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«Hicimos docencia desde los estantes»

LIBROS PAMPA CERRO DEFINITIVAMENTE SUS PUERTAS

Con una ceremonia especial, que rememoró el acto de inauguración que sucedió 41 años atrás, la familia Socolovsky bajó las persianas de la histórica librería.
Tiempo después del anuncio, finalmente ayer Libros Pampa bajó las persianas definitivamente y cerró sus puertas al público. «Hemos cumplido el objetivo», afirmó una de sus dueñas, María Elena Burgos.
Con una ceremonia especial, que contó con la participación de amigos y allegados a sus dueños, Alejandro Socolovsky y María Elena Burgos, se le dio el punto final a 41 años de vida de la histórica librería santarroseña.
La librería nació «a puro coraje» en el año 1978, en plena época de dictadura militar, contó María Elena a LA ARENA, entre cajas de libros y estantes vacíos. «Fue porque Alejandro (Socolovsky) había quedado cesante en la Universidad. Así fue que empezamos», agregó.
«Teníamos un espacio chiquitito, con los libros en estantes dispuestos de frente para que ocuparan más lugar», recordó y precisó que en aquel tiempo Alejandro «estuvo preso porque había tenido su militancia comunista». Al recuperar la libertad, obtuvo una advertencia por parte del «jefe militar que mandaba acá. Dijo ‘nosotros lo tenemos en observación, Si se porta mal, de nuevo adentro'».
«Fue una advertencia fea», indicó María Elena y precisó que en ese momento la familia tomó una importante decisión: «Dijimos ‘nos vamos a quedar, ¿Por qué nos vamos a ir? Si esta es nuestra patria, nuestro país ¿De qué nos acusan? ¿De tener ideas distintas?'».
De esta manera, se quedaron en la ciudad junto con sus hijos. «Fueron años difíciles. Venían cada tanto, miraban los estantes para ver qué libros teníamos, hasta que llegó el fin de la dictadura en el año 83, cuando asumió Alfonsín. Ahí se abrió la esperanza, más cuando llevó a juicio a los milicos».

Distintas batallas.
El cambio del clima político «fue cimentando la idea de que íbamos bien», relató María Elena, aunque aclaró que «pasamos distintas épocas batallando». A su vez, confesó que «tanto él como yo éramos docentes, no éramos libreros. Las circunstancias nos hizo libreros». Sin embargo, fue su compromiso político y social lo que los impulsó: «Queríamos que los chicos estudiaran, a pesar de que nosotros no teníamos recursos, pusimos todo nuestro esfuerzo para que todos puedan estudiar».
«Eso fue lo que hicimos todos estos años, pasamos épocas muy duras como el 2001. Ahí dijimos: ‘esto se va al diablo’, pero sobrevivimos a fuerza de voluntad y de ponerle muchas horas a esto», destaca.

Docencia desde los estantes.
María Elena insiste en que, tanto ella como Alejandro, «más que libreros hemos sido docentes. Hemos hecho docencia desde los estantes, con los libros».
Esto dejó una importante huella en cientos de personas que vieron con tristeza el cierre de una librería que, sin importar el contexto, los ayudó a culminar sus estudios.
María Elena aún no toma dimensión de lo trascendental que ha sido el espacio para muchas personas, aunque si le llamó la atención que, cuando se anunció el cierre, «empezó a concitar tanto comentario, tanta gente que vino. Y dijimos que está bueno, el objetivo lo cumplimos».

El cierre con amigos.
María Elena ya había comentado que la decisión de cerrar estaba charlada con Alejandro y que la intención era llegar a fin de año. El cansancio y la estrepitosa caída de las ventas eran los principales motivos. Sin embargo, el fallecimiento de Alejandro el pasado 27 de octubre precipitó la decisión.
Luego de una importante liquidación, que se extendió durante todo el mes de noviembre, con una emotiva reunión entre amigos y allegados a la familia se bajaron finalmente ayer las persianas.
Quienes estuvieron presentes ayer fueron «los que primero vinieron a la librería», explicó María Elena y recordó que la inauguración fue similar. «Empezamos con un brindis, muy sencillito, vino gente justamente del diario LA ARENA, y después dijimos bueno, vamos a hacer el cierre también así».
«No me resulta indiferente dejar la librería, más habiendo perdido a mi compañero… Me da tristeza. Pero a la vez me doy cuenta de que ya estamos a una altura de la vida que en cualquier momento partimos. Además, los hijos están cada uno en su actividad, ninguno está acá en Santa Rosa y queremos que ellos continúen con su vida normalmente», completó, cerrando una historia de 41 años.