un desarrollo que llevó a nuestros deportistas a la gran elite, e incluso a integrar equipos argentinos que han sido campeones del mundo. Aquella semillita que plantó el profesor Héctor Mario Vega vaya si germinó.
Por otra parte en la Escuela Normal le dio lugar al vóley y al básquet, y en esos deportes sus alumnos dieron cátedra por décadas en los torneos intercolegiales. Supo ganarse el respeto de sus alumnos, pero por su don de gente, por su simpleza y sencillez, fue un muy apreciado vecino.
Alguna vez tuvo un brevísimo paso por la Administración Pública, llegando a ser por pocos meses ministro de Gobierno.

Festejos del Nacional.
Por su modo de manejarse se supo ganar el respeto de todos. Cuando hace poco el Colegio Nacional «Capitán General Don José de San Martín festejó sus bodas de oro, el profesor Vega fue designado presidente de la Comisión Organizadora de los Festejos del centenario.
Habría de ser su último aporte público, cuando ya había pasado la barrera de los ’90. Últimamente, a pesar de algunas dificultades en su salud, se lo podía ver recorrer algunas calles -lentamente- en su pequeño «vehículo» a batería. En más de una oportunidad alguien lo interrumpía para mantener con él un breve diálogo.
Lo sobreviven sus hijos Martha y Héctor Mario -como él-, quienes han recibido múltiples muestras de afecto después de su fallecimiento.
Hasta siempre, profesor.