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Jugó, hizo un gol y en el entretiempo se fue a trabajar

HISTORIAS DEL FUTBOL NUESTRO: MARTIN LARREA, A DOS PUNTAS

La sorpresa fue general cuando General Belgrano salió a jugar el segundo tiempo del partido ante Atlético Macachín. Los simpatizantes buscaban al «6», que se había destacado en una primera parte pareja, incluso haciéndose cargo de un penal clave para encaminar lo que finalmente sería un triunfo.
Franco González se paró al lado de la línea de cal, el asistente anunció el cambio y quedó flotando la sensación de una lesión del defensor que se había quedado en los vestuarios. Pero pasaron los primeros minutos del complemento y tampoco apareció en la platea ni salió a acompañar a sus compañeros en el banco de suplentes.
Como la Cenicienta a las 12 de la noche, Martín Larrea había desaparecido. Y a diferencia de la joven del cuento infantil no dejó ni un zapato olvidado en Villa Alonso. Nadie tuvo noticias de él hasta luego del encuentro, excepto sus compañeros y el cuerpo técnico, quienes sabían que el «hechizo» se terminaba a las 16.
El marcador, uno de los más experimentados de un plantel joven y que con mucho esfuerzo se metió en la pelea por los primeros lugares de la Liga Cultural de fútbol, no podía faltar a su trabajo diario (en una casa de indumentaria deportiva) y, como fue imposible adelantar el horario del partido, se comprometió a acompañar a los suyos al menos en el primer tiempo.

Toco y me voy.
El partido, que enfrentó a General Belgrano y Atlético Macachín por la duodécima fecha de la Zona Norte en el Torneo Oficial de la Liga Cultural de fútbol, debió jugarse el sábado -como el resto de la fecha- porque el domingo hubo elecciones en toda la provincia.
Para no perder fechas y evitar un «estrangulamiento» del calendario, la Mesa Directiva liguista -con la correspondiente anuencia de los clubes-, ya había decidido de antemano -antes de iniciarse el torneo- que esta jornada no se iba a posponer. Aunque la programación para un sábado atentara contra muchos de los jugadores que tienen compromisos laborales.
El caso de Martín Larrea, como el de tantos otros a los que les es imposible estar cuando no se juega un domingo, es una muestra del amateurismo del fútbol culturalista y del esfuerzo que hacen muchos jugadores, dirigentes o entrenadores por cumplir cada fin de semana con sus equipos.
«Una pequeña historia que merece ser contada», publicó ayer el Club General Belgrano en su cuenta de Facebook, destacando el gesto y el sentido de pertenencia de Larrea, quien se vio obligado a dejar a los conducidos por Dante Jacobi en el entretiempo porque tenía que irse a trabajar.
Igualmente, esos 45 minutos le alcanzaron al defensor para destacarse en el Nuevo Rancho Grande. Luego de que el arquero Emanuel Torales mantuviera la valla local en cero al atajarle un penal a Manuel Adaro, el propio Larrea fue el encargado de abrir el marcador.
Consciente de que quizás no tendría otra chance de aportar cosas para el equipo (sólo le quedaban 15 minutos en cancha), el marcador tomó la pelota con convicción luego de un penal marcado por falta sobre su compañero Gabriel Morales, y con un remate fuerte y a la derecha de Matías Pérez logró el 1-0 a los 32.
Un rato después se fueron a los vestuarios, el goleador se cambió rápido y, con bronca por no poder continuar, partió si dejar rastros a cumplir con sus obligaciones laborales. En la cancha quedaron sus compañeros, quienes -con cambio de esquema mediante por la ausencia del «6»- no solamente lograron mantener el triunfo sino que ampliaron la ventaja por los goles de Raúl Báez y el propio González, que lo había reemplazado.
Cuando Larrea recibió el mensaje que lo informaba del triunfo 3-0 de Belgrano se le iluminó la cara. El esfuerzo, una vez más, había sido recompensado.