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Jorge Fernández, la llama sigue encendida

El mundo periodístico es especial, y la radio tiene algo de magia. Transmitir carreras de autos por alrededor de 50 años, con tantos avatares que se dan todo el tiempo en este país, es casi una hazaña.
MARIO VEGA
El automovilismo deportivo es para muchos en el mundo, para millones, una pasión inexplicable, como podría ser el fútbol para otros tantos seres humanos. Ese apasionamiento por los «fierros» lleva a que miles de espectadores sigan con inusitado interés las competencias de distintas categorías, en todo el planeta. Y naturalmente, en ese contexto, los medios de comunicación han jugado un papel preponderante: tanto para llevar las contingencias de alguna prueba automovilística que merezca ser difundida, como para hacer ídolos a campeones cuya magnitud les hizo ganarse un nombre destacado en las marquesinas que encuadran a los grandes…
La radio cumplió, desde siempre, desde los tiempos en que Juan Manuel Fangio y Froilán González brillaban en los circuitos de todo el universo un sin igual rol difusor de sus hazañas, y también la de otros muchos pilotos que brillaron por allí, en Europa, y por aquí.

Nuestro deporte motor.
Y cuando nos situamos en nuestro terruño, en el aquí más cercano, en nuestra querida provincia, también hay que decir que hubo -desde los viejos Limitada 27 hasta estas horas- un automovilismo deportivo presente. Y eso sin obviar al motociclismo que alcanzó alguna vez una brillantez que ha quedado para siempre en el recuerdo.
Dando cuenta de aquellas hazañas deportivas –y aún de las que se producen hoy en día-, hay un señor que es, a su manera, un personaje muy especial, y del que ya iremos contando.

Sojit, el gran relator.
Luis Elías Sojit ha sido -indudablemente- el gran maestro y ejemplo de otros muchos relatores deportivos que vinieron después. Pionero en nuestro país y revolucionario referente del automovilismo narrado por radio -había comenzado con el fútbol, y fue el único que en 1934 transmitió el Campeonato Mundial en Roma- fue el primero en narrar una competencia automovilística en la Argentina. Cuando se disputó el Gran Premio de Turismo de Carretera a Caracas (1948) se convirtió en referencia obligada de la actividad llevada a la radio. Por supuesto también se encargó de seguir toda la campaña del quíntuple, Juan Manuel Fangio, en cualquier lugar del planeta donde el «Chueco» paseara su excelsa calidad de campeonísimo. Cuentan que Sojit, en aquella competencia a Caracas, estuvo 73 horas sin dormir, para llevarles a los argentinos todos los acontecimientos de una carrera que quedó para siempre en el recuerdo de los que quieren al automovilismo, y a la radio…

Medio siglo de relatos.
Por estas tierras, naturalmente con un alcance menor a nivel país, pero con suma
trascendencia en el marco de nuestra provincia y zonas aledañas, Jorge Isidro Fernández ha sido desde casi hace medio siglo -sí, 50 años- el hombre que siempre estuvo para difundir desde el mismo lugar de los acontecimientos las más importantes realizaciones de automovilismo, y el motociclismo, que se organizaron por aquí. Su relato característico, particular, sin pretender copiar a otros relatores, el ritmo que supo imprimirle a sus transmisiones, lo llevaron a merecer la consideración de quienes desarrollan el deporte motor.

Reconocer el mérito.
Personalmente considero que Jorge, aún con mucho mérito para que así sea, no ha sido suficientemente reconocido ni por sus colegas -sabemos ser bastante avaros para elogiar a los demás, y también egocéntricos-, ni todavía por los que siguen habitualmente el automovilismo deportivo. En un caso (el del ambiente periodístico) porque se tiende a no ponderar de buena manera lo que hace el otro; y si nos referimos a la cofradía automovilística quizás por el acostumbramiento que lleva a creer que es lo «normal» que alguien dedique buena parte de su vida a relatar lo que otros hacen, incluyendo aquí los corredores, los mecánicos, colaboradores, y hasta el público que los sigue… Como el hombre siempre está se puede llegar a pensar que es una tarea que le corresponde… que tiene que hacerla.
Sin darse cuenta que supone un esfuerzo enorme, desde lo económico, pero también desde el personal para estar cada día frente a un micrófono en su programa habitual, y también los fines de semana, para transmitir todo lo que se trabaja en los talleres, y lo que se presenta en una pista de carrera.

El hombre de Inés y Carlota.
Nacido en Inés y Carlota, hijo de Rogelio -productor agropecuario de esa zona-, y de María Gallio, Jorge tiene tres hermanos: Mabel (propietaria de una conocida juguetería en pleno centro); Roberto, que se dedica al campo; y Carlos, fallecido.
Casado hace más de 50 años con Nelva -oriunda de Mauricio Mayer, su novia de toda la vida, su Ángel de la guarda de siempre-, tienen dos hijos: Fernando, quien trabaja en el Ministerio de la Producción, y ha tenido -y tiene- una gran vinculación con el rugby; y Laura, viviendo en Querétaro junto a su esposo mexicano. La familia la completan cuatro nietos: Catalina (11), Jacinta (8), Beltrán (6) y Serafín (3). Nelva -quien parece ser la que dispone en la casa familiar- pide que no se deje de nombrar a la nuera, Martina; y al yerno Alvaro.

¿Cuándo nació el relator?
Jorge hizo la primaria en la Escuela 87 de su localidad, y después el Comercial en Santa Rosa. Recuerda que su maestro de pibe, Toribio Melián, tiene bastante que ver con su profesión de relator de automovilismo: «Me decía Sojit… decía que apoyado en un alambrado del campo yo imaginaba y relataba carreras de autos… Me acuerdo que escuchaba Carburando, con Eduardo González Rouco, pero por supuesto sabía quién era Luis Elías Sojit, el primer periodista deportivo que relató automovilismo, y que se hizo famoso por seguir la campaña de Fangio, y era el número uno transmitiendo las carreras de Turismo Carretera», rememora.
Pero más allá de la radio, Jorge Fernández tuvo que trabajar en el campo de sus padres -se hacía producción agropecuaria y agricultura-, y por supuesto sabe lo que son «los tiempos de cosecha», actividad que llevó adelante hasta sus 14 años: «La verdad es que cuando me pongo a repasar creo que nunca imaginé que alguna vez iba a estar haciendo radio», cuenta ahora.

El comerciante.
En su casa de la calle Santa Fe al 400, Jorge se instala en un sillón, invita con mate que prepara la joven que trabaja en la casa -y que parece una integrante más de la familia-, y habla de su vida. «Ahora estoy un poco complicado de salud… pero la voy llevando, y de todos modos sigo haciendo el programa en Radio La Red, todos los días», confiesa sin abundar demasiado en el tema.
Ya afincado en Santa Rosa -donde llegó allá por 1958 para instalarse en una pensión que quedaba al lado de la cárcel U.13-, tiempo más adelante Jorge y sus hermanos se vincularon a la actividad comercial, y se recuerda el emprendimiento que fue Supermercados Luro, ubicado precisamente en la esquina de esa avenida con Mansilla.
Más adelante llegaría Hipermercados Luro -en sociedad con Walter Fonseca-, otra empresa del mismo rubro con imponentes instalaciones que se ubicaban más allá de la rotonda del Ejército Argentino: «Entre todo llegamos a tener 120 empleados, y eso duró poco más de tres años», precisa.

El dirigente.
En ese período Jorge fue también dirigente del sector, dado que fue electo presidente de la Comisión de Capacitación de Supermercados Argentinos, y también de la Cámara Pampeana de Supermercadistas.
Pero no se quedaría sólo con eso, porque luego abrió Super «Unión», para finalizar su actividad comercial con la casa de comidas «La Carlota», ubicada en la esquina de Avenida San Martín Este y Moreno, que «fue muy novedosa en su momento… funcionó hasta 2007», agrega.

Don José Ollo, una referencia.
En toda actividad siempre hay precursores, iniciadores, pioneros, gente que se pone por delante -aún sin proponérselo, en base a sus condiciones de naturales dirigentes-, y que resultan guías de grupos para llevar adelante realizaciones que perdurarán en el tiempo. ¿Qué otra cosa que eso fue don José Ollo? Un dirigente adelantado a su tiempo que pensó que el automovilismo podía tener una proyección que iba mucho más allá que lo que las simples categorías lugareñas de esos momentos podían sugerir. Obviamente no fue el único, pero sí uno de los más trascendentes, y resultó un gran apoyo para los sueños incipientes de ese joven Jorge Fernández: «Sí, fue un gran amigo, y con él recorrimos el país», afirma.
Precisamente don José Ollo conducía un espacio radial -«Fierro a fondo»-, con la participación del querido Julio Heredia (una de las personas más nobles que conocí en el periodismo deportivo), y Mario Galdín. A ese equipo se sumaron Jorge Fernández y Horacio Luis Díaz, cuando transcurría diciembre de 1970. Sería el principio de una historia que aún se sigue escribiendo…

Desde «El Panorámico» de Acha.
Medio año más tarde -o más o menos-, el espíritu inquieto de Jorge lo iba a llevar a concretar la primera transmisión de una carrera, directamente desde la pista de la competencia: «Fue en julio de 1971… ya habíamos armado ‘Competición’ y desde General Acha relatamos una prueba de Limitada 27. Y aquí estamos, en lo mismo, como hace tanto tiempo… ¿Qué me contás?», me dice como esperando una respuesta.

Con el equipo, a todas partes.
Horacio Luis Díaz, «Catuco» Rigol («El baterista atómico» le decían porque integraba una banda musical), Rubén Oscar Mónaco, eran miembros de ese equipo de ‘Competición’ que iba a llevar las alternativas de la programación automovilística a toda la provincia. La primera vez, como quedó dicho, fue por LU33 Emisora Pampeana desde «El Panorámico» de General Acha; pero después se sucederían pruebas en distintos circuitos provinciales, pero también en Buenos Aires, Neuquén, Río Negro, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Mendoza, Capital Federal, y hasta la República Oriental del Uruguay.
Hubo otros que colaboraron de gran manera, como El Negro Goncálvez que por allí anda todavía con su camarita de tevé haciendo reportajes; y Armando López que salía desde el estudio central.

Aquella primera vez.
«La primera vez yo transmití, Egle René Díaz hacía el móvil en una de las curvas, y Horacio Díaz traía las voces de los protagonistas desde boxes», cuenta Jorge en esta charla. Esa primera transmisión fue el 18 de julio de 1971.
Bastante más adelante -extendiendo la actividad también a la televisión-, hubo varios entusiastas más que se sumaron al equipo como el Flaco Carlos Lagomarsino, Oscar Miquelarena, Mario Boschi, Daniel De Paulo, Cachi Fiorda, Marcelo Reinoso, Roberto Montes y Omar Guillén, entre otros.
Pero no sería todo, porque «Competición» no podía estar ausente de las grandes competencias de Fórmula 1, cuando Carlos Alberto Reutemann iba por el campeonato del mundo que finalmente nunca pudo conseguir.

Cuando Reutemann se quedó sin nafta.
«Sí, lo seguíamos… aquí en Buenos Aires, pero también en Brasil (Jacarapeguá e Interlagos). Estuve en aquella carrera cuando iba ganando por lejos en el autódromo porteño: dicen que una paloma le golpeó la toma de aire e hizo que gastara más combustible que lo normal, y se quedó. Me acuerdo que ese día veíamos al presidente Perón, a pocos metros de donde estábamos nosotros».
Jorge ha viajado bastante, y conoce otros circuitos como el de Punta del Este, el de Indianápolis y el Hermanos Ramírez en México. «Me ha gustado andar, y conozco también Estados Unidos, Canadá, y por supuesto toda la Argentina», resume.

Estilo no confrontativo.
Cabe señalar que la época de oro de nuestro motociclismo provincial -cuando había casi un centenar de motos corriendo en las pistas pampeanas, y también en las rutas-, fue seguida muy de cerca por Jorge Fernández y su equipo. «El motociclismo fue una verdadera locura, algo increíble, que se terminó lamentablemente por peleas entre los dirigentes», evalúa a la distancia.
Sobre su estilo periodístico razona que «nunca tuve problemas con nadie, no he sido confrontativo… nunca fui un tirabombas, y siempre quise ser respetuoso con la gente que escuchaba, con los dirigentes y con los corredores», completa.
Jorge Fernández fue uno de los fundadores, y posteriormente presidente del Círculo de Periodistas Deportivos Pampeanos, y actualmente es dirigente del Club Español, además de haber sido titular, también, del Santuario de Fátima: «Soy muy creyente, y la verdad es que hicimos una obra muy linda allí», dice con modestia.

La llama sigue encendida.
Confiesa que el fútbol -aunque es simpatizante de Racing- nunca lo atrapó; y que mira «un poco de televisión… algunos informativos, y algo Discovery». Eso sí, consume todo lo que tiene que ver con el deporte motor, y ahí hay bastante para mirar.
Hoy, Jorge, pese a estar pasando un momento difícil, sigue cada día en el aire con su programa «Competición» saliendo desde la radio -La Red- que está ubicada a pocos metros de su vivienda. «Es mi pasión, mi locura, y mientras pueda lo voy a seguir haciendo», ratifica por si hiciera falta. Sí Jorge, es verdad, la llama de la pasión sigue encendida… claro que sí.

Accidente y travesura.
En tantos años de andar los caminos, de estar en tantos circuitos transmitiendo el deporte motor, obviamente se han suscitado enormidad de anécdotas. De las buenas, de las alegres; pero también de las otras, de las que dejan un sabor amargo.
La más triste de todas, sin ningún margen de dudas, fue una que puso en serio riesgo la vida de uno de los más consecuentes colaboradores de «Competición». Fue el 22 de noviembre de 1982, cuando un terrible accidente involucró a Horacio Luis Díaz. Se corría la Doble General Acha de motociclismo, y el equipo de Jorge Fernández contaba paso a paso lo que no era otra cosa que un gran acontecimiento deportivo. «Catuco» Rigol seguía desde el avión la evolución de los bólidos de dos ruedas que circulaban por arriba de los 150 kilómetros por hora, y le iba dando paso al resto de sus compañeros de transmisión: Rigol «soltó» al puntero desde el avión y Horacio Díaz comenzó con el relato de lo que estaba viendo en la llegada, que se producía en General Acha.

El accidente.
Eran poco después de las 14, y la multitud estaba agolpada sobre la cinta asfáltica, y ciertamente se podía juzgar riesgosa esa aglomeración. «¡Se ve un puntito negro en el fondo de la recta!…», decía más o menos Horacio desde donde se iba a bajar la bandera a cuadros. Y seguía, tratando de mostrar cómo se acercaba el puntero de la prueba: «¡Un puntito negro en el fondo de la recta!… 1000 metros… 800 metros, 400 metros…». Un hondo silencio ganó la transmisión: la moto puntera que conducía Carlitos Amorós había llevado por delante al periodista.
Fue un suceso espeluznante, el golpazo fue tremendo y las consecuencias para Horacio Díaz tremendas… El querido Horacio pudo salvar su vida, y después de muchos meses se pudo sobreponer, más allá que por supuesto su físico sufrió las consecuencias…
Fue el momento más difícil para Jorge y su equipo. Ese día, de inmediato, se suspendió la transmisión.

Alguna travesura.
Pero también hubo otras anécdotas, más risueñas, lejos de aquel accidente que pudo haber sido peor. Cuentan que un día fueron a transmitir a Huinca Renancó, y que el sábado llegaron Rubén Mónaco y Egle René Díaz (hermano de Horacio) para hacer la previa. Esa noche, después del asado, fueron a descansar a una casilla bien acondicionada que les habían preparado en el propio circuito.
Pero siempre hay algún atorrante cuando hay varios integrantes de un equipo. Cuando en las primeras horas del domingo llegaron Fernando Fernández, Gustavo Mansilla, Daniel De Paulo, Diego San Miguel y Roberto Montes, los dos últimos no tuvieron mejor idea que mover la casilla y llevarla a otro lado del circuito: cuentan que la furia de Egle cuando se dio cuenta de la broma -al despertar en un lugar desconocido- duró varias horas. Hasta que llegó Jorge y su carcajada contagió a todos…

Transmisión para nadie.
En otra ocasión les tocaba transmitir desde Mendoza. El sábado hicieron las pruebas técnicas y todo funcionaba bien. Pero el domingo Jorge se conectó con estudios centrales y después de algunos minutos no se percató que perdió contacto. Transmitieron el TC 2000, varias horas y regresaron a Santa Rosa. Recién aquí alguien les avisó que habían transmitido… para nadie. Nunca pudieron salir al aire, aunque ellos creían haber realizado la mejor de todas las transmisiones. «Problemas de atmósfera», les explicaron.
Eran tiempos en que Julio Espinosa disponía de enormes equipos, con grandes dificultades técnicas, y a veces sucedía… Y pensar que hoy con un simple celular se puede salir desde cualquier parte del mundo.
Sí Jorge, los tiempos han cambiado.