Implicancias del acuerdo con el FMI

EL IMPACTO EN LA PAMPA TRAS EL ACUERDO CON EL FONDO

Los pampeanos deberán tolerar una poda en subsidios a la energía y el transporte, algo que impactará en los bolsillos. A nivel del gobierno provincial, La Pampa se encuentra en mejores condiciones que otras jurisdicciones para resistir el cimbronazo.
JUAN PABLO VIETA
Finalmente y luego de casi un mes de arduas negociaciones, se arribó al tan mentado acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, y sobre el mismo ya comenzaron a tejerse las estrategias de supervivencia a uno y otro lado del espectro político, que podrían resumirse en dos posturas mayoritarias: del lado del oficialismo se concentran los esfuerzos en comunicar que el préstamo del organismo multilateral es histórico por su magnitud y demuestra la confianza que tienen las principales potencias del mundo en la economía argentina, mientras que desde las huestes de la oposición se asegura todo lo contrario, al aseverar que la vuelta al FMI importará ajuste, miseria y hambre.
Sin dudas que el regreso al poco venerado FMI es el corolario de un proceso que se inició a principios del mes de mayo en el preciso momento en que el valor del dólar comienza su carrera ascendente, justo cuando el mercado le “sacó la ficha” al gobierno.
Sucede que con el cambio de metas de inflación perpetrado en aquella fatídica conferencia de prensa del 28 de diciembre pasado, se relajó la política monetaria y con ello se plancharon los rendimientos de aquellos que venían apostando al peso.
Lo que siguió es historia conocida: algo que debería haberse asimilado como una previsible y moderada corrección cambiaria a consecuencia de un aumento en la tasa de interés del bono a diez años del Tesoro de los Estados Unidos, tal como pasó en el resto de los mercados emergentes, tuvo por estas latitudes la forma de un pronunciado salto devaluatorio con un fuerte impacto, aun no del todo determinado, en la góndola.
Ahora bien, el pasado indefectiblemente es inmodificable, con lo cual circunscribirnos a los errores cometidos a esta altura de los acontecimientos no tiene el más mínimo sentido.
Por ello es que si nos remitimos al análisis de los cursos de acción posibles que el gobierno tenía a modo de opciones arriba de la mesa, con la ventanilla del crédito cerrada en las principales plazas financieras internacionales, aunque parezca mentira y resulte difícil de creer, la vuelta al Fondo Monetario Internacional era lo socialmente menos doloroso.
Puesto en otras palabras, las alternativas se limitaban a un ajuste de un “saque” o a uno escalonado en el tiempo aunque mucho más profundo del que estipulaba el famoso “gradualismo”, hoy ya acribillado a manos del mercado en el contexto de la corrida devaluatoria.

Se fuerza la máquina…
Al igual que el exitoso tema musical de Silvina Garré, cuando dice que “se fuerza la máquina”, esa mención califica muy bien las particularidades de los días que se vienen, aunque claro está que en esta oportunidad el sacrificio ya no se limita únicamente al cantante y a los músicos, sino a todo el Estado, y también a los ciudadanos.
De acuerdo a lo informado por el ministro Nicolás Dujovne, como contrapartida al préstamo es indispensable adelantar la convergencia fiscal entre ingresos y gastos, de tal modo de asistir al equilibrio de las cuentas públicas un año antes de lo que estipulaba originariamente el hoy ya difunto programa gradualista.
La meta en materia fiscal pautada allí por los inicios de la gestión de Cambiemos para este 2018 fue de un déficit fiscal primario, resultado antes de incluir los servicios de la deuda, equivalente a 3,2 por ciento del Producto Interno Bruto, que ahora, acuerdo con el FMI de por medio, pasará a representar 2,7 por ciento del producto, algo así como 350.000 millones de pesos.
Para el año que viene, el déficit fiscal primario deberá bajar del 2,7 al 1,3 por ciento del PIB, lo que representará un esfuerzo en materia de recorte del gasto público de alrededor de 180.000 millones de pesos.

La Pampa, mejor que los pampeanos.
No es casualidad que el presidente Mauricio Macri haya identificado el proceso de sanción del Presupuesto 2019 como una instancia de concertación, e incluso que algunos integrantes de la coalición Cambiemos se animaran a bautizar dicho acontecimiento como “concertación nacional”.
Es que no se pueden ahorrar calificaciones al momento de caracterizar una batalla que será vital para el proyecto reeleccionista del gobierno, sencillamente porque la aprobación del Presupuesto 2019, el cual debe contemplar el ahorro fiscal de esos 180.000 millones de pesos, pasa a ser una cuestión de vida o muerte.
En lo inherente a como impactará el ajuste del gasto a nivel subnacional, y más precisamente en La Pampa, cabe destacar que nuestra provincia se encuentra en mejores condiciones que otras jurisdicciones para resistir el cimbronazo.
Y esto no ya por la sólida posición fiscal que ostenta, a fuerza de quedarse con los recursos que originariamente corresponden a los municipios vale aclarar, sino por la poca obra pública nacional que actualmente se está ejecutando en suelo pampeano.
Pasa que la mayor parte de esos 180.000 millones, precisamente algo más de 70.000 millones de pesos equivalentes a 0,6% del Producto Interno Bruto, deben provenir del recorte de los gatos de capital, donde las transferencias de Vialidad para obras viales y las de la Secretaría de Vivienda para construcción de viviendas sociales estarán en el centro del debate.
Como la provincia de La Pampa no es una jurisdicción en la que se esté canalizando mucha inversión pública tanto en rutas como en viviendas, es que el recorte será casi imperceptible en este sentido.
Los pampeanos, en cambio, deberán tolerar la poda de alrededor de 50.000 millones de pesos en subsidios a la energía y el transporte, algo que impactará en el bolsillo de los argentinos en general, comprometiendo una mayor parte de los recursos que las familias destinan al consumo y las empresas a la inversión, al pago de las tarifas de servicios públicos.