Ingenieros orgullosos

PAMPEANOS EN EL SAOCOM

Juan Pablo Paparini es oriundo de General Pico, donde se recibió de ingeniero electromecánico. Su función es el control de orientación y altitud del satélite. Contar con una universidad pública y de excelencia en su ciudad, “es una oportunidad que decidí no desaprovechar”, valoró.
FERNANDO TOURN
Juan Pablo Paparini es uno de los ingenieros pampeanos involucrados en el desarrollo y funcionamiento del Saocom 1A , el satélite argentino que el domingo se lanzó exitosamente al espacio y que ya está próximo a entrar en funcionamiento. Oriundo de General Pico y egresado de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Pampa, Paparini integra el equipo que está a cargo del control de órbita y altura de la nave. Su paso por la Universidad pampeana le dejó una enorme experiencia y mucha teoría, pero sobre todo “la herramienta más importante, que es la capacidad de aprender”, destacó.
El jueves 11 de octubre, Juan Pablo Paparini mantuvo una extensa entrevista con Radio Noticias merced a las gestiones realizadas por el decano de Ingeniería, Hernán Prieto, y a los responsables de Relaciones Institucionales de Invap, que pudieron ubicar al pampeano en su domicilio de Bariloche. De los nueve egresados pampeanos que participan del proyecto satelital Saocom, el joven fue más fácil de ubicar por una cuestión muy particular: tres días antes del lanzamiento había sido papá. Por ello se encontraba en su domicilio.
“Fue muchísima emoción para un fin de semana”, contó en la entrevista con Aire Libre. La bebé se llama Estefanía y nació el jueves 4. Entre nacimiento y lanzamiento, fue un fin de semana intenso para el pampeano, que no pudo evitar que en algunas oportunidades se escaparan “varios lagrimones”, según confesó.

Emoción y nervios.
El domingo por la noche hubo primero mucha emoción y después mucho nerviosismo. La emoción, por el espectáculo que significa todo lanzamiento de un cohete, más un Space X, que se caracteriza por hacer un show de cada eyección. Pero después llegó la etapa de los nervios y los dedos cruzados. “Cuando a los 7 ú 8 minutos del despegue, el lanzador (cohete) lo suelta, empieza a correr la adrenalina”, relató Paparini. “Hay que esperar las primeras telemetrías y ver si el panel solar se había desplegado y se había apuntado efectivamente hacia el Sol. Esos primeros minutos son cruciales para la vida del satélite”, remarcó.
Al momento de la entrevista todas las etapas se habían desarrollado en forma correcta. “Ya está desplegado el panel solar y también el radar”, que es el instrumento que se encuentra a bordo del satélite, explicó. Tras ese despliegue comenzó la etapa llamada IOT, que significa “in orbit test”, en la cual se empiezan a probar cada una de las cajas electrónicas y computadoras que porta el satélite, las que se van encendiendo en forma progresiva.

Satélite y radar.
Integrante de una conocida familia piquense, Juan Pablo Paparini se recibió de ingeniero electromecánico con orientación en automatización industrial en la Facultad de Ingeniería de General Pico en el año 2012. Merced al vínculo entre Ingeniería y el Instituto Balseiro de Bariloche, el joven encontró el camino para llegar hasta “Investigaciones Aplicadas” (Invap), la empresa rionegrina líder en desarrollos tecnológicos a la que siempre había querido ingresar.
Un docente del Instituto Balseiro que también trabaja en Invap, llamado José Relloso, y una docente oriunda de La Pampa, Valeria Gessaghi, hicieron de puente para facilitar su ingreso.
“Dada la salida de mi carrera, que es la automatización, entré al grupo de control de órbita y orientación del satélite”, puntualizó. “La función que cumplimos es programar la computadora que se encarga de controlar la orientación del satélite en sus distintas funciones”.
En el caso del Saocom, su grupo de trabajo también fabricó toda la electrónica para esa computadora.
Los satélites, explicó Juan Pablo, están divididos en dos partes: una parte es la de los instrumentos que llevan a bordo, y la otra es la plataforma que les da el soporte y apoyo para su funcionamiento. En su caso su trabajo está enfocado en esa plataforma, que tiene que estar siempre a la misma altura de la superficie de la Tierra y con la misma orientación respecto del Sol para que el instrumento funcione correctamente. “Es como un camión: tenés el camión en sí, y el acoplado que arrastra”, graficó el ingeniero para facilitar la interpretación de los componentes de un satélite artificial.
El Saocom 1 A -y también el Saocom 1 B, que está en avanzado estado de construcción- son satélites tipo “SAR”, que significa Sistema de Apertura Sintética, mientras que el radar, construido íntegramente en nuestro país, es un instrumento activo que genera él mismo el pulso electromagnético que le permite estudiar alguna característica de la superficie terrestre.
El funcionamiento es similar al sonar de un submarino, solo que en este caso las ondas son electromagnéticas mientras que en las naves marinas son pulsos de sonido. Los Saocom funcionan en la frecuencia de las microondas, un tipo de radiación que tiene muchas ventajas frente a otros sectores del espectro electromagnético. “Como es un radar activo, se logran imágenes de día y también de noche; y como son microondas, las nubes no molestan para obtener las imágenes que necesitamos”, detalló.
El radar toma imágenes y no fotografías, recordó el ingeniero. “Lo que registra es una enorme cantidad de datos que después se van analizando y reconstruyendo. Se pueden tomar imágenes de, por ejemplo, el mapa de una ciudad, o la cantidad de humedad en los primeros 50 centímetros del suelo, que es una función importantísima para la agricultura y para la prevención de catástrofes naturales como son las inundaciones”.
Esa es, precisamente, una de las misiones principales de los Saocom: aportar la información para la alerta temprana de inundaciones.

-¿El radar también es de construcción nacional?
-Sí. Hay que destacar que fue provisto por la industria nacional; diseñado y construido en Argentina. Es un instrumento de altísima complejidad. Si ustedes recuerdan, en el SAC D – Aquarius, el instrumento lo proveyó la Nasa y nosotros construimos la plataforma (el satélite). Por lo cual este es un logro muy importante, porque la complejidad del instrumento es altísima. Este satélite tuvo sus altibajos. Ha llevado 20 años de desarrollo pero demuestra la capacidad científica y técnica de Argentina, que es de primer nivel.

“La herramienta más importante”.
Juan Pablo Paparini participa también del desarrollo del Saocom 1 B, satélite gemelo del lanzado el domingo con un avanzado estado de construcción. “La idea es que sean idénticos, por lo tanto todos los cálculos y programas que se hicieron para el 1 A, se van a aplicar en el 1 B”, anticipó.
Los satélites girarán uno en las antípodas del otro en una órbita polar que los tendrá siempre enfrentando al Sol. Esto garantiza el abastecimiento energético para la plataforma y el instrumento. Es una órbita muy usada porque permite a los satélites pasar por el mismo lugar siempre a la misma hora. En este caso, será a las 6.00 y a las 18.00.
Con una velocidad promedio de 7,5 kilómetros segundos, y a 650 kilómetros de altura, cada satélite describirá 15 órbitas por día. “Esto es bastante distinto a lo que es Arsat, que da una vuelta por día pero está a 36.000 kilómetros de altura”, contrastó Juan Pablo.

Un privilegio.
Haber contado con una universidad pública y de alto nivel académico en su propia ciudad natal “fue una oportunidad increíble”, valoró Juan Pablo. “Hubiera sido muy difícil haberme tenido que ir a otra ciudad para estudiar”, estimó. “Fue una oportunidad que decidí no desaprovechar”.
“En la Facultad de Pico siempre se escucha la discusión de si es muy teórica o si es muy práctica, si una cosa o la otra”, contó. “Más allá de eso creo que brinda la oportunidad de poder desarrollarse en muchísima cantidad de áreas. Y cuando uno sale al ámbito laboral se da cuenta que empieza a estudiar en serio, empieza a desarrollarse y especializarse en algún área, con todas las herramientas que te brindó la Facultad”.
Para el joven, la Universidad tiene que brindar conocimiento teórico y experiencia práctica pero, por encima de ello, debe entregar a sus alumnos “la herramienta más importante, que es la capaz de aprender”, reflexionó.

Egresados.
Los ingenieros egresados de la Facultad de Ingeniería de la UNLPam que participan del desarrollo del Satélite Argentino de Observación con Microondas Saocom 1 A son: Andrés Laudari en diseño de control orbital, Gustavo Mattioli, Agustín Casquero y Juan Pablo Paparini en diseño y programación del control de orientación, Germán Virvauskas, José Rangone y Martin Bergara en diseño térmico, Juan Carlos Stepanoski en integración y test del sistema de propulsión y Enrique Biancamano en ensayos ambientales del satélite.