Inicio La Pampa Los pampeanos que unieron la cordillera y el mar

Los pampeanos que unieron la cordillera y el mar

El guía pampeano Juan Pablo Pollak y su hijo Joaquín hicieron una nueva y exigente travesía por ríos y lago patagónicos, ahora en la Patagonia profunda: durante nueve días recorrieron unos 560 kilómetros desde la localidad de El Chaltén, al pie de la cordillera de Los Andes, hasta la desembocadura del río Santa Cruz en el océano Atlántico. El recorrido coincidió en gran parte con el que hizo el perito argentino Francisco Moreno hace 140 años.
Posiblemente Pollak y su hijo hayan sido los últimos en recorrer el río Santa Cruz en su estado natural, sin las dos represas que en breve modificarán su escurrimiento: Cóndor Cliff y La Barrancosa -anteriormente llamadas Jorge Cépernic y Néstor Kirchner-. «Las obras están muy avanzadas y se trabaja las 24 horas, así que yo calculo que en poco tiempo ya no se va a poder cruzar como lo hicimos nosotros», contó «Pollo» Pollak, como se lo conoce amicalmente, en una conversación telefónica con LA ARENA desde la ciudad de El Calafate, donde regresaron para pasar unos días más.
Juan Pablo y su hijo Joaquín no estuvieron solos en esta aventura sino que al igual que en la travesía por el río Colorado, tuvieron un apoyo logístico de tierra, en este caso a cargo de Alejandro Gambulli.
«Vuelvo lleno de imágenes y con la cabeza a full. Fue increíble», contó el explorador en esa conversación. «Me siento bendecido de poder haber concretado esta aventura ahora, teniendo en cuenta que quizás seamos los últimos que recorrieron el río Santa Cruz ahora que sus aguas todavía fluyen libres», acotó, remitiendo a que en poco tiempo las dos represas que se están levantando sobre el río, cortarán el escurrimiento natural de las aguas.
A ese hecho se suma el dato de que el recorrido coincidió en gran parte con el histórico viaje que hace 140 años realizó el perito argentino en límites, Francisco Pascasio Moreno, una circunstancia que le da un valor agregado a la aventura.

Muchos rápidos.
«Esta expedición hacía tiempo que la tenía en la cabeza», contó Pollak, señalando que la extensa remada por el río Colorado realizada a principios de este año, fue una suerte de previa de este viaje. «Hablé con Manuel, un guía amigo que vive en El Chaltén, y con mi hijo Joaquín, que dejó sus estudios por 20 días, y nos vinimos». A ellos se sumó Alejandro Gambulli, que hizo de apoyo en tierra con una camioneta que los siguió durante los nueve días.
Desde la bella localidad de El Chaltén, los tres remeros navegaron por el lago Viedma hasta el punto donde nace el río La Leona, que conecta ese lago con el lago Argentino, más al sur. El río La Leona se extiende a lo largo de 70 kilómetros con muchos rápidos, al punto que el kayak de «Pollo» se dio vuelta dos veces pero pudo salir sin problemas.
Tras alcanzar el lago Argentino, el guía regresó a El Chaltén y Juan Pablo y Joaquín siguieron solos. En el lago Argentino desemboca el río La Leona y a unos 12 kilómetros hacia el sur de esa desembocadura, nace el río Santa Cruz. «El Santa Cruz es un río que tiene muchísimos rápidos porque todavía no empezó el deshielo», comentó Pollak. «A partir de ahí remábamos casi 100 kilómetros por día, acampando al costado».
Tras varios días de remar 11 horas por día, los expedicionarios llegaron a la isla Pavón, en la desembocadura del río, lugar donde residía el comandante Luis Piedrabuena. Allí cerca se encuentra la localidad de Piedrabuena, donde debieron esperar dos días en razón de los fuertes vientos que se levantaron.
El lunes, los dos remeros pudieron hacerse al agua nuevamente a las 7.30 y tras un rato de viaje llegaron a Punta Quilla, el lugar que está considerado la desembocadura del río Santa Cruz en el océano. «Cuando probamos el agua, notamos que era salada e incluso vimos toninas, así que ahí nos dimos cuenta que ya habíamos llegado al mar», relató el aventurero. Un abrazo de padre e hijo, filmado por Gambuli, reflejó el fin de la expedición.
«Empezamos remando con guanacos y ñandúes, y terminamos remando con toninas», contrastó Pollak para dar cuenta de la diversidad de regiones que recorrieron en esos 560 kilómetros. «Fue una experiencia increíble y por suerte siempre vez cosas más lindas, y distintas. Remar con el Fitz Roy detrás, por ejemplo», recordó con entusiasmo.