José Sevilla, hombre mirando a la cumbre

Hombre de trabajar en proyectos y números, no es fácil vincular a José Sevilla con ese que ama la montaña y la vida en la naturaleza, y que también tiene una fuerte afición por el canto y la guitarra.
MARIO VEGA
Cuando alguien lo ve al “Negro” en algún asado de amigos rasgando su guitarra para entonar una zamba, o una chacarera, está lejos de emparentarlo con el otro hombre, el Licenciado en Geografía -el que gusta basado en sus estudios hacer eje en la geografía económica y en lo industrial-, el funcionario, la persona siempre dispuesta para nuevos desafíos y nuevos emprendimientos.
Del hombre parsimonioso, serio, intelectualmente formado -sumido entre proyectos productivos, y entre números que puedan darle sustento a sus trabajos- al otro que matiza con amigos en reuniones que convocan a un numeroso y variopinto grupo de personajes.

Hombre mesurado.
José Eduardo Sevilla es un hombre que prefiere dejar de lado las estridencias, los gestos grandilocuentes o ampulosos, para dar paso a la mesura, al raciocinio, a la conversación profunda cuando un tema lo amerita.
Tal vez porque conserva la esencia de su Lonquimay de la niñez -aunque circunstancialmente haya nacido en Catriló-, cuando la rigidez de la enseñanza se matizaba con los amigos del picadito de fútbol en la canchita de los italianos, la gomera en el cuello caminando por las siestas en las instalaciones de la feria del pueblo, perdiceando por los campos, o en el club (Lonquimay Club, ese que luce la camiseta de Boca), donde tanto podían hacer básquet, fútbol y pileta, para completar el combo con ajedrez. Y a eso sumarle los sábados con intervenciones en el coro de la iglesia, “coordinados por el gran Amílcar Fiorucci”, como le gusta reconocer al “Negro” Sevilla.

Los padres.
Su papá se llamaba igual que él, José Eduardo, y llegó desde Pehuajó a Lonquimay por el año 1946, a trabajar en la administración de la fábrica de jabón “Hijos de Vicente Montero”. Y cuenta José hijo: “Fueron 45 años, hasta su jubilación. Papá fue secretario municipal en la época de recuperación de la democracia, y siempre cultivó un gran amor por el Lonquimay Club, hoy una institución ejemplo en La Pampa. En Pehuajó fue co-fundador del Club Defensores del Este el 11 de enero de 1943, que cuando cumplió 50 años, en 1993, lo invitaron… tuve la oportunidad de acompañarlo, y esa noche el viejo recibió un gran homenaje que llevo en mi corazón por siempre”, rememora.
Su mamá, Raimunda Duro, procedente de Quemú Quemú, se radicó con su numerosa familia en Lonquimay desde muy joven. Tuvieron un pequeño hotel familiar en el pueblo, pero su ocupación más importante, además de las tareas del hogar, fue su inseparable actividad de tendera, ‘Tienda Pochita’, que la acompañaría hasta sus últimos días, incluso aquí en Santa Rosa, cuando se mudó en 1991″, evoca a su madre.

El “Negro” Sevilla.
José tiene una hermana, Adriana que le ha dado “nueve hermoso sobrinos” -lo dice con alegría-; y Carmen (Pocha), fallecida tempranamente en 2002. “Cuando nací un martes 13 de agosto de 1963, pesaba 5,400 kg., inusual para la época. Dicen que mi abuela al verme se asustó y dijo ‘pero qué nene tan negro’, y el apodo me acompaña hasta hoy”.
Hizo la primaria en la Escuela 35 de Lonquimay, y para el secundario junto a un grupo viajaba a Catriló: “Allí hicimos también muchos amigos y guardo del Instituto emotivas vivencias”. Y sigue contando: “En lo laboral, y antes de iniciar la Universidad, primero estuve en la fábrica donde se desempeñaba mi padre, cuando el verano se alternaba con el esparcimiento: alimentaba las graseras para producir jabón, lavaba botellas o cargaba camiones. Aunque el primer trabajo formal llegó a los 18 en Semillera Lonquimay, una empresa de servicios agropecuarios del pueblo, que aún hoy florece”.

José, el guitarrero.
Cualquier noche, en cualquier asado, se podrá ver al Negro punteando su guitarra. “Aprendí de grande, porque había sido siempre mi sueño, me gusta cantar, es una pasión, ¡como la montaña! Mi primer maestro fue Darío Ádema, también mi peluquero y amigo de la infancia, luego Carlitos Urquiza me enseñó algunas cosas y pude refinar con Hugo Cuello. Lo poco que sé de canto y entonación se lo debo a Gladys Martino, con quien tomé algunas clases”, dice cuando se le pregunta.

Los estudios universitarios.
Fue en 1982 que comenzó la carrera de Geografía (UNLPam). “Mis mejores recuerdos hacia grandes profesores como Fernando Aráoz, Julio Colombato, Jorge Tullio, Norma Medus, Mabel Tourn, Quina Covas Elpidio Pérez, Miguel Solé, Wálter Cazenave, Santiago Giai y tantos otros”, se ocupa en mencionar.
Agrega que todos sus compañeros de promoción “siguieron las especialidades de la amplia ciencia que es la Geografía y hoy tienen lugares de reconocimiento en el medio, y eso me hace muy feliz”.

En el Archivo Histórico.
En 1988 ingresó en la función pública, en el Archivo Histórico Provincial. “Con el correr de los años, y bajo el Programa de Relevamiento de Sitios y Lugares Históricos realizamos un trabajo de recuperación del Patrimonio Cultural con personas de gran compromiso, con un equipo en el que estaban Norma Durango, Silvia Crocetti, Miguel García, José Depetris y el inseparable amigo Oscar Folmer. Se relevaron lugares que hoy quedan como testimonios vivientes: la pulpería de Chacharramendi (familia Feito), el atelier de Ortiz Echagüe (Estancia La Holanda de Carro Quemado), la casa del fundador de Intendente Alvear, Robustiano Rodríguez, numerosos edificios en la ciudad de Santa Rosa junto al área de Planeamiento Urbano Municipal, dejando un trabajo sistematizado”, puntualiza.

La Geografía Económica.
En 1991 ya estaba recibido en su carrera universitaria, y fue su obsesión “siempre la geografía económica, con eje en lo industrial. Por eso pedí el traslado y pasé al equipo de trabajo de la entonces Subsecretaría de Planeamiento con Graciela Follonier y la Subsecretaría de Industria con Santiago ‘Cholo’ Covella. Fueron años hermosos, de mucho trabajo, logramos traer a La Pampa la Fundación Exportar, crear una Unidad de Crédito y Apoyo a las Pymes (U.O.P.). Y coronamos el trabajo con un viaje a una importante feria a Johannesburgo Sudáfrica en 1994 con varios empresarios pampeanos. Por aquellos años, algunas publicaciones o trabajos inéditos pretendieron arrojar un poco de luz a la problemática industrial pampeana”, cuenta.

La familia.
Revela que desde lo personal y familiar, lo más importante fueron su unión con Claudia, el nacimiento de Federico (1991) y María Belén (1993). “Por suerte hoy ambos viven en Buenos Aires, siendo felices con lo que hacen”. Su esposa trabaja en el Superior Tribunal de Justicia, y hace pocos días recibió una medalla por sus 35 años de labor. “Mi hija María Belén se recibió este año de diseñadora de imagen y sonido (cine) en la UBA, y ahora se está recibiendo de Astróloga, su segunda pasión. Es muy lectora y muy buena guionista”, comenta sobre la joven que hace poco fue coautora del filme “Ama y haz lo que quieras”, que nació como un corto y terminó siendo un largometraje que se estrenó en el Bafici, en el marco del “Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente”, el más importante que se realiza en América Latina.
“Mi hijo Federico estudió Administración de Empresas en UADE, ahora está estudiando Marketing y trabaja en Coca Cola. Junto con un amigo crearon una empresa de venta de ropa masculina informal”, dice José orgulloso con el joven que es permanente compañero en esas aventuras que lo llevan a distintas montañas del mundo.

El trabajo, el funcionario.
Desde lo laboral resultó muy importante para José “aquel viaje a Sudáfrica que me permitió hacer nuevos vínculos, y por la relación que nació con los propietarios de Gente de La Pampa, mi vida profesional se abocó full time a esta experiencia, donde aprendí mucho y tengo muy gratos recuerdos”, confiesa ahora.
Fue en 2002 -luego del colapso de la economía el año anterior- que fue convocado para administrar el Fideicomiso de Administración de Cartera, una figura legal que permitió mejorar la posición del Banco de La Pampa y recuperar la inversión que Provincia había realizado. “Por suerte al final fue un éxito en todo sentido. Fundado en la visión de quienes lo diagramaron y decidieron; y en lo personal puedo destacar la solidez profesional de un gran equipo de trabajo”.
Pero no se iba a quedar quieto, porque luego hizo una especialización en administración. “Fueron dos años de la Maestría en Gestión de Empresas en nuestra Universidad; y aquí con un gran amigo diagramamos un Plan de Negocios que desembocó en un proyecto exportador de carnes”, precisa.

Frigorífico Pampa Natural.
Para José hay un hito en su vida laboral, algo que lo llena de orgullo, y tiene que ver con el Frigorífico Pampa Natural, en Speluzzi. “Se pudo llevar adelante por la voluntad de un grupo de socios y la visión de un gobierno que acompañó, y fue la semilla que dio vida a uno de los proyectos más ambiciosos de la provincia”.
José explica que “las desventuras propias de los tiempos, hicieron que la sociedad original debiera cerrar sus puertas en 2010, pero en 2013 se reactivó y fue adquirido por una nueva sociedad que al día de hoy ha realizado importantes inversiones, y va por más”.

Más de 500 puestos de trabajo.
Hoy Pampa Natural genera más de 500 puestos de trabajo en forma directa, y llega al millar de personas con las que se vinculan indirectamente. Una empresa que ayudó a construir desde el principio, y constituye para Sevilla un motivo de enorme satisfacción. Al punto que quiere dejarlo expresamente reflejado en lo que viene escribiendo desde hace un tiempo, y que en algún momento se transformará en un libro. Una buena idea para testimoniar lo que un proyecto urdido con inteligencia, y también bien acompañado desde las esferas oficiales, puede generar.

La experiencia en el municipio.
José Sevilla fue convocado en 2011 por Luis Larrañaga para acompañarlo en su gestión en la municipalidad de Santa Rosa como Secretario de Gobierno. Más allá que cabe decir que al intendente no le fueron bien las cosas, José rescata que “fue una experiencia absorbente y desafiante, pero con grandes amigos”.
Alejado de la función prefiere quedarse con los buenos recuerdos: “Hice muchos amigos, sobre todo con el área de deportes y con las comisiones vecinales, con las que tuvimos reuniones, limpiando espacios comunitarios, haciendo espectáculos musicales, fiestas del día del niño, murgas, colaborando para tratar de mejorar la vida comunitaria. Hicimos mucho también en el área de género y teníamos un hermoso equipo de trabajo”.
Y resume: “En la Secretaría de Gobierno teníamos un gran recurso humano, con mucha gente que continúa hoy. Entiendo que se pueden hacer cosas aunque no existan recursos económicos, y creo en la motivación de la gente y en la construcción de equipos con objetivos claros”.

Una vida plena.
En el final de la charla cuenta que hoy su trabajo profesional lo encuentra vinculado “al gran proyecto Pampa Natural. En mis ratos libres me dedico a la lectura, y también estoy abocado a escribir, registrando hechos y actores de lo que se hizo con el Frigorífico, trato de contribuir a que se conozca algo más de nuestra rica historia productiva”.
Por otra parte con amigos realiza viajes regionales recogiendo testimonios de la riqueza cultural de nuestro territorio, experiencia que ya lleva más de 15 años y que se comenzó a registrar y a sistematizarse para futuras consultas de almas curiosas”, explica José.
Inquieto, lejos de esa apariencia de hombre parsimonioso, pausado y sereno, José -intelectualmente formado-, puede tener la fortuna de decir que “los afectos de los seres queridos y el amor por lo que se hace fueron motores que hoy me permiten disfrutar de una vida plena”.

Nuevos desafíos.
Pero no se queda con lo que pudo haber vivido, o realizado. Es joven todavía, y tiene ganas de seguir aportando: “Por supuesto tengo sueños o planes futuros, y en lo profesional la idea es seguir formándome en lo que me gusta y poder vivir de lo que hago. Ojalá pueda publicar este trabajo sobre Pampa Natural”, insiste.
José no es hombre de quedarse quieto, y más allá del aspecto profesional -como quedó dicho- pervive en su ser el aventurero: “Y sí, claro que sí. En España tengo amigos que me invitaron a subir algún pico de 8.000 metros”. Hay que decir que sólo hay 14 montañas en el mundo por encima de esta altura, casi todas en el Himalaya… Ese objetivo -el primero que aparece en lo deportivo-recreativo- está a la vista. Y allí irán, en cualquier momento, con Federico, para seguir subiendo. Siempre buscando una cima más alta… y más alta, y más… Que esa es la vida, al cabo…

Un culto a la amistad.
El montañismo es una de sus grandes pasiones. Cuenta José Sevilla que a través de la cátedra Regional Argentina o como mochilero en vacaciones -estuvieron en Chile, Bolivia y Perú (Machu Picchu)-, “la pasión por la Geografía nos movilizaba permanentemente y en 1993 con un grupo de amigos visitamos por primera vez el Parque Aconcagua”.
“El amor por la montaña nació en mí como algo que no me abandonaría nunca más. En innumerables viajes por los Andes y otros lugares pudimos caminar haciendo amigos, aprendiendo de la naturaleza todo lo que ella nos brinda”, cuenta con entusiasmo: hubo visitas al Volcán Lanín, Volcán Maipo, Cerro Vallecitos, Cerro Rincón, Santa Elena, Bonete, Aconcagua, Mont Blanc (Francia), Nevado en la Payunia, que fueron “algunas de las experiencias que nos permiten siempre tutearnos con la adrenalina que nos permite vivir. En las últimas experiencias me acompaña mi hijo Federico, así que todo resulta maravilloso”, señala.

En el techo de América.
Agrega que “el Cerro Aconcagua siempre fue un sueño. Para poder hacer cumbre intentamos durante cuatro oportunidades, y en una de ellas, a 5.600 metros de altura en el Refugio Berlín (un descanso en la montaña) nos sorprendió una tormenta de nieve y viento. Fue el 8 de enero de 1995 y hubo que evacuar el cerro”.
El guía Gonzalo Ruiz fue prácticamente un héroe “porque se puso todo el grupo al hombro. Nosotros éramos cuatro, pero en Berlín había al menos unas 15 personas, todos jóvenes sin experiencia. Uno de ellos se quedó ciego, producto del viento y la deshidratación y se lo bajó en una camilla improvisada. Sí, Gonzalo nos salvó la vida… en lo personal recuerdo haberme caído durante la tormenta unas 10 veces, pero me levantaba y seguía, siempre detrás de Gonzalo hasta llegar a Plaza de Mulas”.
Precisa que la fecha le quedó grabada porque cuando llegaron a la base les dijeron que había muerto en un accidente Carlos Monzón.

En honor a dos amigos.
José dice que la segunda vez que hicieron cumbre “fue un culto a la amistad, porque con Miguel Suárez, mi compañero de montaña estábamos entrenando y teníamos reuniones con un grupo de amigos en General Pico. Entre otro geógrafo, Roberto Petit, quien había subido el Pissis, casi tan alto como el Aconcagua, en los Andes catamarqueños, y había fallecido hacía poco en un accidente de tránsito; y además en octubre habíamos perdido a otro amigo, Daniel ‘Patón’ Montero, de Lonquimay. Nos propusimos hacer cumbre por ellos, y creo eso nos impulsó a llegar aquella fría tarde de enero de 2005. Fue un sacrificio extremo, pero una gran fuerza interior nos impulsó a llegar. Fue la mejor manera de recordar a dos grandes amigos”, concluye.

Goleador y premio.
El “Negro” Sevilla le hizo a varios deportes, y aunque la montaña lo tiene subyugado, obviamente entre sus gustos no estuvo ajeno el fútbol. “En Lonquimay teníamos un grupo de amigos y un equipo: era ‘Semillera Lonquimay’ de Osvaldo Díaz, quien para nosotros era como el Berlusconi del Milan”, se ríe.
Osvaldo además del técnico del equipo -y también “el dueño”- era también el patrón de José. “Una noche previa a una final me dice: ‘Negrito’, si hacés un buen partido, te doy unos días de vacaciones’. Él sabía que yo era bastante malo, pero esa noche Dios me iluminó… nunca había jugado tan bien, y es más creo que fue la única vez que jugué bien: ganamos e hice 4 goles. ¡Y me tomé un mes de vacaciones… qué tal!”.