Jóvenes venezolanos llevan dos años y medio de viaje

"EL ARGENTINO ES MUY HOSPITALARIO"

Destacan la solidaridad de las personas. Partieron de Caracas, llegaron a Ushuaia y están en Santa Rosa. Quieren viajar a Europa, y sueñan con instalar una fundación “cultural”.
No hay con qué darle, los vecinos de cada geografía sacan a relucir toda su bondad cuando detectan que uno o más individuos están realizando la proeza de viajar. El transporte puede ser uno mismo, con sus dos piernas, o bien un vehículo de dos ruedas, preferentemente que no contamine: por ejemplo una bicicleta en todas sus variables.
A las pruebas uno se remite: sucede actualmente con el caminante “Kuky”, donde se lo puede ver disfrutando de imponentes asados y banquetes con las personas de cada lugar, gente que le ofrece la casa desinteresadamente para que el hombre se bañe, descanse o mantenga intacto su bigote mostacho.
Y sucede también con un par de venezolanos, una parejita de novios, Marco Antonio Días, de 30 años, y Getzemaní Peinado, de 26, que ahora están en Santa Rosa, y llevan pedaleando 929 días en una bicicleta tándem con 24 cambios, de dos puestos, donde el hombre va adelante y la mujer atrás.
“La gente nos ve y nos secuestran”, comentan satisfechos los dos, entre risas. “Nos ven y nos invitan a sus casas”, aclaran los jóvenes que partieron de su lugar natal el 7 de noviembre del 2015. Y uno se pregunta ¿por qué será que la solidaridad aparece, de pronto, como si fuera moneda corriente?, ¿será que se refleja a través de estos jóvenes los sueños frustrados que cada uno tiene de viajar, la voluntad de poder conocer el mundo?

“El argentino es muy hospitalario”.
Ellos tienen carpa, pero muy pocas veces la han usado. “El argentino es muy hospitalario”, subrayaron los muchachos en Radio Noticias durante la mañana de ayer. Un día, por ejemplo, una familia les dio la llave de su departamento y se fueron a cenar. Pero otro día, ocurrió lo insólito: una mujer se fue no uno, dos o tres días, sino una semana de viaje y les dio la llave de su departamento equipado a la pareja que acababa de conocer.
Con respecto a todas las puertas que les abren, Getzemaní cuenta que la gente los ve como una pareja y les dicen “viva el amor”; pero luego reflexiona y asegura que no son los vecinos, sino quien les abre las puertas es el mismísimo”Dios, porque a Dios lo ven delante, y no creo que sea por nuestra cara, o por lo que nosotros generamos. Él nos ha abierto las puertas en el camino”.

Particularidades del viaje.
Los objetivos del viaje son “varios”. “Cuando salimos de Caracas era promover la bici como medio de trasporte, también estamos escribiendo libro de poesías de viaje. Hemos hecho títeres para niños con discapacidades. Para nosotros no es una competencia ni un viaje turístico, evitamos las zonas turísticas, vamos por las zonas donde los ciclistas no se meterían”, cuenta Marco Antonio, quien se autodefine como “cicloexpedicionista”.
La máxima cantidad de kilómetros que han hecho por día ha sido 150. Cruzaron Venezuela, Ecuador, Colombia, Perú, Bolivia, Argentina, han llegado a Ushuaia, subieron para Buenos Aires donde tramitaron el DNI para estar más tiempo, pasaron por La Gloria y el viernes llegaron a Santa Rosa.
Se quejan de que hay pocas banquinas. “Acá es todo pasto, pasto y barro”. Y de que han pinchado muchas cubiertas, “por esta cosa que tienen ustedes, rosetas”. En total pincharon 15 en más de 25 mil kilómetros realizados.
Han subido montañas y volcanes por ejemplo en Ecuador y Perú. También han llega a descender por una bajada a 70 kilómetros por hora, donde ella aprovecha para dormir: “El viento me hace dormir, y como no tengo que pedalear…”, cuenta la venezolana.
La pareja de cuatro años y siete meses piensa salir de Santa Rosa mañana, llegar a Bariloche y quedarse un tiempo hasta conseguir financiamiento para viajar a Europa.
Tienen el sueño de instalar una fundación con todas las actividades, “una especie de centro cultural”, mientras tanto “vamos promoviendo vehículos limpios”.
Para finalizar, el joven venezolano asegura: “En un viaje de estos tu mente se abre y dejas de pensar que tu hogar está atrás, y ves a tu hogar adelante. Llegás a tu país después de esto y sos un extranjero más.