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Huerta orgánica en la UNLPam

Estudiantes de la UNLPam trabajan sus propias huertas agroecológicas: venden bolsones con distintos vegetales a precios muy económicos y apuntan a que desde allí se genere una salida laboral. Fomentan el trabajo y la alimentación sana.

Los largos túneles con techos de nylon se multiplican unos al lado de otros y se pueden ver claramente al transitar por el acceso norte a Santa Rosa, en la ruta nacional 35. El verde, el olor a tierra y a cultivos, y el trabajo diario son las postales que devuelve una imagen que habla de agroecología, de variedad de hortalizas y de una alimentación sana y saludable en la mesa diaria. Una tarea que un grupo de estudiantes universitarios lleva adelante en la búsqueda de una salida laboral pero también con la consigna de un cambio de paradigma en cuanto al consumo y a los hábitos alimenticios.

«En la Facultad de Agronomía un productor privado tiene su lugar de trabajo e hizo un convenio con la Universidad Nacional de La Pampa para que cinco estudiantes de la Tecnicatura en Producción Vegetal Intensiva puedan tener un espacio con el objetivo de que se terminen de formar y concluyan su carrera y, al mismo tiempo, tengan la chance de generar sus propios ingresos. El proyecto apunta, en lo que sería un cierre ideal, a que desde aquí puedan conseguirse una salida laboral, que un productor que tiene una hectárea trabajando venga y diga: ‘Necesito un técnico para que me asesore y ayude’. Nuestra intención es que esto sea un semillero, un lugar de salida hacia una buena oportunidad», explica Juan Pablo Ponce, docente de la cátedra de Horticultura en la Facultad de Agronomía de la UNLPam y coordinador de la iniciativa.

«Cada uno trabaja en su huerta agroecológica donde no se utilizan agroquímicos y tenemos más de 20 especies a la vez. Gran parte de los productores se dedican principalmente a lo que es el cultivo de hoja: lechuga, cebolla de verdeo, achicoria, rúcula y poco más. Por eso apostamos a mas especies como cebolla, tomate, pimiento, berenjena, variedades de ajo, zanahoria, rabanito, habas, lechugas asiáticas, zapallo, zapallito», además de incluir gramíneas y leguminosas utilizadas como abonos verdes o cultivos de coberturas, también especies florales y aromáticas, según añadió Ponce.

Los estudiantes ofrecen bolsones a un precio que oscila entre los 350 y los 400 pesos y con un mínimo de siete variedades: venden en el patio de la Facultad y por contacto directo a los teléfonos 2954 565339 ó 2954 531515 a quienes busquen productos salidos directamente de la huerta hacia la mesa. Sin agroquímicos ni intermediarios que encarezcan el precio final al consumidor.

«Creo que hay que buscar un cambio de hábito en la gente respecto a la alimentación, sabemos que es difícil, pero ir directamente al consumidor es un beneficio para todos porque, desde el punto de vista económico, lo que encarece el producto es toda la cadena de comercialización, pero acá se elimina el intermediario. Y vos en la mesa todos los días podés tener una variedad de hortalizas que te beneficia directamente en tu salud», grafica Gustavo Ahumada, uno de los estudiantes-emprendedores que trabaja en uno de los invernaderos de 300 metros cuadrados y que se ubican al borde de la ruta 35, sobre la mano derecha si uno va en dirección a Santa Rosa.

«A mí me sirvió un montón trabajar acá porque es una producción distinta. Por ahí mucha gente piensa que en agroecología tirás una semilla y crece todo. Hay un concepto medio general de señalar como que es gente hippie que hace esto porque le gusta y nada más, pero es todo un trabajo que apunta a otra forma de consumo y que también sirve como orientador. Nosotros a veces llevamos un bolsón a la casa de alguien que tiene su huerta entonces le aconsejás: ubicación ideal de una huerta, orientación del sol, qué cultivos conviene, asociaciones, rotaciones de cultivos y demás. Asesoramos porque mucha gente no conoce, por ejemplo, la lechuga asiática y te pregunta», cuenta Facundo Manavella, otro de los alumnos que trabaja la tierra en uno de los túneles altos.

Solidarios

Los estudiantes también trabajan la tierra en todos los entretúneles, los espacios que quedan entre uno y otro invernadero. Y tienen una siembra de cebolla en otro de los lugares del predio. Además de la tarea diaria, los estudiantes han participado de las «Prácticas solidarias», un espacio que caracteriza a la Facultad, y fue así que a partir de su propia iniciativa llevaron un gran excedente de producción a un merendero y comedor comunitario de Villa Germinal.

«Este grupo también participó en el stand de la facultad de Agronomía, con sus propias semillas y plantines de hortalizas, en la última edición de la Expo Vivero que organizó la Provincia en Toay. Y en medio de la pandemia por el coronavirus en forma conjunta con la Cooperadora de la Facultad, repartió bolsones con verduras en el barrio Pueblos Originarios. Son iniciativas que surgen a partir de ellos y está bueno porque forma parte de todo el trabajo integral que se hace acá», resaltó Ponce.

¿La intención de este proyecto es extenderlo en el tiempo?

«Sí claro, los cinco estudiantes que están hoy son los primeros que hacen la experiencia, ya están en la última parte de la carrera y tienen bastante claro los conceptos. La coronación de todo esto sería que un productor nos llame y ofrezca una fuente laboral. Lo ideal sería funcionar como una especie de semillero, de un lugar del que salen preparados para asesorar y trabajar directamente y puedan sustentarse económicamente ellos y sus familias», detalló el docente de la UNLPam.

«Para nosotros es una gran oportunidad. Por ahí falta difusión y que la gente conozca un poco más lo que hacemos porque sabemos que la mayoría está acostumbrada a ir al supermercado o al negocio del barrio, eso es cultural y una cuestión de costumbre, pero nosotros estamos hablando de cambiar un hábito alimenticio y saludable», analizó Ahumada.

Para Manavella, la chance de tener el espacio de trabajo disponible a partir de la Facultad le da la base para fortalecer lo que será su propia huerta productora una vez que se instale en la cercana localidad de Anguil.

«Estamos hablando de salud y economía, el proyecto está orientado en ese sentido y la repercusión que hemos tenido hasta acá es muy buena, ahora buscamos que se fortalezca y se afiance cada vez más, por ellos y por quienes van a venir, pero también por la gente que pueda tener otra forma de consumir y alimentarse», concluyó Ponce.